• Uno de los partícipes del asalto al capitolio norteamericano va a ir a juicio oral. Se trata de Federico “Freddie” Klein, sobrino de Guillermo Walter Klein, secretario de Programación y Coordinación económica durante la gestión de José Alfredo Martínez de Hoz en la última dictadura militar.

Lu Zeta

El pasado 6 de Enero un grupo ultra reaccionario asaltó el capitolio yanqui conmocionando al mundo entero. No es común ver que un grupo, sea cual sea, entre por la fuerza a un edificio emblemático del sistema republicano estadounidense y poner en jaque sus instituciones, y mucho menos que ese grupo lo haga vestido de búfalos y con la intención de impedir la transición presidencial.

Para recapitular brevemente, un grupo de seguidores de Trump, desconociendo los resultados electorales, ingresó al Capitolio para impedir la sesión del Senado que ratificaba la victoria electoral del candidato demócrata Joe Biden.

El hecho finalmente no pasó a mayores y en el mismo día las fuerzas represivas yanquis junto a todas sus agencias de espionaje e investigación tenían la situación controlada. Fue, sin embargo, un síntoma claro de la profunda crisis del imperialismo estadounidense y su hegemonía. Rápidamente el FBI comenzó a buscar y encarcelar a los protagonistas de la irrupción y durante el mes de Abril comenzó la audiencia de uno de los principales responsables del asalto. Se trata de Federico, “Freddie” como se lo conoce, Klein; el primero que va a atravesar un juicio oral por lo sucedido el pasado 6 de Enero.

Federico Klein tiene 42 años y reside en el Estado de Virginia, sirvió en los Marines y estuvo en Irak. Llegó al Departamento de Estado con Trump y trabajó en la Oficina de Asuntos Brasileños y del Cono Sur y más tarde fue asistente en la oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental (Argentina se encuentra dentro de esta área).

Resulta que “Freddie” es nada menos que el sobrino de Guillermo Walter Klein, uno de los más cercanos secretarios de Martínez de Hoz, ministro de economía durante la última dictadura militar en nuestro país. Es decir, una de las personas encargadas de las políticas yanquis para América latina, dentro de un organismo que históricamente ha organizado –y lo sigue haciendo- golpes de Estado, proviene de una familia fuertemente emparentada con la última dictadura militar argentina.

Klein en la toma del Capitolio el pasado 6 de enero.

La continuidad dentro de la misma familia de ideas golpistas y dictatoriales son el reflejo de las políticas imperialistas para con el tercer mundo que han llevado a cabo a lo largo de sus vidas (tanto tío como sobrino). Son varios los testimonios de compañeros y allegados a Klein quienes afirman que él mismo ha hecho diversos comentarios para nada pudorosos celebrando la dictadura militar. Incluso ha llegado a afirmar que, si se pueden usar las armas, hay que usarlas para defender el orden capitalista.

En el mismo sentido, tanto su tío como su padre esbozaron comentarios horrorosos acerca de los detenidos desaparecidos de la última dictadura, llegando a igualarlos a piedras que hay que tirar al rio.

La gestión de Guillermo Walter Klein se caracterizó por una gestión casi tecnocrática de las cuestiones económicas y de administración pública, sin reparar nunca en las violaciones a los DD.HH. que eran el complemento necesario de ellas.

No es casualidad que sean justamente estas personas sean parte de las oficinas destinadas a América Latina, y menos bajo la administración Trump. En su exilio con la derrota de los militares, fueron recompensados con puestos menores de responsabilidad en la política imperialista.

Pero si tenemos en cuenta que “Freddie” estuvo involucrado en el asalto al Capitolio, la línea de continuidad familiar muestra otra forma. Para estos sectores la democracia es contraria a sus planes ultra liberales y reaccionarios, y hay que eliminarla si permite que se expresen sectores populares oprimidos y marginados. Si para la burguesía la explotación capitalista no tiene fronteras, estos sectores violentamente antidemocráticos no tienen ningún tipo de reparo en llevarse puestas las instituciones que sea con tal de imponer sus ideas supremacistas y reaccionarias, y de aplastar a la clase obrera y todo sector popular que salga a movilizarse en pos de sus derechos.

Resulta evidente, entonces, que para estos grupos, así como para los militares argentinos de hace 40 años, la democracia es un obstáculo. Klein es un buen ejemplo del promedio humano de la base social trumpista y su linaje es una línea de continuidad entre el golpismo del siglo pasado y el actual.

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre