• El mundo del fútbol se revolucionó la semana pasada cuando 12 de los equipos más ricos de Europa anunciaron la creación de la Superliga Europea, lo que conmocionó a hinchas, equipos, jugadores, entrenadores y federaciones futbolísticas. Pero el repudio popular de hinchas y jugadores le torcieron el brazo a las grandes empresas.

Lu Zeta

El pasado domingo 18 de abril se anunció la creación de la Superliga europea de fútbol a través de las cuentas oficiales de los equipos fundadores. Se trataba de los 12 equipos más ricos de Europa que se unieron para darle comienzo a una nueva competición futbolística, con la excusa de fortalecer el juego y ayudar económicamente a dichas instituciones luego de los estragos que generó la pandemia del coronavirus.

Los clubes fundadores de la Superliga europea son Manchester United, Arsenal, Chelsea, Tottenham, Manchester City, Liverpool, Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid, Inter de Milan, Milan y Juventus. Es decir, se trata de los clubes más poderosos del mundo económicamente. La cara pública de la iniciativa fue Florentino Pérez, magnate español presidente del Real Madrid.

La competición anunciada consistía en la participación de 20 equipos, los 15 fundadores (aunque nunca se llegó a conocer a todos ellos), y 5 más que se sumarían por su rendimiento en el año anterior. Es decir que la gran mayoría de los participantes del torneo tenían su lugar asegurado no por hacer méritos deportivos sino por el simple hecho de tener una posición dominante frente a los clubes más pequeños.

En realidad, la iniciativa llevaba años pensándose, pero hasta ahora era solo un secreto a voces. Por eso la desconfianza que genera que se anuncie ahora con la excusa de la pandemia. Pero se explica porque, como dice el propio comunicado que subieron a la web, lo central está en los ingresos que generaría dicho torneo entre los mecanismos de solidaridad y los derechos televisivos. Este torneo sería regido por los propios clubes, ninguna federación internacional y/o nacional se quedaría con nada de lo que esta Superliga genere en materia económica.

Sucede que la mayoría de los clubes europeos funcionan como empresas capitalistas, y lo central para una empresa es generar ganancias. Los clubes de fútbol, al igual que el resto del planeta, sufrieron las repercusiones económicas que desató la pandemia del Covid-19. Pero detrás de las repercusiones económicas coyunturales por la pandemia, lo que buscan estos magnates del deporte es maximizar sus ganancias dando un salto en calidad en su posición dominante en el mundo futbolístico.

De allí la idea de armar un torneo exclusivo para clubes grandes, de modo que la totalidad de los partidos resulten «atractivos» para los espectadores, que recurren mucho más masivamente a mirar un partido donde se enfrenten dos grandes de Europa que cualquier otro. La lógica sería que si se garantizan este tipo de partidos todas las semanas, habrá más espectadores, mayor dinero por derechos de televización, mayor dinero de sponsors, publicidad, etc. En conclusión, significaría aumentar aun más las exorbitantes ganancias de los clubes-empresas más grandes y dificultar todo más para el resto. La mayor mercantilización del deporte va de la mano de profundizar el carácter cada vez más excluyente.

A las pocas horas de emitido el comunicado que daba inicio formal a la Superliga europea, la FIFA y la UEFA pusieron el grito en el cielo. Escudándose en el sentido rechazo que generó la idea de una superliga de ricos entre los hinchas del fútbol mundial, estas dos federaciones se posicionaron como las defensoras del fútbol y del mérito deportivo, desparramando una hipocresía sin precedentes en sus estridentes anuncios de sanciones a los clubes involucrados.

Y es que tanto la UEFA como la FIFA lejos están de representar el espíritu del deporte, a menos que este espíritu este disfrazado de dólares. Son estas mismas federaciones las que cambian partidos, horarios y sedes a conveniencia de la caja registradora.

Sin ir más lejos, la FIFA va a organizar el próximo mundial en Qatar, donde hay reiteradas denuncias por la muerte de obreros de la construcción que fallecieron haciendo los estadios de fútbol por las jornadas inhumanas de trabajo impuestas. En ese país las mujeres no tienen ni derechos civiles. Nada de esto es por el deporte sino por las millonarias ganancias que genera el fútbol moderno.

Pero mientras federaciones y clubes montaban su show, millones de hinchas expresaban su justa indignación e incluso salían a protestar en las calles.

Al otro día de anunciada la Superliga aparecieron carteles en las puertas de todos los clubes involucrados exigiendo que sea cancelada. Eran los fanáticos de todos los clubes, sobre todo ingleses, que salieron a expresar su bronca y rechazo hacía el negocio con el fútbol. Porque, aunque la bronca estalló por este caso particular, hace décadas que los hinchas se vienen quejando del desastre que son las gerencias de los clubes que nunca jamás piensan en ellos.

Con el correr de las horas cada vez más gente se fue juntando en las sedes de los clubes, hasta que se armaron verdaderas concentraciones de hinchas. Sumándose a esto, se expresaba el rechazo por redes. De esta manera, también los propios jugadores y técnicos involucrados tuvieron margen para expresar su rechazo al proyecto. Una de las manifestaciones más significativas fue la del plantel del Liverpool, que de manera colectiva comunicaron su rechazo al nuevo torneo vía redes sociales.

En el marco de todo esto, las federaciones nacionales, principalmente la inglesa, salieron también a expresar su rechazo. Pero sobre todo, a intentar imponerles algún tipo de sanción a los clubes firmantes del proyecto de la Superliga. Y fue justamente en Inglaterra, en donde más hinchas movilizados había, el país en que la federación de futbol amenazó con expulsar a los equipos involucrados en el nuevo torneo europeo. Ante el riesgo que suponía quedar excluidos de todas las competiciones domésticas y el rechazo por parte de sus propios hinchas, los clubes ingleses fueron bajándose uno a uno de la flamante Superliga.

Sin los clubes ingleses, que aportaban la mitad de los participantes, la Superliga sufrió un revés insalvable. Y en tan solo 48hs. se terminaron de bajar todos los clubes, con la excepción del Real Madrid (principal impulsor del torneo) y el Barcelona (a la espera de un referéndum de los socios para ver si le dan el visto bueno al proyecto o no).

El Foot-ball: del ferrocarril a los CEO´s

Para darle contexto a lo sucedido en los últimos días hay que remontarse a los inicios mismos del Foot-ball. Porque la misma razón que explica su surgimiento como empresas privadas también nos sirve para comprender su acogida y furor entre la clase obrera.

A mediados del siglo XIX, en plena segunda revolución industrial inglesa, los dueños de las fabricas británicas empezaron a fundar clubes de foot-ball, un deporte que comenzaba a ser popular entre estudiantes secundarios y universitarios de la pequeña y gran burguesía. Así surgieron la mayoría de los clubes ingleses más importantes de la actualidad.

Para armar los equipos y competir entre ellos, los dueños de las fábricas ponían a sus propios empleados a jugar para sus equipos. Lo que comenzó siendo un abuso más, de tantos, de la burguesía para con la clase obrera, rápidamente se convirtió en la actividad por excelencia del proletariado. De esta manera, los obreros encontraban en el fútbol una actividad recreativa que poco a poco se convirtió en una pasión de masas. Lo que comenzó como un entretenimiento de ricos fue rápidamente absorbido por la clase obrera.

Sin embargo, con el crecimiento de los clubes, se convirtieron en grandes empresas, modelo que subsiste hoy en día en la mayor parte de Europa, sobre todo en Inglaterra. Esta contradicción entre los dueños de los clubes y sus jugadores e hinchas de extracción obrera no ha hecho más que crecer con el paso del tiempo, sobre todo desde la profesionalización absoluta del fútbol. Ante esto, los fanáticos han sabido organizarse en asociaciones de hinchas que intentan defender los intereses del club por sobre los de la ganancia privada (algo así como sindicatos de hinchas).

Fueron estas mismas asociaciones las que se movilizaron inmediatamente en contra de la Superliga europea y se enfrentaron a las multinacionales dueñas de sus clubes.

A estas horas la Superliga parece ser historia, y aunque se la pueda considerar como fracasada, la UEFA ya anunció modificaciones a la Champions League (principal torneo europeo de clubes) en tiempo récord, muchas de las cuales responde a lo exigido por los dueños y dirigentes de los clubes involucrados.

Ahora queda la negociación puertas adentro, en la que cada parte podrá imponer condiciones de acuerdo a la demostración de fuerzas que ha hecho. Una vez más, los hinchas y los futbolistas quedamos a merced de lo que decidan todas estas instituciones, que nada tienen que ver con el espíritu del deporte. En las oficinas de la FIFA y los clubes lo que manda es el dinero.

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