• Los números y estadísticas ponen al descubierto lo que la rebelión antirracista denuncia: la pandemia y la crisis económica y social golpea mucho más fuerte a la población negra.

Renzo Fabrizio

En una sociedad donde la población negra es más pobre, vive en peores condiciones de vivienda y tiene menor acceso a la salud y la educación, la Pandemia ha dejado al desnudo la estructura de opresión racial sobre la que se apoya el capitalismo norteamericano.

La desigualdad racial en Estados Unidos es un elemento histórico y estructural de la sociedad capitalista norteamericana. Desde los esclavos traídos de África por los colonos ingleses, hasta las leyes segregacionistas y la actual brutalidad policial que desató este año una histórica rebelión popular que atravesó el país de este a oeste, la situación de opresión queda aún más en evidencia por la crisis social y económica abierta por la pandemia del Coronavirus.

Es que a pesar de los avances conseguidos por la lucha del movimiento negro, cuyo uno de sus puntos más álgidos fueron la conquista de las leyes de Derechos Civiles en los años ’60 y la radicalización política de parte del movimiento, entrado el siglo XXI la desigualdad es aun abrumadora, cuando no mayor. En ese marco, en el país con mayor cantidad de infectados del mundo, la Pandemia no afecta a todos por igual.

A pesar de que nos venden ser “el país de la libertad” y del “sueño americano”, ni los sueños ni la libertad son accesibles para todos. La desigualdad entre la población blanca y la negra se manifiesta prácticamente en todos los ámbitos de la sociedad, no sólo el estrictamente económico: también el acceso a la educación, a la salud y a la justicia es más restringido para la población negra. Y, además, esta brecha está presente en la vida de las personas desde el nacimiento hasta la muerte.

Y cuando decimos “desde el nacimiento”, esto debe ser tomado al pie de la letra: según Reuters[1], las mujeres negras mueren unas 3 veces más que las blancas por causas relacionadas al embarazo. Asimismo, entre los menores de un año, mueren el doble de bebés negros que blancos. Entre otras razones, uno de los factores es la diferencia en los accesos a seguros médicos, donde los adultos negros sin seguro médico son casi el doble que los blancos. Además, esto aplica incluso a los que tienen un empleo. El Instituto de Política Económica encontró que los trabajadores negros tienen un 60% más de probabilidades de no tener seguro que los trabajadores blancos. Junto con la falta de cobertura, los estadounidenses negros tienen tasas más altas de enfermedades crónicas como diabetes, presión arterial alta y obesidad, factores que son considerados de riesgo en caso de contraer COVID-19.

Frente a este panorama, la Pandemia no podía sino afectar mayormente a la población negra, y aquí la diferencia es aún mayor. Es sabido que el COVID-19 es especialmente letal en personas de edad avanzada. En ese sentido, uno de los últimos datos provistos por el instituto Brookings[2] muestra que, a pesar de que hay muchas más personas blancas mayores a 75 años que negras (la expectativa de vida de los negros en EE.UU. sigue siendo 4 años menor que la de los blancos), aun así la población negra registra mucha más muertes por COVID-19 en esa franja etaria, casi el cuádruple. En promedio, a pesar de que la población negra (y latina) es mucho más joven que la blanca, el ratio de muertes por la Pandemia ajustado por la edad en el caso de los negros triplica al de los blancos. En los Estados con gran porcentaje de población afroamericana, las diferencias son terribles: en Michigan, por ejemplo, han muerto ocho veces más personas negras que blancas por COVID-19.[3]

Pero esta brutal desigualdad donde los negros son proporcionalmente los peores afectados por la pandemia en términos de muertes, no se debe sólo a peores condiciones de acceso a la salud. Sin ir más lejos, la tasa de pobreza de la población negra más que duplica a la de la población blanca no hispana.[4] Una de las principales razones se debe, por ejemplo, a que la mayoría de los negros tienen peores salarios (se estima un 40% de brecha salarial promedio entre trabajadores negros y blancos, brecha que ha crecido significativamente desde el año 2000) y también un mayor porcentaje de ellos trabajan en empleos considerados “esenciales”, y por lo tanto no pueden estar en aislamiento: trabajadores de reparto, supermercados, transporte público o atención médica, etc.

En este punto, las diferencias económicas son altísimas. Según la Reserva Federal, el Patrimonio Neto Promedio de una familia blanca asciende a 171 mil dólares, mientras que el de una familia negra es sólo de 18 mil, es decir, casi diez veces menor. Esta diferencia es aún mayor que a principios de siglo. Uno de los factores decisivos que constituyen esta brecha es, por ejemplo, el acceso a una casa propia. Según datos de este mismo año, la población negra que posee casa propia es proporcionalmente 30% menor que la blanca, y esa brecha ha aumentado después de la crisis de 2008. En relación al problema de la vivienda, en la medida en que más negros viven en viviendas precarias o en barrios con alta densidad poblacional, las posibilidades de mantener el distanciamiento social y los cuidados sanitarios se reducen considerablemente para ellos.

Hemos dicho que las desigualdades sociales atraviesan toda la vida de las personas negras, y así es incluso hasta su vejez. En los hogares con personas en edad de jubilarse, los ahorros para su retiro son sustancialmente diferentes según consideremos familias blancas o negras. En la medida en que los trabajadores negros cobraron salarios más bajos durante toda su vida, sus fondos de pensión son significativamente menores que los de los trabajadores blancos a punto de jubilarse: mientras que en los hogares blancos los ahorros para retiro promedian los 120 mil dólares, en las familias negras este número alcanza sólo la cifra de 30 mil, es decir, una  brecha promedio de 90 mil dólares en ahorros para jubilación, una diferencia abismal.

Estos datos explican en parte por qué la pandemia ha sido desproporcionadamente más dura para la población negra, esto sumado a la política cuasi genocida de Donald Trump de oponerse a cualquier medida real para minimizar los contagios, con el objetivo de priorizar las ganancias capitalistas, lo que está produciendo que Estados Unidos sea el país más afectado por la pandemia. Aunque, como vemos, ésta no afecta a todos por igual, más bien al contrario: deja al desnudo la profunda estructura de opresión racial sobre la que se apoya el capitalismo estadounidense.


[1] https://graphics.reuters.com/GLOBAL-RACE/USA/nmopajawjva/index.html#0

[2] https://www.brookings.edu/blog/up-front/2020/06/16/race-gaps-in-covid-19-deaths-are-even-bigger-than-they-appear/

[3] https://www.europapress.es/internacional/noticia-pandemia-pone-manifiesto-desigualdad-racial-estados-unidos-20200412183513.html

[4] https://cnnespanol.cnn.com/2020/06/03/desigualdad-entre-blancos-negros-en-estados-unidos-en-seis-graficos-contundentes/

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