• Inmensas movilizaciones en las principales ciudades del país exigen que se cuenten todos los votos. Trump intenta ganar la elección paralizando la contabilización de votos que, mientras avanza, lo aleja más y más de la reelección.

Redacción 

Trump intenta detener la contabilización de votos en estados clave que pueden llevarlo a la derrota definitiva: Nevada y Filadelfia especialmente. En Michigan, donde perdió por estrecho margen, exige que se vuelva a hacer el recuento. En Arizona, sus representantes exigen lo contrario, que se terminen de contar los votos (que podrían darle el triunfo allí). En todos los casos, los republicanos quieren impugnar millones de votos por correo por ser éstos mayoritariamente demócratas: entre los votantes de Biden casi no hay negacionistas de la pandemia, entre los simpatizantes de Trump son millones.

En las principales ciudades del país, que estuvieron cruzadas semanas y meses por la rebelión antirracista, las movilizaciones exigen que se cuente cada voto. El fuego de la erupción de movilización popular que conmocionó al mundo no se había apagado. Hoy buscan que el derecho democrático básico de votar simplemente cuente, mientras Trump intenta imponerse en la presidencia en base a trampas institucionales desde arriba.

Como ya hemos dicho desde esta página, las grandes ciudades -más jóvenes, diversas, cosmopolitas, latinas, negras- dieron un inmenso golpe electoral a Trump, promediando en ellas una diferencia entre él y Biden de 40 puntos o más. Hubo casos extremos como los de Washington DC y San Francisco, en los que el candidato demócrata se impuso con el 93 y 86% respectivamente. En casi nadie Biden despierta esperanzas ni entusiasmos (como si hizo Obama), pero fue lo que el millones de personas tuvieron a mano para rechazar electoralmente a Trump.

Hoy, las movilizaciones democráticas están protagonizadas en enorme medida por los mismos que llenaron las calles luego del asesinato de George Floyd, más miles más que simplemente rechazan las maniobras antidemocráticas de Donald Trump. Jóvenes, negros, trabajadores precarizados, personas que promedian altos estudios pero nulas oportunidades en el capitalismo norteamericano cada vez más en decadencia: esos son los protagonistas de las marchas que hoy cruzan las calles de la primera potencia mundial.

Las principales protestas se registraron en los epicentros de la rebelión contra el racismo: Nueva York, Minneapolis, Filadelfia, Pittsburgh, Washington DC, Portland, Los Angeles…

En Washington DC hubo enfrentamientos con un pequeño grupo provocador de extrema derecha conocido como «Proud Boys». Siendo su principal centro de actividad la costa oeste, se han hecho conocidos nacionalmente por sus acciones violentas contra manifestaciones progresivas y antirracistas, además de haber sido explícitamente apoyados por el propio presidente (hasta ahora saliente).

En Portland, donde de manera sostenida hubo movilizaciones antirracistas durante meses, la Guardia Nacional intervino militarizando la ciudad. Allí, las movilizaciones se radicalizaron como en el momento de apogeo de la rebelión de este año. Hay hasta el momento unos diez detenidos pero las protestas continúan.

En Nueva York, las movilizaciones fueron violentamente confrontadas por la policía del estado, comandado por un demócrata. En todas las barriadas de la «Gran Manzana» hubo concentraciones de miles exigiendo que sus votos cuenten: el Bronx, Queens, Manhattan, Staten Island y Brooklin. La manifestación más importante se dio en la emblemática Quinta Avenida. Allí la policía realizó decenas de detenciones. Esa ciudad vio nuevamente triunfar a los DSA, con la figura de Alexandra Ocasio Crotez a la cabeza. Se trata de un síntoma de época ver a autoproclamados «socialistas» ganar elecciones nada menos que en la ciudad de Nueva York.

En Chicago, histórica ciudad de peso del movimiento de la clase trabajadora, la movilización tuvo su centro en la Trump Tower, símbolo el poder del actual presidente como magnate capitalista.

En las ciudades de Filadelfia y Pittsburgh, el reclamo es particularmente sentido, además de ser masivo. Es en ese estado (Pensilvania) que se concentran la mayoría de los votos por correo aún no contabilizados, unos 3 millones. Es precisamente ahí donde más desesperadamente Trump intenta que los votos no valgan: su actual mayoría se esfumaría rápidamente de contarse la totalidad de los votos. Además, Filadelfia fue la ciudad donde se dio el más reciente rebrote de la rebelión antirracista hace apenas unas semanas, luego del brutal asesinato de la policía de un joven negro.

Manifestantes pro-Trump en Las Vegas exigen que se detengan los conteos.

En contraste, pequeñas concentraciones conservadoras están exigiendo exactamente lo contrario: que se detenga el recuento para así imponer que por arriba se imponga Trump sin contar con los votos necesarios. La única excepción es Arizona, el único estado donde la finalización del recuento puede (dudosamente) beneficiar a Trump. En el condado de Maricopa, donde aún no se terminaron de contar miles de votos, una pequeña manifestación armada irrumpió en el centro de conteo de votos.

Simpatizantes de Trump en Arizona irrumpieron armados en centro de conteo de votos.

La polarización podría escalar aún más mientras lentamente sigue el recuento de votos en todos los estados en disputa que decidirán quién será el proóximo presidente de la principal potencia mundial.

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