• Luego de renunciar ayer a la policía, Kim Potter será enjuiciada por el asesinato del joven afroamericano de 20 años Daunte Wright.

Redacción

El disparo a Daunte se produjo luego de ser obligado a bajar de su vehículo para un control policial. La justificación del crimen por parte del comandante de la policía, Tim Gannon, fue que la agente responsable del crimen no quería disparar y alegó que simplemente confundió su arma de fuego con su pistola taser. «Fue una descarga accidental que resultó en una trágica muerte», dijo.

Por la presión del escándalo, el jefe de policía ya tuvo que renunciar a su puesto y ahora la autora material del asesinato deberá afrontar los tribunales. La fiscalía la ha cargado con la acusación de asesinato en segundo grado.

Inmediatamente se desató la movilización popular y ya van tres noches consecutivas en las que la juventud negra confronta la represión en las calles del Estado de Minnesota. El gobierno decretó el toque de queda en varias ciudades con movilizaciones masivas, entre las que están Brooklin Center y Minneapolis.

En tanto, la madre de Daunte dijo que el disparo fue injustificado y se produjo cuando el joven intentaba volver a subir a su auto. El mismo domingo hubo una gran concentración frente a la sede policial de Brooklin Center para reclamar justicia por la nueva joven víctima del racismo de las instituciones represivas del Estado. La pacifica concentración fue respondida por las autoridades con la represión con gases lacrimógenos y granadas ensordecedoras.

Joven manifestante confronta a la policía de Brooklin Center. Foto: REUTERS

«Revolution ain´t to fuck with». «La revolución no es algo con que joder», gritaban los manifestantes. La bronca ya se extiende a lo largo de los días y toma formas que recuerdan al estallido popular del año pasado.

Para el día de ayer, lunes, el gobernador del estado de Minnesota, Tim Walz, y los alcaldes (jefes de gobierno) de Minneapolis y Saint Paul dieron a conocer su nueva medida represiva para contener y hacer ceder las manifestaciones de bronca decretando el estado de emergencia y un toque de queda.

El mismo domingo por la tarde tenía lugar una provocadora concentración convocada por redes sociales de grupos de supremacistas blancos, como los Proud Boys, seguidores de Trump, el KuKluxKlan, entre otros. Los mismos salieron a las calles bajo la consigna “White LivesMatter” en los alrededores de Huntington Beach, en la ciudad de California. A los supremacistas sus pares de uniforme no les tocaron un pelo.

Con una reducida pero repudiable demostración estos grupos se toparon con la resistencia de grupos antirracistas como el Black Live Matters. De forma bastante marginal los supremacistas se convocaron también en Seattle, Columbia y Nueva York. Queda así demostrado a quiénes defienden o protegen el Estado y sus instituciones y funcionarios.

Este nuevo crimen racial en manos de la policía ocurre a días de conocer la sentencia para el asesino de uniforme de George Floyd, Dereck Chauvin. La mayoría de los crímenes racistas (que son tan cotidianos como insoportables) de esta institución quedan impunes producto del respaldo del Estado y los gobiernos capitalistas que lejos están de combatir el racismo estructural patente en la sociedad estadounidense.

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre