• Las políticas liberales y anti-trabajadoras de Ayuso en la comunidad de Madrid se plasman en las nuevas medidas anunciadas ayer: restricciones sociales en las zonas más afectadas por el virus, que a su vez son las más precarizadas. Mientras tanto seguirán los transportes públicos colapsados de trabajadores y los hospitales sobresaturados e infrafinanciados.

Xavi Posets

Después de una semana especulando sobre un “confinamiento selectivo” advertido por la presidenta de la Comunidad de Madrid, finalmente Díaz Ayuso anunció ayer las medidas contra la Covid, que entrarán en vigor el lunes que viene.

Se trata de restricciones únicamente sobre las áreas más afectadas por el virus, donde se encuentran las zonas con más densidad de población y menos renta per cápita, las más precarizadas. En total afectarán a 37 zonas de los siguientes municipios: Fuenlabrada, Humanes y Moraleja de en Medio, Parla, Getafe, Alcobendas, San Sebastián, Carabanchel, Usera, Villaverde, Villa de Vallecas, Puente de Vallecas y Ciudad Lineal.

En ellas no se podrá entrar ni salir de cada zona sanitaria, excepto si se va a trabajar, a centros educativos o a centros sanitarios. También se permite la movilidad en caso gestiones administrativas o de cuidado de dependientes. Se reducirán los aforos de la hostelería a la mitad, y los de centro de culto a un tercio. También se limitará el número máximo de personas reunidas a 6 y se cerraran parques.

Estas medidas no son una solución contra la propagación del virus. No buscan reforzar los equipos ni recursos sanitarios, mermados durante años por las políticas neoliberales del PP. “Nos han dejado sin médicos, ¿cómo se va a combatir esto?” exclamaba una vecina de los barrios afectados.

Tampoco refuerzan los servicios del transporte público, que transportan a miles de personas en condiciones de hacinamiento y sobresaturación cada día. Ni hablar de una cuarentena para la clase trabajadora, donde se anteponga la vida de los trabajadores al beneficio empresarial y éstos no se vean arrastrados a hacinarse en metros y buses repletos de más trabajadores, todos obligados a ir a trabajar en un contexto de más de 1.000 casos de coronavirus cada 100.000 personas.

Las medidas presentadas por Ayuso castigan a las clases trabajadoras de las zonas más precarizadas encerrándolas en zonas superpobladas, en apartamentos minúsculos. Por otra parte buscan estigmatizar los barrios afectados y seguir con la campaña de culpabilización social. Sin ir más lejos, la misma presidenta de la Comunidad del PP declaraba hace menos de una semana: “Los contagios se están produciendo, entre otras cosas, por el modo de vida que tiene nuestra inmigración en Madrid”.

La responsabilidad del nulo control de la propagación del virus no es de las y los vecinos por juntarse en un parque. Tampoco de los sectores migrantes, obligados (por los precios abusivos de vivienda, los salarios bajos, la economía sumergida, etc.) a vivir en ese “modo de vida” que es la precarización. La responsabilidad es de la administración que los culpa mientras no toma ninguna medida efectiva, como sería la contratación masiva de personal médico.

 

En ese sentido Ayuso promete hacer tests antigénicos para las 860.000 personas a las que se les aplicarán las restricciones. Asimismo, el número de rastreadores, hoy de 800, no llega a los mínimos recomendados por los expertos, de 1500, y Ayuso asegura la contratación de personal para llegar a esa cifra en octubre.

Lo que se olvidó explicar a Ayuso es el cómo. ¿Con qué recursos y con qué personal se van a hacer testeos masivos? Si la sanidad pública de Madrid está colapsada: plantillas con bajas sin reponer, sobrecargadas, centros de salud parcialmente cerrados, teléfonos inoperativos. Para llevar a cabo testeos masivos (y revertir la curva de contagios) no basta con falsas promesas, sino una gran inversión en Sanidad. Y para ello sería necesario obtener recursos de otros sectores, como de los más pudientes, de la sanidad privada y de las farmacéuticas millonarias. Algo que Ayuso no hará jamás.

Las medidas han tenido una rápida respuesta por parte de las vecinas y vecinos de Madrid. Éstos ya venían protagonizando varias protestas durante las últimas semanas semana, tras la cada vez más desastrosa situación del aparato sanitario público y la reciente noticia de la “cuarentena selectiva”.

Por su parte, el alcalde de Madrid defendió la gestión de su compañera de partido, señalando las posibles protestas como “actos irresponsables” y anunciando el reforzamiento de la policía municipal en las zonas de cuarentena. Recordemos que para él, las manifestaciones anti-cuarentena y pro-explotación-laboral-a-pesar-de-la-pandemia de Núñez de Balboa (con simbología fascista incluida) eran “derecho a la protesta”.

Por todo esto, ayer centenares de manifestantes se congregaron en la Puerta del Sol, respetando la distancia de seguridad y con mascarillas, para exigir la dimisión de Díaz Ayuso y denunciar que “¡No es cuarentena, es segregación!”. Desde las calles exigen también menos policía y más inversión en los servicios públicos, especialmente en Sanidad.

Para llevar a cabo estos reclamos no queda otra que imponerlos desde las calles, transformando esta rabia que genera la gestión insultantemente liberal y anti-trabajadora en un movimiento capaz de echar a Ayuso e imponer un plan de choque social que ponga por delante la vida antes que el capital.

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