• En estos momentos, una nueva gran ola de infectados golpea otra vez Europa. Dentro de ella, el centro de ese blanco principal parece ser España.

«¡Las ganancias, primero!»

La pandemia mundial de coronavirus que azota al planeta, no da tregua. En estos momentos, una nueva gran ola de infectados golpea otra vez Europa. Dentro de ella, el centro de ese blanco principal parece ser España… por lo menos hasta ahora…

Estas muy malas noticias se dan al mismo tiempo que China –presunta cuna del virus– proclama que ha logrado poner fin a la pandemia en su territorio. En la última semana –según el gobierno de Pekín– no se habrían registrado nuevos contagios.

El gobierno y la burocracia chinos tienen en este rubro un historial nefasto de mentiras y ocultamientos –que incluyó inicialmente medidas para silenciar al médico descubridor del Covid, el Dr. Li Wenliang, que murió contagiado en febrero pasado. Pero ahora es probable que se haya avanzado bastante, entre otras cosas, por la capacidad de la burocracia china de imponer medidas drásticas de aislamientos masivos.

Al mismo tiempo, hay noticias relativamente alentadoras sobre nuevas vacunas y tratamientos… pero todo eso también está contrastado por los sorpresivos inconvenientes en uno de los intentos más publicitados (y que parecía muy prometedor), el de AstraZeneca y el Instituto Jenner de la Universidad de Oxford.

Por otra parte, la vacuna que ya habría producido Rusia, la Sputnik V, se está aplicando pero sólo en su país. Fuera de Rusia no hay mayores datos de sus efectos y alcances.

Éste y otros hechos de esta pandemia, documentan una realidad mundial tan trágica como indignante. Bajo el capitalismo, los diferentes Estados son incapaces de unirse, para hacer frente juntos una amenaza que pone objetivamente en juego la supervivencia de la humanidad… o, por lo menos, de gran parte de ella.

Todos los pensamientos y acciones de las clases dominantes de los distintos “grandes Estados” han girado alrededor de sus intereses más mezquinos (ya sean comerciales o/y políticos). “Yo me salvo y también hago buenos negocios… ¡y que los demás revienten! Y si se dañan algunos de mis competidores (o incluso mi propia población), mala suerte… pero lo compenso por el lado del bolsillo…»

Sobre ese mecanismo, sirve de trágico ejemplo el caso del Estado Español. Esta temporada turística ha servido para que España se transforme en el Gran Infectadero de la Unión Europea

Efectivamente, España se convirtió desde el lunes en el primer país europeo en superar el medio millón de casos confirmados de Covid-19, informó el Ministerio de Sanidad en su balance diario. En concreto, se han reportado 525.549 contagios.

El anuncio de la simbólica cifra –informan las agencias– tiene lugar en medio de un rebrote en el país ibérico, en el que durante las últimas dos semanas se han registrado entre 7.000 y 8.000 nuevos casos diarios. Durante los últimos siete días la cifra fue de casi 50.000 positivos. A la cabeza se mantiene Madrid, que ha registrado 16.501 casos en los últimos siete días.”

Las cifras se conocieron en pleno regreso a las aulas. Muchos padres y madres, con toda razón, han manifestado el temor a enviar a sus hijos a los colegios, clausurados desde marzo.

Pero el gobierno insiste en que ahora es indispensable retomar la enseñanza presencial, y asegura que con las medidas tomadas, entre ellas el distanciamiento y el uso obligatorio de mascarilla desde los 6 años, la escuela es un lugar seguro.

Pero esto suena a “verso”. Ni la mascarilla es un medio protector infalible ni nadie puede garantizar que un niño de seis años no se la va a mover y/o sacar.

¿Quién salió ganando? ¿Quién paga el pato?

Pero las autoridades muy preocupadas hoy por las mascarillas para niños, son las mismas que durante los largos meses de veraneo hicieron de España el Gran Infectadero de Europa.

Todo estaba permitido. Suspendido hasta el año que viene el negocio del turismo, entonces se vuelve a las medidas falsamente “sanitarias”…

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