• Felipe VI renuncia a la herencia de su padre, Juan Carlos I, siguiendo la línea de lavado de cara de la corrupta monarquía española.

Por Socialismo o Barbarie Barcelona

El actual Rey pretende renunciar a la herencia y cortar cualquier conexión con las negociaciones de su padre, las cuales «pueden no estar en consonancia con la legalidad». También le retira la asignación presupuestaria del Estado (194.232 euros anuales).

Esta declaración, que por ahora es papel mojado hasta que muera el Borbón, surge después de las informaciones que señalan a Felipe VI como beneficiario de las fundaciones Zagatka y Lucum, esta última investigada por la Fiscalía Anticorrupción por recibir supuestamente 100 millones de dólares de Arabia Saudí.

Merece la pena remarcar que las exportaciones de armas a Arabia Saudí ascendieron hasta los 51,9 millones de euros durante el segundo semestre de 2018 y hasta los 23,5 millones durante los primeros seis meses de 2019. Con Pedro Sánchez en la presidencia, España ha sacado 75 millones de euros vendiéndole armas a dicho país.

El monarca sigue con la tentativa de mejorar la imagen de la casa Real, manchada de la corrupción y los escándalos varios de su padre. Es la dirección seguida en un marco de creciente rechazo a esta institución medieval con línea sucesoria designada por el dictador Franco luego de aplastar la Segunda República.

Este cuestionamiento en aumento a la Corona profundiza la crisis del Régimen del 78, que ve como sus otros pilares pierden forma: problema territorial del Estado español, fragmentación parlamentaria, desestabilización de la Unión Europea y desaparición del Estado de bienestar, que pasa a ser un cuento de hadas en la excepcional situación pandémica.

Ayer por la noche el Rey se dirigió a los españoles por televisión y a la misma hora se convocaron cacerolazos en los balcones de todo el territorio. Desde los edificios se repudió el discurso del Rey y se exigió que la Corona done su millonario presupuesto para la sanidad.

Aislado desde su palacio y contando con el mejor equipo médico que se pueda tener, el monarca nos exige calma, responsabilidad, solidaridad y unidad de la clase trabajadora con la patronal, con el fin de mantener la economía a flote, a costa de la vida de trabajadoras y trabajadores que deben olvidar el confinamiento para seguir comiendo. Aplaude el sistema sanitario español y a todos sus trabajadores, callando y escondiendo el presupuesto de la monarquía y los continuados recortes que ha recibido el sistema de sanidad pública.

La monarquía no merece más que ser disuelta, no es más que una herencia retrógrada de la Edad Media que simplemente no debería existir en pleno siglo XXI.

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