• Hace dos años el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sentenció que la Audiencia Nacional vulneró el derecho a un juicio justo de Otegi y el resto de procesados en el caso Bateragune. Hoy el Tribunal Supremo anula las condenas. Termina así otro caso de la podrida Justicia española que tiene amplias similitudes con el caso Altsasu.

Xavi Posets

Otegi fue condenado en 2011 a 10 años de prisión por la Audiencia Nacional por integración en organización terrorista en grado de dirigente, junto a 4 procesados más, con condenas de 8 a 10 años. Más tarde, el Tribunal Supremo rebajo las condenas entre seis y seis años y medio, al descartar la participación de los encausados en Bateregune y su implicación de dirigentes, si bien acreditó que formaban parte de ETA. A las condenas de prisión se le sumo la de inhabilitación de Arnaldo Otegi i Rada Díez hasta 2021.

A inicios del juicio en la AN, las defensas recusaron a varios jueces, entre ellos Ángela Murillo. Esta magistrada ya tuvo contacto con Otegi en otro tribunal el cual ella presidía, en marzo de 2010. En esa ocasión, se tuvo que retirar a la jueza por imparcialidad y repetir el juicio, tras preguntarle al acusado se condenaba a ETA sin recibir respuesta, replicando “Ya sabía que no (iba a contestar)”, mostrando prejuicio. En esa ocasión Otegi resultó absuelto.

Sin embargo, esta vez la Audiencia Nacional no recusó a Murillo, dejando que presidiera el tribunal que acabó juzgando a los procesados. De esta forma, tal como sentenció en 2018 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, la AN vulneró el derecho a un juicio justo, violando del artículo 6.1 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. La sentencia se apoya principalmente en las dudas sobre la imparcialidad del tribunal.

Finalmente y después de dos años, el Tribunal Supremo asume el fallo de Estrasburgo y levanta las condenas. Sin embargo, los cinco procesados ya cumplieron su condena carcelaria –el último en salir de la cárcel fue Rafa Díez en agosto de 2017. Aun así, el TS descarta una indemnización o compensación. Por tanto, lo único que cambia es la inhabilitación, que se elimina, dando la posibilidad a Otegi de presentarse a elecciones.

Una Justicia podrida

La Audiencia Nacional es el reciclaje –íntegro podríamos decir – del antiguo Tribunal de Orden Público, tribunal franquista encargado de los delitos políticos. Actualmente, su cometido es el mismo: es el tribunal que juzga a cualquier caso que atente políticamente contra el Régimen del 78. De esta manera imparte castigos a raperos, twitteros o titiriteros no en busca de justicia, sino para aleccionar y dejar claro las consecuencias de ir contra el régimen.

Este reciclaje de la dictadura no atañe solo a la AN, como si fuese un caso aislado, sino a toda la alta esfera jurídica, a la Justicia en mayúscula. El Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional, , Tribunales Superiores, Audiencias Provinciales… Todos brindando apoyo en la defensa de la política postfascista, patriarcal, racista y clasista. Así, mientras cae todo el peso del castigo sobre los presos políticos catalanes, participantes de CDRs o manifestantes contra la Sentència, la impunidad se libera entre los asesinos del Tarajal, los violadores de la Manada y los corruptos políticos y monarcas. Y no olvidemos los miles de muertos que aún siguen en cunetas mientras los altos cargos y torturadores fascistas mueren en sus cómodos palacios.

El caso de Bateragune es otro ejemplo más de la persecución de la justicia española. Arnaldo Otegi tuvo un papel claro en la desarticulación del movimiento armado de ETA. Dentro de la izquierda abertzale, Otegi lideró el movimiento por el fin de la violencia enfrentándose así a la dirección de ETA, que incluso preparó la carta de expulsión para el líder de la antigua Batasuna. El encarcelamiento de Otegi en un momento donde se imponían los argumentos de éste debilitaba la idea de dejar la violencia, que igualmente se acabó imponiendo en octubre del mismo año. Sin embargo, el cese definitivo de la actividad armada en 2011 o la disolución de ETA en 2017 no han impedido que la justicia española siga persiguiendo cualquier disidencia, manifestación o resistencia por terrorismo etarra.

La historia se repite: Caso Altsasu

Los 7 chicos de Altsasu llevan cumpliendo condena desde que entraron a prisión en octubre de 2016. Fueron juzgados por terrorismo – entre muchos otros cargos – por la Audiencia Nacional al verse implicados en una pelea de bar con dos Guardias Civiles de paisanos. Se les condenó entre dos y 13 años de prisión por atentado a agente de la autoridad y lesiones, agravados con abuso de superioridad y discriminación, y desórdenes públicos y amenazas, si bien no eran condenados por terrorismo. Más tarde, el Tribunal Supremo rebajó la condena a año y medio – 9 años y medio, entendiendo que no existían los agravantes de discriminación y abuso de superioridad, si bien describió los hechos como ‘ execrables’.

El juicio está lleno de puntos negros. Para empezar, los magistrados no admitieron pruebas que demostraban la incongruencia de los informes presentados por la policía, que no son más que un montaje policial. De esta forma, se ha llegado a encarcelar a un joven que ni siquiera estaba presente en el bar en el momento de la pelea.

La imparcialidad de la jueza Concepción Espejel, presidenta del tribunal, también es más que dudosa. Espejel está casada con un coronel de la Guardia Civil y ha sido condecorada con la Orden del Mérito de la Guardia Civil, en su categoría de Cruz con distintivo blanco, «que se concede a quien lleva a cabo acciones o conductas de extraordinario relieve que redunden en el prestigio del Cuerpo de la Guardia Civil e interés de la patria».

No hay duda de las similitudes de los dos procesos judiciales. Es probable que en un largo tiempo Estrasburgo falle en contra de la justicia española en el caso navarro. Y aún más tarde, ésta asuma la sentencia europea. Para entonces, los chicos de Altsasu ya habrán cumplido sus condenas, revelando los mecanismos judiciales como una farsa mientras la justicia española se ríe a carcajadas de las palabras “justicia”, “reparación” y “verdad”.

Desde Socialismo o Barbarie apostamos por derrotar a esta Justicia podrida junto al Régimen del 78 en las calles. Porque es ahí donde se puede dar la pelea, como demostró la respuesta masiva de la sentencia a La manada, donde el movimiento feminista en las calles impuso la ratificación de la condena de los violadores.

¡Abajo el podrido Régimen del 78!

¡Libertad para los de Altsasu!

#AltsasukoakASKE

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