El peligro nuclear

Crece la confrontación interimperialista en el conflicto ucraniano.

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“(…) la situación ha escalado y continua escalando incluso cuando ambos lados no quieren ver este crecimiento de la crisis. Y hay muchas maneras en que puede ocurrir [un hecho nuclear]. Una es por accidente, y cuanto más se extienda la guerra, y más profundamente Estados Unidos se involucra en ella, transformándose esencialmente en un combatiente en todos los aspectos salvo tener un gran número de tropas en el terreno en Ucrania en estos momentos, cuando uno está en una situación así las chances de un accidente son elevadas.

“La otra vía por la cual el conflicto puede escalar es via la lógica de lo que ocurre en el terreno de batalla. Putin puede llegar a pensar que la inteligencia occidental y el apoyo militar a Ucrania ha devenido tan importante para los logros ucranianos en la guerra que decide que no tiene alternativa que atacar dichas líneas de abastecimiento occidentales. Hasta ahora ha intentado en una escala muy limitada entorpecer el aprovisionamiento militar occidental yendo para las líneas de batalla ucranianas. Realmente, no lo ha hecho en una amplia escala. Y, ciertamente, no ha atacado las fuentes de aprovisionamiento en los estados de la OTAN como tales. Pero este es un paso que el puede sentirse compelido a dar no porque el quiera que el conflicto escale a algún tipo de conflicto nuclear, sino porque sienta que la alternativa a eso es la derrota, y no creo que él este preparado realmente a contemplar la derrota en esta situación”

“The world survived the Cold War because it feared nuclear war”, Entrevista con George Beebe, analista de inteligencia estadounidense, diplomático y consejero sobre Rusia, Jacobin[1]

El conflicto en Ucrania amenaza con desbordarse. El riesgo nuclear crece conforme la guerra entre Rusia y Ucrania tiende a transformarse en un conflicto directo entre la OTAN y Rusia. Desde el día uno de la contienda señalamos que se está frente a un conflicto que tiene un carácter doble: una justa lucha por la autodeterminación del pueblo ucraniano y un conflicto que no llega a ser una guerra –todavía- entre potencias imperialistas tradicionales y emergentes.

Sin embargo, el carácter legítimo de la lucha ucraniana por una serie de razones incluyendo la dirección irresponsable y pro imperialista tradicional de Zelensky,amenaza en cada momento con desbordar el contenido nacional legítimo de la pelea en una guerra directa interimperialista.

El conflicto sigue siendo doble pero la actuación de la OTAN, que prácticamente sólo le falta enviar tropas al terreno, fortalece los elementos interimperialistas y peligra una conflagración nuclear. Conflagración que la dirección de Zelensky no hace nada por evitar (más bien azuza irresponsablemente el fuego día y noche con un comportamiento que linda la provocación).

Lógicamente Putin, por su parte, tiene la otra mitad de la responsabilidad al haber decretado “pertenecientes a Rusia” las cuatro regiones solo parcialmente conquistadas mediante una “referéndum” completamente irregular. Ni a Rusia no a la OTAN les importa un comino la población ucraniana y amenazan de manera creciente a estas horas (los analistas dicen que la perspectiva sigue siendo baja pero está en crecimiento)en llevar al conflicto ucraniano a un nivel nuclear.

En lo que sigue realizaremos una serie de puntualizaciones sobre la marcha política y militar del conflicto y la gravedad del susodicho peligro atómico (la radical novedad que la reintroducción de este peligro entraña).

A ocho meses de iniciado el conflicto presentamos entonces una serie de definiciones a modo de tesis en morde la claridad de las mismas:

1- Desde el punto de vista militar el conflicto ha atravesado en estos ocho meses, grosso modo,tres fases sucesivas. La primera significó un fracaso de la ofensiva rusa que creyó que en pocos días sometería el país; que el gobierno ucraniano se derrumbaría. Esto no ocurrió y, por el contrario, los convoyes militares rusos se estancaron en las puertas de Kiev, situación a partir de la cual el gobierno de Putin tuvo que operar una retirada estratégica hacia la zona del Donbass donde por una serie de razones históricas, políticas e incluso geográficas, podía desenvolver mejor su ofensiva.

2- La segunda etapa estuvo marcada por el reinicio de la ofensiva rusa en el Donbass (este del país) y también en el sur de Ucrania en la franja que va desde las actuales fronteras rusas hasta Crimea, y que tiene como ciudades centrales el puerto de Mariupol y la ciudad de Kherson. En ambos frentes, es decir, en el frente este y el sudeste, las fuerzas rusas lograron ganancias de importancia y aseguraron posiciones en 4 provincias ucranianas, las más al este del país, con mayor tradición de vínculos con Rusia (provincias en las cuales en estos momentos se están viviendo, sin embargo, contraofensivas ucranianas sobre todo en la región de Karkov y Kherson mismo –es última ciudad se dice que podría caer en manos de los ucranianos nuevamente).

3- Siendo muy sumarios, llegamos ahora una tercera etapa de la contienda donde, nuevamente, Rusia se muestra a la defensiva con el ejército ucraniano desarrollando una importante contra ofensiva en ambas regiones señaladas a partir de dos condiciones básicas: a) una política, que tiene que ver con el fuerte sentimiento nacional ucraniano mientras que del lado ruso, entre la población, no parece haber incentivos reales para la guerra, y b) otra militar vinculada a la fuerte asistencia armamentística y en materia de inteligencia de parte del imperialismo occidental y la OTAN al ejercito ucraniano.

4- A la situación defensiva de Rusia se le han sumado dos (o tres) provocaciones orquestadas por el gobierno ucraniano: una, el asesinato terrorista en Moscú de la hija de un líder de extrema derecha ruso, Darya Dugina, que solo puede alimentar los golpes y contragolpes de la contienda; dos, la voladura parcial del enorme puente que une Rusia con Crimea (puente de Kerch), dos acontecimientos que fortalecieron las presiones de ultra derecha en la propia Rusia. El tercer incidente, la voladura del gasoducto ruso Nord Stream en el mar Báltico, no tiene claro sus responsables, pero son todos hechos que vienen contribuyendo a un agravamiento “terrorista” del conflicto, por así decirlo.

5- En total, lo que se está viendo en el terreno militar es que a Rusia le fracasó redondamente la idea que la ocupación de Ucrania podría ser un paseo y si bien tiene 4 regiones parcialmente conquistadas en el Este del país, sus fuerzas armadas están demostrando ineptitud en el terreno lo que tiende a llevar los desarrollos al extremo: de ahí el creciente peligro nuclear[2].

6- Si esta es, sumariamente, la marcha de los asuntos militares, veamos ahora los aspectos políticos fundamentales. El primer elemento es que la guerra ha revelado un legítimo sentimiento nacional ucraniano que, evidentemente, Putin miscalculó y que sólo puede explicarse por el pasado siglo de opresión estalinista sobre Ucrania (“Sobre la dinámica de la guerra en Ucrania”, izquierda web). Ucrania tiene una economía capitalista con rumbo neoliberal. Rumbo que se viene ratificando durante la contienda con todo un conjunto de medidas antiobreras y que se ratificó en la cumbre económica sobre la reconstrucción ucraniana de posguerra. Una economía neoliberal que ha hecho de la ex propiedad estatal un botín de los distintos grupos oligárquicos ucranianos que se venían repartiendo –económica y políticamente- el país amén de haberse deteriorado brutalmente las condiciones de vida desde la explosión de la ex URRS (1991; paradójicamente Ucrania conquistó su independencia en 1992). Ucrania posee, sin embargo, relaciones históricamente estrechas con Rusia, sobre todo en su franja oriental. Sin embargo, si aun así y todo el sentimiento nacional está tan arraigado en toda Ucrania, es porque posee razones evidentemente legítimas que hunden sus raíces en la historia del país desde el zarismo. Razones que si la Revolución Rusa apuntó a resolver, lamentablemente el estalinismo cortó de cuajo esa posibilidad a finales de los años 20 dando lugar a desastres tremendos como el Holodomor (el genocidio por hambre de la colectivización forzosa a comienzos de los años 1930 –“Apuntes metodológicos a propósito de la colectivización forzosa estalinista”, izquierda web[3]), amén de la división del país en la Segunda Guerra Mundial (con una parte de la intelectualidad y del campesinado sobre todo del oeste del país que, efectivamente, fue cómplice del nazismo[4]).

7- Sea como sea, el injusto avasallamiento nacional por parte de Putin, desató una legítima resistencia popular en dicho país que sigue estando vigente hoy a pesar de las crecientes contradicciones que entraña el conflicto.

8- Sin embargo, un gravísimo problema a este respecto ha sido y sigue siendo, la dirección pro-imperialista rabiosa de Volodimir Zelensky, que se arrojó a los brazos del imperialismo tradicional y la OTAN incluso corriendo a estos por la derecha[5]… No creemos faltar a la verdad si decimos que Zelensky, a lo largo de la contienda, fue corriéndose cada vez más hacia la derecha y no en sentido contrario, lo que agrava la ubicación de aquellas corrientes de la izquierda que se mantienen a-críticas sobre él (el caso de la cuarta mandelista o posmandelista). Es decir: que pierden de vista la necesidad de un curso independiente doblemente emancipatorio tanto en relación a la invasión rusa como a la colonización de la OTAN.

9- La combinación –contradictoria- del justo sentimiento nacional y la justa sensibilidad con un pequeño país atacado por una potencia mayor imperialista en reconstrucción como Putin con la dirección pro-imperialista capitalista neoliberal de Zelensky, le dio la oportunidad a la hipocresía imperialista de Occidente para hacer una campaña sin fin como si ellos, los gobiernos imperialistas tradicionales, fueran los representantes de la “democracia y de los pueblos oprimidos contra la barbarie que viene desde Moscú”… Una campaña hipócrita cuando el imperialismo yanqui y demás potencias imperialistas que lo secundan tienen records de sangrientas intervenciones sobre los pueblos oprimidos del mundo.

10- Nada de esto quiere decir, evidentemente, que la ofensiva de Putin haya sido legítima. Nuestra condena es total así como incondicional nuestra defensa del derecho a la autoderminación del pueblo ucraniano. Muchas corrientes en la izquierda creen que como, efectivamente, la OTAN fue cerrando el círculo sobre Rusia, la ofensiva de Putin ser justificaría en alguna medida… Pero esto significa apreciar las cosas desde el punto de vista de las relaciones entre Estados, geopolítico, un enfoque burgués, y no como corresponde hacerlo en la izquierda revolucionaria: partir desde la lucha de clases. Y partiendo de la lucha de clases y del derecho a la auto-determinación, el avasallamiento de Putin no tiene justificación salvo que se piense la política desde arriba, desde los Estados y no desde abajo, desde las masas en lucha: “[En los años 20] hubo un reconocimiento de la autonomía política, y también de la autonomía cultural. Uno no puede hacer participar a la población en un proceso de gobierno sin reconocer su lengua como lengua de uso cotidiano en los lugares de trabajo, en la educación, en el gobierno. Es un proceso de autoemancipación para los pueblos no rusos, para que los ucranianos fueran reconocidos por lo que eran y utilizaran la lengua que quisieran. Ellos no querían vivir y trabajar con la lengua del viejo imperio que los había dominado” (“Ukraine. Identité nationale ukrainienne et perspectives de cohabitación pacifique entre les peuples”, Reportaje de David Broder a Marko Bojcum, Inprecor).

11- Porque es obvio, además, que una dirección que no fuera, también, imperialista aun atrasada como la de Putin y ultra reaccionaria, podría haber apelado a la unidad de los pueblos o lo que sea contra el imperialismo (tradicional), y no a invadir a sangre y fuego con matanzas por doquier un país con el cual Rusia tiene tradicionales relaciones de opresión –antecedentes históricos de opresión y no reconocimiento nacional[6].

12- En definitiva, la circunstancia es que a Putin no le está yendo bien en la contienda ni política ni militarmente tampoco. El haberse visto obligado a convocar 300.000 reservistas desató una –nueva- ola de movilizaciones en toda Rusia como no se veía desde el comienzo de la guerra y, quizás, seguramente, más profunda aún porque mete presiones sobre una parte –creciente- de la opinión pública rusa que no quiere la guerra; que no la entiende-que de seguro tiene lazos estrechos familiares, culturales y de todo tipo con el pueblo ucraniano-[7]. Y es esta situación de debilitamiento político externo e interno y militar del gobierno ruso lo que está colocando en un terreno más peligroso las cosas.

13- Lógicamente, acá las responsabilidades son de uno y otro lado de ambos imperialismos: el tradicional y el que está en reconstrucción, los que aprovechan la guerra para extender y fortalecer la OTAN y los que tienen en mente una Gran Rusia imperial/imperialista al viejo estilo.

14- Esto es visible alrededor de quiénes están pagando los costos de la contienda. Es obvio: el pueblo ucraniano, el pueblo ruso también, la clase trabajadora europea y en casi todo el resto del mundo bajo la forma de la crisis económica y demás. Y es desde este punto de vista que el conflicto comienza a adquirir más rasgos interimperialistas, rasgos de hacerle pagar a los pueblos el enfrentamiento ciego entre potencias capitalistas instrumentalizando, de paso, los derechos nacionales ucranianos en el caso occidental o pisoteándolos sangrientamente en el caso ruso.

15- El comportamiento irresponsable de Zelensky es parte de esto: en vez de tender algún lazo con el pueblo ruso y los pueblos oprimidos del mundo, no, casi vende la contienda como una contienda contra la “barbarie que viene de Rusia”… Un enfoque escandalosamente abyecto y criminal. Un comportamiento injustificable que solo sabe pedir armas, sangre, etc. Y al cual las corrientes que lo han apoyado más a-críticamente no cuestionando el envió de armas ni las sanciones económicas contra el pueblo ruso, solo le hacen vergonzosamente el juego.

16- Y es esta escalada desde ambos lados, en síntesis, las que arriesga a poner las cosas en el terreno nuclear si bien es verdad, también, que el que blande una y otra vez amenazas al respecto es Putin: “Una situación que podría rápidamente presentarse en caso de un enfrentamiento directo entre la OTAN y Rusia en vista de la ventaja manifiesta que tiene la primera en materia de armas convencionales, no dejándole a la segunda que la alternativa de capitular o de pasar a un escalón superior, recurriendo al armamento nuclear, táctico o estratégico en caso de réplica” (Bihr y Thanassekos, ídem). (Stoltemberg mismo, jefe de la OTAN, acaba de declarar que si Rusia emplea armas nucleares tácticas en el terreno la respuesta de la OTAN será convencional pero demoledora. Así que la tendencias a los extremos y el juego de acción y reacción alimenta, sin duda alguna, el conflicto interimperialista.)

17- Dentro de este “juego” se coloca también China. Xi Jinping tiene muchas razones para mantenerse en un segundo plano pero también para apoyar en silencio a Putin porque lo suyo también es pisotear derechos nacionales y democráticos de la clase trabajadora continental, de Hong Kong y mismo de Taiwán sobre la cual no creemos estar a favor de la independencia toutcourt pero si de su derecho a la autodeterminación nacional[8].

18- Y aún así, y así y todo, los lazos económicos con los Estados Unidos parecen ser más fuertes que el involucramiento de Xi en una guerra cuyo pronostico es reservado. A mitad de año estuvieron los ejercicios militares chinos en las narices de Taiwán luego de una igualmente provocativa visita de Nancy Peloso, pero en las ultimas semanas la cuestión salió del foco (lo que no quiere decir que en cualquier momento no podría volver[9]).

19- En cualquier caso, la guerra sigue siendo doble en su carácter[10]. Pero la novedad es que el elemento interimperialista se ha venido fortaleciendo conforme la guerra apunta a desbordar todos sus límites.

Existes autores que señalan que habría que definir cuál es el elemento dominante, pero esto no puede ni debe ser abordado mecánicamente. De momento la guerra que existe es por el derecho a la autodeterminación ucraniana. Sin embargo, como venimos señalando, suma cada día elementos de “guerra proxi”, es decir de guerra interimperialista por procuración que amenaza a cambiarla su carácter.

Algunos autores se amparan en los argumentos de Rosa Luxemburgo que durante la Primera Guerra Mundial señalaba que ya no existían guerras nacionales, que todas eran guerras interimperialitas en todo caso por procuración. Lenin rebatió este argumento defendiendo el derecho a la autodeterminación de los pueblos y afirmando que había que apreciar en cada caso concreto el carácter concreto de cada guerra. De ahí que con este articulo queramos levantar el alerta sobre la posibilidad de un giro a una guerra abierta interimperialista o a que el alineamiento de Zelensky con la OTAN decaracterice la justa guerra nacional. Pero, de momento, no nos parece que sea correcto cambiar las definiciones básicas que venimos manejando –se verá el desarrollo en las próximas semanas-.

20- Y es precisamente en el contexto que estamos señalando donde se coloca el peligro nuclear, el componente interimperialista llevado a la n potencia. Sencillamente porque Ucrania no tiene armas nucleares…Y en esto las responsabilidad caen del lado de ambos bandos imperialistas sumando en esto a Zelensky que viene dando un giro a la derecha sin fin llegando incluso a la provocación. Lógico que el bando ruso ha hecho masacres injustificables como en Mariupol o las fosas comunes descubiertas en muchos lugares; no es nuestra intención ni nuestra actitud legislar desde arriba y desde afuera sobre lo que es una guerra sangrienta, como toda guerra (guerra sangrienta que polariza las cosas hasta el paroxismo). Ahora bien: la dinámica de la escalada sin fin de un lado estando Rusia como imperialismo emergente y del otro lado, y cada vez más, la OTAN bajo cuyo paraguas actúa Zelensky, agranda los elementos interimperialista e introducen -de manera inicial pero con dinámica creciente- el problema nuclear.

21- El retorno del problema nuclear es una novedad radical. Radical en el sentido que no es algo más, es cualitativo, porque luego del crimen de lesa humanidad de Hiroshima y Nagasaky en agosto de 1945, nunca más se volvieron a utilizar armas nucleares. Durante la llamada “Guerra Fría” el pico del conflicto ocurrió cuando la crisis de los misiles en Cuba en 1962, pero finalmente el balance armado entre ambas potencias, EE.UU y la URSS, hizo que la hipótesis nuclear fuera a partir de ahí en escala descendente; la URSS se hundió sola entre diversas razones por la irracionalidad de la economía burocrática.

Sin embargo, el problema nuclear retorna hoy bajo la forma de las amenazas de Putin de utilizar al menos armas nucleares tácticas y la cadena de acciones y reacciones incontrolables que eso puede desatar. Lo dicho: la guerra tiende naturalmente hacia los extremos y esos extremos tiene que ver con dicha mecánica de acción y reacción amen de todas las vacilaciones alrededor de que hará el adversario y de si no conviene golpear primero para reducir costos.

De la lectura de diversos analistas surge la idea que no es tan mecánica la idea a un escenario nuclear: que las posibilidades del uso de este tipo de armas, mayormente tácticas antes que estratégicas, es decir, de menor alcance, sigue siendo bajas aunque agregan que, sin embargo, son crecientes. De ahí, también, las voces que sugieren que debería buscarse llegar a algún tipo de armisticio, lo que, evidentemente, no es nada sencillo, sobre todo si se impone la voz de los Estados, la voz de la geopolítica, por encima de la libre decisión de las masas involucradas en la contienda.

22- En la izquierda el abordaje de la guerra ha sido muy diverso: no ha sido un factor de unidad sino de dispersión. Esto se explica por varias razones, pero sobre todo por el carácter mismo del conflicto: a) por un lado, tiene la complejidad de ser un conflicto doble: de legítima autodeterminación nacional que amenaza a cada paso en transformarse en una guerra interimperialista -sin haber llegado aún a ser eso-, b) una justa lucha por la autodeterminación nacional con la contradicción de estar dirigida por una dirección pro imperialista occidental, algo sin muchos antecedentes y que dificulta en grado sumo o divide la simpatía con el pueblo ucraniano. La hipócrita campaña del imperialismo occidental hace que sea una bandera compleja de tomar de la izquierda; que no aparezca como una lucha emancipatoria en el sentido tradicional de peleas similares pero no iguales en el siglo pasado donde dichas peleas se procesaban por la izquierda.

23- Tampoco ha ayudado mucho la radical novedad de las fuerzas en pugna. Difícil en muchas partes del mundo entender al pueblo ucraniano con todas sus contradicciones y más difícil aún entender el legado –y el balance- del estalinismo. También es complejo asumir que China y Rusia fungen de nuevas potencias imperialistas en ascenso, China con un desarrollo económico evidentemente muchísimo mayor y Rusia en cierto modo retomando su senda histórica de un imperialismo atrasado, territorial – militar (es decir, no centralmente económico aunque en algunas áreas económicas sea muy fuerte –materias primas, aeroespacial, armamento, etc.).

24- Lo anterior ha llevado, grosso modo, a dos posiciones simétricamente erradas: a) los sectores sobre todo del trotskismo europeo encuadrados en la “IV Internacional” mandelista que, ubicándose correctamente en la defensa del derecho a la autodeterminación del pueblo ucraniano, perdieron completamente de vista los elementos de conflicto interimperialista que la contienda también supone y no se han delimitado ni una jota del imperialismo en sus propios países, algo gravísimo (es decir, de la OTAN). Por el contrario, han abordado a-críticamente la reaccionaria conducción de Zelensky de la defensa ucraniana y han apoyado a-críticamente el envió de armas, que sólo ha servido para incrementar los peligros guerreros además de servir de excusa para el rearme de la OTAN[11], b) de manera simétrica, está la izquierda campista que ve a Putin como mal menor, que considera que Rusia, más o menos, sigue siendo la ex URSS, es decir, un país no capitalista que habría que defender, lo que es una posición escandalosa por donde se la mire además de expresar cero empatía con las poblaciones oprimidas durante décadas por el estalinismo del cual no tienen balance alguno (esta posición ha sido característica de algunas corrientes con sede en la Argentina).

25- Pensar la originalidad de los desarrollos del siglo veintiuno exige dejar atrás las anteojeras del siglo pasado. Las coordenadas se han modificado cualitativamente y hay que ajustar la mirada a la realidad arrancando por un balance implacable de la experiencia del siglo pasado. Estas corrientes se han negado a hacerlo y de ahí su desubicación supina en relación a los hechos (“Una vez más sobre el carácter de la guerra en Ucrania”, izquierda web[12]).

26- Lo del apoyo incondicional a las sanciones y el envió de armas ha sido una trampa mortal. Escuchamos a muchas corrientes sacando de contexto afirmaciones de Trotsky de ochenta años atrás y en otro contexto, para defender esto. Lógicamente que los ucranianos necesitan armas para enfrentar la invasión rusa. Pero el problema no puede reducirse a lo estrictamente militar sino que arranca por un problema político: el tipo de alianzas que estableció Zelensky para enfrentar la invasión. Una dirección independiente habría hecho otro tipo de apelaciones, pedido el apoyo de otro tipo de país y no enfeudarse en el imperialismo occidental. La cuestión es compleja pero ahora se ven los costos de una orientación que solo ha azuzado los elementos interimperialistas del conflicto con las consecuencias del caso.

27- El conjunto de estos elementos plantea el problema de qué programa levantar en estos momentos. Desde ya que rechazamos los referéndums tramposos realizados por Putin sobre las cuatro regiones parcialmente conquistadas –apropiadas- y donde la línea de frente, por lo demás, es móvil. También rechazamos la excusa encontrada por los países de la OTAN para relanzar la carrera armamentística amén de expandir dicha alianza militar a más y más países además de la nueva doctrina “extra zona” de la misma (de un acuerdo militar para una actuación europea ahora resulta que es un acuerdo militar de alcance mundial).

28- Parte de esto último es la retórica de los medios en Occidente imperialista de “llevar la guerra hasta el final”, o que las nuevas provincias anexadas “son parte de Rusia” y retoricas militaristas geopolíticas interesadas semejantes. ¡Cómo si al imperialismo tradicional y los imperialismos en ascenso les importara un comino los derechos a la autodeterminación de los pueblos[13]!

29- Un programa realista que defienda los derechos de autodeterminación del pueblo ucraniano al tiempo que rechace la escalada interimperialista podría ser el siguiente: a) reafirmación del derecho a la autodeterminación del pueblo ucraniano, b) retorno de Rusia a los límites fronterizos de antes del lanzamiento de la ofensiva el 24 de febrero, c) rechazo a los referéndums tramposos de Putin, d) mesa de negociación para discutir la parte del Donbass que antes del inicio de la guerra estaba en manos de fuerzas pro-rusas, e) poner fin al envío de armas de la OTAN a Ucrania y relanzar la pelea del movimiento anti guerra contra la nueva carrera armamentística, f) disolución de la OTAN y todos los acuerdos militares), g) defensa de los sectores crecientes que pasan a la oposición en Rusia, h) repudio total a todo intento de utilizar armas nucleares en el conflicto, i) abajo la creciente confrontación interimperialista. Por el enfrentamiento principista al imperialismo del propio país uniendo a los pueblos de Europa occidental y Rusia en ese combate común, j) no a las sanciones económicas que afectan a las poblaciones rusas y europeas.

30- Lógicamente que estos puntos, sin estar en el terreno, entrañan toda una complejidad pero nos parece que aportan al menos una guía acerca de los ejes programáticos que debería defender la izquierda revolucionaria internacionalista en estos momentos.

 


[1]El conjunto de este reportaje es muy bueno a un estratega norteamericano en asuntos militares que es a la vez director del Quincy Institute for Responsible Statecraft (algo así como un instituto de estrategia geopolítica), un Instituto que plantea que Estados Unidos tiene que hacer mayores esfuerzos por ponerle un fin diplomático al conflicto en Ucrania.

[2]La tendencia hacia los extremos es una de las enseñanzas básicas sobre la guerra de Clausewitz aunque este marcaba tanto la tendencia polarizadora como el hecho que, en general, la política se interponía en dicha tendencia llevando a resultados que, en general, no significaban ni la derrota total ni el triunfo total en la contienda.

Lo que se deriva de esto para el conflicto ucraniano es que la agitación de Zelensky de “derrota total de Putin” tiende a agravar, en estos momentos, los desarrollos (atención que esta dinámica es cambiante y los peligros de desborde vienen de un lado u otro a depender de los momentos).

[3]Interesante al respecto es también la siguiente cita: “La máquina de la ‘planificación soviética’ no sirvió para satisfacer a nadie (ni clases, ni pueblos) provocando así una ruptura desde lo más profundo entre el centro ruso y los pueblos sometidos a tal presión. Esta fractura fue aún más evidente –si se quiere- en Ucrania, donde las relaciones de la mayoría de la población compuesta principalmente por campesinos estaban mucho más orientadas hacia Occidente, ya que la tradición comunitaria propia de algunas instituciones campesinas rusas del período zarista estaba totalmente ausente en el campo. Por lo tanto, el cambio en un sentido colectivista y de construcción del Estado provocó aun más resentimiento y oposición hacia Rusia [Acá la referencia velada, es a la tragedia del Holodomor, la gran hambruna de 1932-33 que costó a Ucrania 3.5 millones de víctimas y que, en medio de colectivizaciones, deportaciones, políticas represivas contra los campesinos hambrientos y el colapso de la producción, deconstruyó radicalmente ‘el tejido tradicional del campo de Ucrania central y oriental’, y contribuyó decisivamente a cambiar –radicalmente- su orientación tradicional hacia el mundo eslavo y específicamente ruso –nda]” (“El nacionalismo de Zelensky, Ilpungolorosso, 15/04/22, sin permiso).

[4]Stepán Bandera, “ídolo” de la independencia ucraniana y muy reivindicado por los últimos gobiernos de ese país, fue un genocida pro nazi convicto y confeso. Atención, de todas maneras, que la sociedad ucraniana es muchísimo más compleja que las caricaturas que se hacen de ella de que sería una sociedad de extrema derecha o cosas así. Aún a pesar de su extremadamente turbulenta histórica, conviven todos los matices de opinión con un relativamente fuerte movimiento obrero e, incluso, corrientes de izquierda (esto amén de la diversidad regional de culturas y opiniones).

[5]No se le escuchó a Zelensky la menor apelación a los pueblos sometidos del mundo (a las naciones dependientes o semicoloniales).

[6]Existe vasta documentación de que los bolcheviques bajo el segundo gobierno de Christian Rakovsky finalmente llegaron a comprender la necesidad para ganarse al campesinado –las ciudades principales sobre todo Karkov eran más pro rusas-, de reconocer la existencia de un derecho nacional ucraniano, una política vinculada a la lengua y la cultura que se mantuvo en Ucrania hasta el giro estalinista hacia finales de los años 20. Por su parte Trotsky ante el peligro que Ucrania cayera en manos del nazismo y a partir de la experiencia de repudio popular al estalinismo, postuló ya desde antes de la Segunda Guerra Mundial la necesidad de una Ucrania socialista independiente obrera y popular.

[7]“No hay señales que la clase obrera rusa apoye la guerra. Pero la clase obrera rusa es débil, derrotada por una enorme desindustrialización. La burocracia rusa es enorme; se pone del lado del gobierno sin importar lo que hace” (“Detrás del desastre ruso en Ucrania. Entrevista a Boris Kagarlitsky, 16/04/22, sin permiso). Y otra perla del mismo autor: “La Unión Soviética, que recuerdo, era cínica en un sentido sensato. Es decir, se mantenían algunos rituales pero la gente era cínica al respecto; eran rituales religiosos que son solo parte de la vida. Ahora quieren que la gente se entusiasme. Sino eres entusiasta, serás severamente castigado” (ídem).

[8]Sobre Taiwán existe un largo debate tanto sobre los orígenes históricos de la isla (si pertenecía a China o no antiguamente) como su evolución contemporánea, que tiende a ser que la población, de manera mayoritaria, rechaza sumarse a China. La situación en Taiwan rompe con el sentido común no solamente porque la mayoría de la población odia al Kuomintang que impuso una dictadura de hierro luego de 1949 (se la llama la “dictadura blanca”), sino, además, porque actualmente el Kuomintang, que es uno de los dos partidos mayoritarios del país (el partido de Estado propiamente dicho), está a favor de la unificación con China.

[9]Un análisis valioso sobre la rivalidad de Estados Unidos y China es “Crecen las tensiones entre China y Estados Unidos. Reportaje a Ho-FungHung”, publicado por Jacobin.

Por lo demás, el autor de referencia para seguir China y Hong Kong es Au LoongYu y de interés para seguir Taiwan es el blog del periodista Brian Hioe (lo que no quiere decir suscribir todas sus posiciones, claro está).

[10]Bihr y Thanassekos tienen un abordaje similar en este sentidos, aunque ya ven el conflicto como siendo dominado por el elemento interimperialista y a nosotros nos parece que hay que seguir –de momento- sosteniendo cierto equilibrio que no le quite legitimidad a la causa nacional ucraniana aunque sostenga, al mismo tiempo, la necesidad de otra dirección y de una perspectiva anticapitalista para la misma: “Estas tesis reconocen desde el vamos el carácter complejo del conflicto en curso, complejo en el sentido que combina dos conflictos diferentes en cuanto a sus dimensiones y en cuanto a lo que está en juego, y que nuestro análisis se propone precisar, articular y jerarquizar” (“La guerre en Ukranie eta la gauche anti-imperialiste. Une anticritique”, contretemps).

[11]En este sentido, aunque con acentos unilaterales –sectarios, que condiciona el derecho a la autodeterminación nacional- que no compartimos sobre la cuestión nacional, Alain Bihr y Yannis Thanassekos dan en el clavo cuando denuncian-alertan en relación al discurso de ciertos sectores de la izquierda que no se corre ni una coma de la hipócrita campaña del imperialismo occidental y sólo repiten una y otra vez “hay que enviar armas, hay que enviar armas”, pegándolos al imperialismo de sus propios países y dejándolos inermes frente al discurso de la OTAN:  “la aprobación de una parte de la izquierda radical de la ayuda militar de Occidente es simplemente inútil (…) no agrega nada al sostenimiento militar del cual Ucrania se beneficia de parte de los Estados occidentales (…) sin embargo, si la daña gravemente (…) al transformar a la izquierda en una fuerza supletiva de ‘nuestros’ gobiernos [imperialistas]” (“La guerre en Ukraine et la gauche anti-imperialiste. Una anticritique”, contretemps), una afirmación con la que coincidimos y formulamos meses atrás un argumento similar (“Sobre la dinámica de la guerra en Ucrania”, izquierda web).

[12]Las corrientes de origen latinoamericano parecen sugerir que a ellas no les toca llevar adelante el balance del estalinismo porque se encuentran “lejos” de Europa… Ignorancia no es justificación dice el adagio.

[13]La retórica nacionalista que crece en Rusia y China es parte de este mismo juego de potencias emergentes no emancipatorias. Sus perspectivas nada tienen que ver con las de la emancipación nacional, sino de la contraposición de unos imperialismos contra otros.

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