• Una expansión mayor del virus puede implicar un desborde de consecuencias impredecibles.

Por Marcelo Buitrago

Un  artículo del 15 de marzo publicado en La Nación de Adolfo Rubinstein, ex ministro de Salud macrista, titulado “Coronavirus: tenemos aún una ventana de oportunidad”, da cuenta de la llegada del virus al país, su próximo (actual) paso de “importación” a transmisión comunitaria donde ya no se puedan rastrear los contactos que originan el contagio, las características del sistema de salud argentino al que califica de “robusto y razonablemente preparado” y “la prioridad de tomar todas las medidas, por drásticas que parezcan, para aplanar la curva de aumento de casos, reforzando las medidas de contención e implementando medidas durísimas de distanciamiento social”. Como no describe a las últimas, no queda claro si endurecería aún más la actual cuarentena o la extendería en el tiempo, pero en líneas generales  es la política del gobierno nacional y de la mayoría de los gobiernos occidentales (salvo Trump y Bolsonaro): “aplanar la curva”. Cierra la nota poniendo énfasis en lo que ya es el latiguillo oficial “tenemos que ser responsables, conscientes y solidarios. Que podamos cambiar las cosas depende de todos”.

 

¿De quién es la responsabilidad?

La pandemia parece haber logrado en las voces oficiales que “vencer al enemigo invisible” sea obra y responsabilidad de la población, no sólo de las políticas sanitarias. Es indudable que si la cuarentena no se cumpliese masivamente, podría ser el caso. Pero los datos lo desmienten, la cuarentena se está cumpliendo: el 17/3 el uso del subte había caído a la mitad y el 22/3 un 97%, los trenes un 92% y los colectivos un 82%. Y no es total por los cientos de miles que se ven obligados a trabajar porque ahora su trabajo de repente es “esencial” o porque el trabajo precario los obliga a salir a la calle para alimentar a sus familias.

¿Por qué tanto énfasis entonces que “la derrota al enemigo es obra de todos”? Porque el gobierno ha dado poquísimos pasos más allá de la cuarentena; por empezar, la primera recomendación de la OMS, la de realizar test masivos para así aislar a los contagiados sin síntomas.

Siguiendo por la escasísima información pública suministrada. El Ministerio de Salud se limita a dar dos informes diarios de los nuevos casos y su distribución geográfica. Lo demás son todas declaraciones, algunas ridículas, como que la OMS nos felicita u otros países nos toman de modelo.

Así, a  pesar de las declaraciones  de descentralizar los test y que el Malbrán deje de ser el único en hacerlo, el reporte del 28/3 indica que se llevan constatados 2.817 casos negativos por laboratorio. Corea del Sur, con una población un poco mayor a la Argentina lleva 377.000.Tampoco hay datos oficiales de la infraestructura sanitaria y sus planes de refuerzo: todos son comentarios, títulos para los diarios, ningún documento; el último informe oficial del Ministerio de Salud es de 2018, con datos de 2017 y es súper general. En el mismo coincide  la nota de Rubinstein:

En el país hay 3.100 establecimientos con internación, 1.500 públicos y 1.600 privados  con 165.000 camas en total, 3,7 camas cada mil habitantes (el estándar de la OMS es de 8 camas para 1.000 habitantes). Además hay  8.000 camas de terapia  intensiva, 8,7 médicos y 7,8 enfermeras cada mil habitantes y 2.350 médicos de terapia intensiva.

Rubinstein da cuenta que “No conocemos los insumos que contamos (mascarillas, barbijos, camisolines, guantes) ni el equipamiento (reparadores, bombas de infusión)”.

El número de respiradores es un secreto, y Ginés, en su última presentación en Diputados, se negó a informarlo, mientras que La Nación informa de un pedido a China de 1.500 respiradores; el mismo medio especula con una cifra de 8.900 respiradores en todo el país, de los cuales 3.000 serían públicos.

Clarín informa que el sistema de salud público de la Ciudad cuenta con 6.300 camas y 215 respiradores, sin embargo la última licitación de mantenimiento de respiradores se hizo por 80 unidades. ¿Cuántos respiradores funcionando hay en la Ciudad? Rodríguez Larreta anunció que sumaron  80 respiradores y que comprarán otros 100, el problema es que se necesitarán miles, ¡no decenas!

En la Provincia también todas son declaraciones: según el Directo de Hospitales “Los hospitales provinciales tienen 800 camas de terapia operativas en este momento, y estamos buscando sumar 900 camas más; a eso hay que sumar los municipios, que hoy tienen 500 camas, pero que readecuando llegan a 900 más; las UPA van a ofrecer 500 camas” y el sector privado, contando al sector sindical también, tiene 2.000 camas de terapia intensiva».

Recientemente el Ministerio de Salud provincial informaba sobre la adquisición de “500 nuevas camas de terapia intensiva, 400 monitores multiparamétricos y más de 9.500 determinaciones para diagnóstico del virus, entre otros insumos indispensables para dar respuesta en esta crisis”; los aportes de ser ciertos, son minúsculos! Ni hablar del “refuerzo” simbólico de 1.000 protectores oculares y 2.000 barbijos tipo N95.

Rubinstein recoge los datos que permiten empezar a entender el coronavirus: el 80% de los infectados, presenta formas leves, 15% formas más severas que requieren internación hospitalaria y un 5% requiere uso de respiradores, y concluye: “como ningún sistema de salud, aun los más avanzados del mundo, pueden resistir una epidemia de grandes proporciones sin colapsar, hay que tomar medidas drásticas… para que la curva de crecimiento de casos se aplane y los casos nuevos vayan apareciendo más lentamente.”
Este es el centro de la cuestión. ¿Por qué todos los sistemas de salud no sólo están destinados a colapsar sino que además la única alternativa  es “aplanar la curva”?

Porque  después de décadas de desfinanciamiento, en el país y en el mundo, la distancia entre los recursos actuales y los posiblemente necesarios es tan, pero tan grande, que hace falta una verdadera “revolución sanitaria” que cuestione el paradigma del sistema de salud capitalista para enfrentar la pandemia. En los gráficos vemos los  modelos para el Reino Unido del Imperial College de Londres y las curvas de necesidades de camas de terapia en base a la amplitud de la cuarentena que se aplique: las camas críticas (8 cada 100.000) es esa línea roja que se ve allá abajo muy  abajo, casi en el piso. El segundo cuadro amplía la parte baja del primero para que sea legible y se ve, como en el mejor escenario, la necesidad se vuelve a disparar al abandonar  el distanciamiento social en setiembre de 2020 (el área celeste es el periodo de distanciamiento social).

 

Los posibles escenarios para el país

El ministro de Salud declaró que espera el pico de infectados de coronavirus para fines de abril o principios de mayo y señaló que una proyección matemática indica que podrían ser 250.000 los casos registrados este año. “Son modelos de simulación. Es un modelo matemático que venimos haciendo”, ¿pero dónde está el modelo y cuáles son los supuestos con los que se hizo?

El difícil creerle al ministro. Declaraba el 23 de Enero cuando China llevaba 17 muertos: “No hay ninguna posibilidad de que exista coronavirus en la Argentina, salvo que sea importado”. El único detalle es que la importación la sufrieron al día de hoy 180 países.

Días más tarde  insistía: “La situación de Argentina es mejor a la de otros países porque estamos muy lejos, no hay vuelos directos y estamos en verano, que es cuando este tipo de virus funciona menos”. El 26 de febrero volvía a asegurar: “el coronavirus no es tan grave” ya que “tiene un riesgo moderado” menor al del dengue y  “no es una enfermedad tremenda. En el 80 u 85% de los casos es leve”. Finalmente  que “esperábamos una ocurrencia del fenómeno un poco más tarde”.

El Imperial College de Londres ha publicado sus modelos matemáticos y sus supuestos para quien los quiera ver. Los escenarios proyectados para Argentina son: No hacer nada en la primer fila,  supresión más temprana en la segunda fila y más tardía en la tercer fila. Como todo modelo, se basa en supuestos que desarrollamos al pie del cuadro. El modelo no pretende pronosticar el número de casos, sino distintos escenarios, que pueden variar según el curso de acción del gobierno, la propia mutación del virus, y una pregunta para cual nadie tiene respuesta: ¿Cuánto va a durar la pandemia? Además que es muy difícil cuantificar el distanciamiento social real, mientras gran cantidad de fábricas sean consideradas “esenciales”.

Supuestos del modelo: Argentina es país de ingresos medio-altos, los que tienen entre 2,08 y 3,41 camas de hospital cada 1.000 habitantes, la supresión supone una reducción a gran escala del 75% de los contactos interpersonales, durante 250 días, la que se activa con 0,2 muertos cada 100.000 habitantes por semana (90,39 para argentina) o más tardía de 1,6 cada 100.000 (723,13) para Argentina) y la tasa de reproducción es de 3 (tasa de contagio), con una incubación de 4,58 días. Los otros supuestos son que los países de altos ingresos tienen mayor riesgo de mortalidad  por tener un porcentaje de población de más de 65 años mayor que el resto, mientras que los de bajos ingresos el riesgo es menor por tener poblaciones más jóvenes. Se asume que la mortalidad ocurre 21 días después de los síntomas, con 8 días de hospitalización y 8 días adicionales de terapia de ser necesario. Asigna una relativamente baja tasa de mortalidad al país. Según el cuadro, el país debería tener valores inferiores a los del segundo renglón porque inició la supresión antes, si se cumpliese el 75% de aislamiento ¡y lo mantuviese hasta setiembre!

Según Rubinstein: “si tuviésemos 10.000 infectados implicaría la internación de 1.500 pacientes, 500 en terapia intensiva y 250 necesitarán ventilación mecánica.” Pero esto es una expresión de deseos y un ejercicio matemático. Porque  también comenta que “durante la epidemia de Gripe A fueron hospitalizadas 14.000 personas por afecciones respiratorias, se notificaron 1.500.000 casos de influenza el 3,5% de la población, con 600 muertes; si se repitiese este escenario, el sistema de salud estaría al borde del colapso” Pero sus propios números lo  desmienten: el colapso sería total, lo que elevaría la mortalidad, salvo que el aislamiento social se prolongase por meses.

La cuarentena es imprescindible pero es insuficiente: lo dice la propia Organización Mundial de la Salud. Necesitamos una revolución  sanitaria que empieza por  tomar medidas para  evitar la tragedia de España e Italia, con su altísima tasa de contagio entre el personal sanitario (10.000 infectados para España el 14% del total, un porcentaje que duplica al de Italia y sus más de 5.700 infectados) proveyendo la protección adecuada, continúa por la realización de test masivos y  la nacionalización de la salud privada y  la  de laboratorios y  toda la industria proveedora de insumos médicos para multiplicar su producción, la multiplicación de camas de terapia (y sus correspondientes instalaciones, la camas no van en un pasillo!) y respiradores, la capacitación urgente de terapistas, la duplicación del salario de todo el personal de la salud pública, el cese del trabajo precario: la Asamblea de Residentes y Concurrentes de CABA denuncia que quieren obligar a los concurrentes a trabajar sin siquiera el miserable bono del gobierno,  y  no ya sin insumos, sino sin  ART.

Y para continuar el distanciamiento social,  es necesario prohibir los despidos y garantizar un ingreso de subsistencia a los millones de precarizados y desocupados del país.  No es  el aparato represivo el que va a derrotar al virus, sino el cambio radical del sistema sanitario y de las condiciones materiales de vida. La salud y la vida de los trabajadores primero!

 


https://www.clarin.com/politica/horacio-rodriguez-larreta-negocia-hoteles-sindicales-atender-pacientes-coronavirus_0_4h-sv_-Sa.html

https://www.latecla.info/5/108943-coronavirus-con-cuntas-camas-de-terapia-intensiva-se-cu

https://es.statista.com/grafico/21181/numero-de-tests-de-covid-19-realizados/

https://www.imperial.ac.uk/media/imperial-college/medicine/sph/ide/gida-fellowships/Imperial-College-COVID19-Global-Impact-26-03-2020.pdf

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