• La medida del toque de queda hoy rige en más de cuarenta ciudades, en veintiuno de los cincuenta y dos estados la Guardia Nacional fue desplegada.

Por Luz Licht

La promesa de Donald Trump de militarización de las calles a fin de endurecer la respuesta para aplastar las protestas contra el racismo y la violencia policial luego  del crimen de George Floyd no hizo mermar la presencia contundente de las y los cientos de miles en las calles. Quienes lo desafían heroicamente protagonizan una ya histórica rebelión en los Estados Unidos.

De momento, el presidente solo pudo concretar su amenaza, desplegando miles de militares armados en las calles de Washington DC. Por su parte, el propio Secretario de Defensa, Mark Esper, hizo público ayer su desacuerdo en implementar la Ley de Insurrección de 1807 para tratar de frenar las masivas protestas. Otros funcionarios como el jefe del Pentágono, o gobernadores y alcaldes salieron ya a rechazar tal recurso.

Sin embargo, la medida del toque de queda hoy rige en más de cuarenta ciudades, en veintiuno de los cincuenta y dos estados la Guardia Nacional fue desplegada, y en algunos estados como Texas, Virginia y Arizona se ha declarado el estado de emergencia.  La diferenciación discursiva por parte de los gobernadores y alcaldes demócratas, no se condice con la sostenida represión que aplican al calor de la continuidad de la presencia de cientos de miles en las calles pese al toque de queda.

De acuerdo a las cifras que circulan en los distintos medios nacionales e internacionales, al día de ayer, miércoles 3/6, ya hay más de 9mil detenidos/as entre los manifestantes. Cifra enorme, que se duplico en las últimas horas luego del discurso y la amenaza de Trump de días atrás. El despliegue represivo se acrecienta con el correr de los días y la continuidad de la rebelión.

Por ello aumentan la cifra de muertos en manos de la policía y la Guardia Nacional en las protestas, la mayoría jóvenes afroamericanos, se habla ya de 7 muertes. La provocación llego a extremos como lo ocurrido en Louisville (Kentucky) este lunes, cuando ambas fuerzas luego de dispararle y matar al comerciante afroamericano, David McAtee de 53 años, dejaron su cuerpo por 12 horas tendido. La demora, según las autoridades, fue producto de los procedimientos e investigaciones “pertinentes”.

Las y los trabajadores de prensa también han sido víctimas de la represión durante la cobertura de las protestas. También en Louisville, una periodista y el camarógrafo durante una transmisión en vivo fueron alcanzados por disparos de balas de goma. En Minneapolis, ciudad del crimen contra George Floyd, una fotoperiodista recibió un disparo en el ojo. Allí llegaron a detener a un trabajador de prensa afroamericano y a todo su equipo.

Para no realizar un mapeo sesgado de la actual situación, si la represión continúa y se intensifica, es porque así lo hacen las manifestaciones a lo largo de todo Estados Unidos y también otras ciudades del mundo. La respuesta a las amenazas del neofascista Trump son contundentes, las movilizaciones se mantienen masivas y firmes, la rebelión contra el racismo sigue en pie.

Como resultado inmediato de las mismas, se ha logrado no solo la detención del policía asesino, Dereck Chauvin, a quien tras un cambio de carátula como consecuencia de los resultados de la autopsia (y la presión y movilización popular), se acusa de homicidio en segundo grado. Los otros tres oficiales que participaron del crimen han sido imputados también el día de ayer.

Queremos resaltar que estos hechos son casi inéditos, si tenemos en cuenta el historial de impunidad que pesa sobre los hechos de violencia racial por parte de miembros de la policía estadounidense. La impunidad de la que han gozado los miembros de las fuerzas represivas y sus crímenes racistas a lo largo de décadas, no podría haberse sostenido sin el visto bueno de la justicia, el estado y los distintos gobiernos capitalistas de ese país.

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