• Hambre. Se cuentan por millones los estadounidenses que hacen filas durante horas, muchos quedándose desde la noche anterior, para recibir ayuda de los bancos de comida.

Por Florencia Alegría

A su vez, crece la preocupación desde los voluntarios y organizadores, ante la inminente posibilidad de no llegar a abastecer la demanda que se les presenta, se trata de cuadras y cuadras de fila. Una imagen gris que recuerda a la Gran Depresión en muchos sentidos.

No podemos dejar de señalar que los desempleados en Estados Unidos ya se cuentan por millones. En cuestión de un par de semanas de declarada la cuarentena, más de diez millones de personas perdieron sus puestos de trabajo. El número en total de nuevos desempleados alcanzó los 22 millones en las cuatro semanas luego de que Trump declarara la emergencia, y según el Washington Post no se han visto números de desempleo de esta magnitud desde 1929 y hay economistas que estiman un desempleo que en su totalidad ya ronda un 20%.

La preocupación crece y la ayuda es insuficiente. Estados Unidos ya superó las 40.000 muertes por coronavirus y pronto llegará a los 800.000 infectados. En medio de esta crisis sanitaria, los nuevos y viejos pobres se encuentran en una situación donde por horas forman largas colas por comida, muchos de ellos todavía esperando el cheque del gobierno federal. Trump ya aclaró que para los inmigrantes sin papeles no habrá cheque, a pesar de ser quienes junto con los afroamericanos encabezan el números de muertes en Nueva York, la ciudad más afectada.

Mientras tanto, varios estados y el gobierno federal presionan para que se flexibilice la cuarenta en contra de las recomendaciones de la OMS, organismo al que, de todas formas, Trump le suspendió el financiamiento. Claro está, la preocupación del gobierno es la economía, la productividad y, claro está, las ganancias de los capitalistas que presionan en contra del parate económico. Los trabajadores pagan las consecuencias, con o sin cuarentena: la alternativa es morir por Covid-19 o por el hambre.

Si algo es claro es que las medidas del gobierno de Trump son insuficientes y llegan tarde. Tuvo que retroceder de su posición negacionista de desestimar el “virus chino” y ahora agita por redes sociales que se levante la cuarenta en aras de la productividad. Le falta todavía destinar a la salud un presupuesto mayor del que le destina al rescate a las empresas, garantizar insumos para el personal de salud y las camas necesarias, entre muchos otros reclamos de la población. Por otro lado, falta pensar el problema de la economía desde el punto de vista de los trabajadores que quedaron desempleados, las familias que hacen filas eternas para conseguir algo que comer o aquellos trabajadores informales o que hacen changas, de los cuales muchos quedaron fuera del cheque del gobierno.

Una postal de la crisis capitalista en la potencia más rica de la historia humana.

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