• No hay observador serio que no lo diga: las movilizaciones de masas no cejan y siguen creciendo a lo largo de todo el país del norte y se extienden a otros continentes. Así fueron los últimos siete días de rebelión.

Por Agustín Sena

Mientras las movilizaciones por justicia para George Floyd y contra el racismo continúan desarrollándose en lo que ya se configura como la mayor rebelión de las últimas décadas en los Estados Unidos y se transmite a todo el mundo, presentamos un breve repaso de los acontecimientos de la última semana para seguir de cerca el desarrollo de una lucha que ya es histórica.

Domingo 31 de mayo: Trump se lanza públicamente a la ofensiva. Luego de hablar de “comenzar los tiroteos” contra las manifestaciones pocos días atrás, ataca al movimiento ANTIFA al categorizarlo como terrorista, achaca la responsabilidad de las movilizaciones a la “extrema izquierda” y agita la amenaza de la militarización, anunciando el envío de miles de soldados a Washington D.C. para reprimir la rebelión, tilda de débiles a los gobiernos estatales y les exige que utilicen a las unidades de la Guardia Nacional presentes en cada jurisdicción.

Lunes 1 de junio: La rebelión llena Washington D.C. y cerca la Casa Blanca, la capital llega a la noche literalmente prendida fuego. La movilización se enfrenta a la Guardia Nacional en las puertas de la Casa Blanca, que apaga sus luces luego de 31 años y Trump corre a esconderse en un búnker subterráneo. Los manifestantes bloquean autopistas en distintos puntos del país, como Los Ángeles y Philadelphia. Se profundizan las muestras de solidaridad desde distintos sectores. En Washington D.C., la policía intenta expulsar a los manifestantes desde el centro de la ciudad hasta los barrios residenciales para dispersarlos y endurecer la represión. Sin embargo, varios vecinos refugian a cientos de manifestantes en sus casas, donde se viviría un verdadero asedio en el cual la policía lanzó gases lacrimógenos a las residencias e incluso intentó allanarlas. Los vecinos y manifestantes defienden las casas exitosamente, y logran proveerles asistencia médica y legal a los manifestantes, además de refugio durante más de 8 horas. En Ferguson, Misuri, los manifestantes marchan con una guillotina.

Martes 2: Miles de personas movilizadas en Washington D.C. desafían el toque de queda de Trump y cercan la Casa Blanca una vez más. Banderas yankees arden en las puertas de la Casa Blanca. En Louisville, Kentucky, los manifestantes le hicieron frente a la policía y confluyeron los reclamos por George Floyd y David McAtee, un manifestante negro asesinado por la policía el día anterior. En barrios blancos de Philadelfia, grupos de blancos “patrullan” las calles con bates de beisbol y hostigan a los manifestantes negros en cooperación con la policía.

En Europa continúan las movilizaciones en solidaridad con la rebelión, los manifestantes enfrentan a la policía en París, donde enormes marchas exigen justicia por Floyd y Adama Traoré, un joven negro asesinado por la policía francesa. La izquierda se moviliza en solidaridad en Buenos Aires.

Miércoles 3: A una semana del estallido de la rebelión, cientos de miles siguen sumándose a las movilizaciones en todo EEUU y desafiando el toque de queda. De la capital en Washington D.C., pasando por las grandes ciudades como Nueva York, Chicago, Los Ángeles, hasta el Sur y las ciudades menores del interior del país, la movilización marca el centro de la escena política y las masas siguen teniendo la iniciativa en sus manos.

En algunas ciudades como Nueva York, los trabajadores de la salud (que vienen enfrentando la pandemia y en algunas ciudades se manifestaron contra los grupos trumpistas anti-cuarentena) se unen a la movilización. El Jefe del Pentágono, Mark Esper, rompe con el gobierno de Trump y lo critica abiertamente por su respuesta represiva a la rebelión, en un signo de posible crisis y división entre la burguesía yankee. El monumento a Lincoln en Washington D.C. amanece militarizado por temor a la movilización.

Las muestras de solidaridad llegan a Nueva Zelanda y también a Grecia, donde se organizan movilizaciones a la Embajada de Estados Unidos. Los manifestantes resisten la represión con cócteles molotov. En San Juan, Puerto Rico, las movilizaciones en apoyo a la rebelión llegan a la Casa de Gobierno portando una guillotina, en mensaje muy claro al gobierno colonialista de EEUU y su gobernador en Puerto Rico.

Jueves 4: Se desarrolla el funeral de George Floyd, que se transforma en una enorme movilización. Presionados por los manifestantes, algunos oficiales de la policía y militares se arrodillan como muestra de solidaridad con las manifestaciones en distintas ciudades. La autopsia de George Floyd confirma que la causa de su muerte fue la asfixia infligida por la policía.

Viernes 5: Mientras Trump lanza frases irreales y provocadores como que “George Floyd nos está mirando desde arriba y piensa que hoy es un gran día para la democracia”, la rebelión continúa su curso. En Atlanta, Georgia, uno de los epicentros de la rebelión antirracista, las Panteras Negras encabezan la primera línea de la movilización, en una señal de desafío al monopolio de la fuerza por parte de la policía racista y a los grupos supremacistas, en un país como EEUU cuya legislación pro-armamento siempre ha redundado en el fortalecimiento de los mismos.

En el Estado de Virginia, los manifestantes grafitean con consignas antirracistas el monumento a Robert E. Lee, uno de los generales de la Confederación esclavista durante la Guerra Civil estadounidense. Washington D.C. amanece con una enorme pintada de “Black Lives Matter” frente a la Casa Blanca. El toque de queda, que rige en más de 40 ciudades, y la Guardia Nacional desplegada en 21 Estados es desafiada por la movilización.

La rebelión resuena en Palestina, donde el pueblo oprimido por el apartheid sionista se solidariza con la lucha antirracista del movimiento negro, organizando grandes movilizaciones con la consigna Black Lives Matter. En Guadalajara, México, surgen movilizaciones espontáneas que se enfrentan a la policía y cercan el Palacio de Gobierno en respuesta al asesinato de Giovanni Lopez a manos de la policía por no usar tapabocas.

Sábado 6: Sarah Grossman, una estudiante universitaria recién graduada de 22 años, muere en Columbia, Ohio, como resultado de gases lacrimógenos lanzados por la policía que agravaron su asma. Miles de personas continúan movilizadas a lo largo del país. En los barrios de Atlanta (Georgia), los vecinos negros corren a la policía de la calle echándoles agua.

Miles marchan en Londres, Manchester, París, Berlín y Turín.

Domingo 7: Las movilizaciones siguen ocupando las calles a lo largo del país, con grandes concentraciones en Washington, Nueva York y otras ciudades. En la capital, miles de personas se movilizaron frente al Congreso y el Monumento a Lincoln para luego confluir en la Casa Blanco en lo que los medios denominaron “la mayor protesta por la muerte de George Floyd”, marcando la tónica ascendente que mantiene la rebelión. No queda un solo Estado sin movilizaciones antirracistas. Ante la condena popular a la policía racista, la quema de comisarías y el repudio al propio alcalde (que fue expulsado de la movilización al grito de “VERGÜENZA” por los manifestantes que exigían la disolución de la policía), el ayuntamiento de Minneapolis habla de “desmantelar” el departamento de policía de la ciudad. Los manifestantes asesinados por la represión policial y para – policial ascienden a (por lo menos) 21. El Partido Demócrata, que se mantuvo vergonzosamente al margen del proceso de la rebelión y reprimió brutalmente en los Estados que gobierna, intenta legitimarse políticamente agitando una supuesta “reforma policial”, cuando el espíritu claro de la rebelión no se dirige a hacia la reforma de las fuerzas represivas sino a ponerle un punto final al racismo y la represión.

En Inglaterra, donde las manifestaciones en solidaridad a la rebelión vienen siendo especialmente fuertes, son derribadas estatuas de Winston Churchill (Londres) y de Edward Colston (Bristol), uno de los mayores traficantes de esclavos negros, que capturó y esclavizó a 80.000 africanos en el siglo XVIII. Las manifestaciones por George Floyd y BLM llegan a Bélgica, con movilizaciones en Bruselas que sufrieron una dura represión de la policía montada. La misma escena se repite en Berlín, Alemania. Decenas de miles marchan en Melbourne, Australia.

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