• Estados Unidos superó las 4.500 muertes por coronavirus y trepa en la escala de los países más afectados. Trump dijo que podría haber entre 100 mil y 240 mil víctimas fatales al finalizar la pandemia.

Por Redacción

Estados unidos está trepando en la escala de los países más afectados por la pandemia global del Covid-19. Con más de 4500 muertes y 200.000 casos confirmados, EEUU superó a China y más que duplicó el número de víctimas fatales en los últimos tres días (el sábado estaban en 2010) según el recuento de la Universidad Johns Hopkins, que ha desarrollado un mapa interactivo para seguir el despliegue del virus a nivel global.

Las Unidades de Cuidados intensivos están desbordadas por la afluencia de nuevos pacientes, y todo indica que el escenario se acerca a las dramáticas imágenes que vimos en Italia y España, con el agravante de ser un país mucho más poblado, todavía el centro de la economía mundial con miles más de contactos con el resto del mundo.

La situación es particularmente grave en la ciudad New York, donde ocurrieron aproximadamente el 40% de las fatalidades (1139 muertes en la ciudad más 579 dentro del estado de Nueva York) y que,  siendo una megalópolis de más de 20 millones de habitantes, es hoy uno de los principales focos urbanos de la enfermedad a nivel mundial.

En un discurso televisado, Trump advirtió a los estadounidenses que las próximas “serán dos semanas muy, muy dolorosas” e informó que la estimación oficial, si se logra mantener el distanciamiento y la disciplina social, es de entre 100 mil y 240 mil muertos por coronavirus al finalizar la pandemia.

En un intento por alarmar a la población para que cumpla con el aislamiento, mostró un gráfico oficial que estima que, de no respetarse el aislamiento, los muertos podrían trepar hasta 2 millones. «Quiero que todos los estadounidenses estén listos para los días difíciles que se avecinan», enunció en un tono serio y grave. Así, la presente crisis entraría en el podio de los eventos históricos con más estadounidenses muertos, junto a la Guerra de Secesión y la Segunda Guerra Mundial. Ciertamente, la catástrofe en ciernes se está convirtiendo en una de las que entran en los manuales de historia.

La nueva orientación del gobierno representa un giro de 180° frente a su política inicial. Hasta hoy, la orientación de su discurso iban en el sentido de la necesidad de normalizar cuanto antes la actividad económica, que el “remedio” podía llegar a ser “peor que la enfermedad”.

En su cuenta de Twitter, enfatizaba: «NO PODEMOS DEJAR QUE EL REMEDIO SEA PEOR QUE EL PROBLEMA EN SÍ MISMO ¡AL FINAL DEL PERÍODO DE 15 DÍAS, TOMAREMOS UNA DECISIÓN DE CUÁL ES EL CAMINO POR EL QUE QUEREMOS IR!».

 

«Si fuera por los médicos, dirían mantengamos todo cerrado: cerremos el mundo entero», ”No le puedes hacer eso al país, especialmente a la primera economía del mundo».

Trump no sólo es el presidente del principal país imperialista del mundo, es un magnate de la clase capitalista que pone en primer lugar los intereses de los suyos. De hecho, los propios negocios del imperio Trump (resorts, hoteles y campos de golf), según informes, están sufriendo gravemente la contracción económica del país.

El giro de Trump se debe a que la escalada de la crisis del COVID-19 puede ser peligrosa para los propios dueños de los Estados Unidos.

El miércoles 25, se aprobó en el senado un plan de rescate que representa la mayor inyección de dinero de emergencia en la economía en la historia de Estados Unidos, más incluso que los rescates financieros de 2008 y las inversiones estatales masivas del New Deal.

El secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, amenazó con que el desempleo podría alcanzar el 20% producto de las medidas de prevención del virus. Un informe de Goldman Sachs estima que el producto interno bruto de EE.UU. en el segundo trimestre podría contraerse en un 24%, lo cual dista mucho del récord anterior de 10% registrado en 1958.

Sin embargo, a medida que fueron pasando los días, algunos funcionarios y personalidades políticas, incluso del propio Partido Republicano, salieron al cruce de la política trumpista de reactivación económica.

Steve Bannon, ex jefe de campaña de Trump, abogó por la imposición de un severo control social. «Que caiga el martillo, no mitigar el virus, no administrar la curva, ¡romper la curva!», dijo durante una entrevista con Fox News. «Enfrentar al virus en este momento con un cierre total, utilizar el estímulo (fiscal) para salvar la crisis económica».

Por otra parte, el senador republicano Lindsey Graham, se expresó en el mismo sentido: «La mejor decisión del presidente Trump fue vetar los viajes desde China desde el principio», escribió en Twitter. «Espero que no socavemos esa decisión al sugerir que retrocedamos las políticas agresivas de contención dentro de Estados Unidos».

Un  número creciente de gobernadores estatales comenzaron a ordenar mayores restricciones, tanto de movimiento como de reuniones en las distintas regiones. En Estados Unidos rige un modelo de Estado federalista que permite a los gobiernos locales cierta independencia para definir sus decisiones de gobierno. Aunque por lo general no se amenaza con romper tan abiertamente la orientación nacional, como ha pasado durante esta crisis.

La política negacionista de la administración de Trump ha desperdiciado tiempo valioso y permitido que el virus se expanda libremente en los Estados Unidos.

El sistema de salud estadounidense, sumamente privatizado, está por pasar por una prueba histórica. Uno de los puntos más dramáticos, el más evidente, es que las millones de personas que no tienen cobertura de salud estarían en principio a merced del contagio sin atención. Para muchos que sí la tienen, no obstante, podría sucederles lo que a otras personas en el mundo con su salud privada: que les nieguen la atención porque el Coronavirus y las pandemias desconocidas no están incluidos en sus programas de atención.

Sin embargo, esta no es más que la punta del iceberg de la crisis en ciernes. Como muchos especialistas han señalado, la propia organización del sistema de salud (incluso la estatal) está organizada al estilo «just in time», preparada para un mínimo de atención en siguiendo criterios de mercado: la logística y la preparación tienen la capacidad de atender la demanda «normal», sin ninguna previsión para el futuro. La principal potencia del mundo corre riesgos reales de perder miles y miles de vida porque no cuenta con los recursos para atenderlas. Lo más dramático es que la potencialidad productiva y humana para hacerlo claramente existen: es la lógica de una sociedad organizada para el lucro la que se ha dejado indefensa a sí misma.

La lógica mercantil de la salud en la que sólo se satisface «la demanda» invirtiendo según las fluctuaciones de los precios y sin otra visión a futuro que las cotizaciones en la bolsa puede estar pisando los umbrales de una crisis terminal… o una catástrofe inimaginable para las generaciones que hoy pisan el mundo.

En el mismo sentido de los problemas de logística y organización del sistema de salud, la administración de Trump desmanteló el aparato de contención de pandemias que dependía del gobierno federal: en 2018 despidió a Timothy Ziemer del Consejo Nacional de Seguridad y a todo su personal preparado para la contención de pandemias. Lo hizo sosteniendo que esa organización no era necesaria y que había que ahorrar costos… La «unidad de seguridad sanitaria mundial», así, dejó de funcionar dos años antes del estallido de la peor pandemia en cien años.

La dirección de la clase capitalista estadounidense ha demostrado ser increíblemente decadente, incluso a niveles insospechados por quienes ya los mirábamos con asco, y puede estar llevando al pueblo yanqui a una inenarrable tragedia.

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