En las últimas semanas surgieron varios brotes de contagio concentrados en lugares de trabajo que encienden las alarmas en países que parecían tener la epidemia bajo control.

Por Agustín Sena

Mientras la curva de contagios aumenta y se empieza a anticipar el primer “pico”, en otros países del planeta ya se están reanudando parcial o totalmente las actividades luego de meses de cuarentena. Sin embargo, en las últimas semanas surgieron varios brotes de contagio concentrados en lugares de trabajo que encienden las alarmas en países que parecían tener la epidemia bajo control.

En Singapur, uno de los Estados que parecía haber controlado el contagio de manera temprana, se ha dado un rebrote desde abril a partir de la propagación del contagio en los lugares de trabajo de los trabajadores migrantes, que llegan desde el Sur de Asia para trabajar en la industria (mayormente en la construcción), y especialmente en las precarias viviendas donde se alojan, en las que pueden convivir hasta 20 personas compartiendo baños y comedores, condiciones que parecen del siglo XIX e imposibilitan toda forma de distanciamiento social. De los últimos 41.000 casos del país, 39.000 (el 94%) fueron registrados en estos sectores.

Sin embargo, este problema no se limita a países periféricos. En Canadá y Alemania se repite el problema alrededor de los trabajadores migrantes, ya que existen sectores enteros de la economía que explotan esta mano de obra ultra – precarizada. En Ontario, Canadá, el contagio estalló entre los trabajadores rurales, que viven sin ningún tipo de estabilidad laboral ni social, trabajando más de 60 horas semanales en el campo, sin poder parar ni para utilizar un baño, y viviendo en dormitorios colectivos de hasta 40 personas en la misma habitación, con baño compartido y sin calefacción. Hasta esta semana hubo 350 contagios en 17 establecimientos agrícolas, pero con semejantes condiciones sorprende es inevitable que los números sigan subiendo.

En el caso alemán, el contagio apareció en la industria de la carne. En mataderos y frigoríficos de distintos puntos del país se desataron cientos de contagios a partir de pésimas condiciones de trabajo. Las bajas temperaturas de las cámaras frigoríficas (entre 5 y 12 grados) y la humedad aumentan la posibilidad de contagio, sumadas a condiciones de higiene de por sí paupérrimas (hablando de espacios de trabajo donde decenas cientos de trabajadores trozan reses uno junto al otro). El brote combina una gran extensión en mataderos de todo el país (mostrando que se debe a condiciones generales de esta rama de la economía) con casos específicos de contagio muy concentrado. En la ciudad de Gutersloh, en el Oeste, más de 1000 trabajadores se contagiaron en un mismo matadero, que debió ser clausurado y obligó a poner a 7000 personas de la región nuevamente en cuarentena. En Alemania, gran parte de los trabajadores de la carne son como en los casos anteriores inmigrantes y empleados temporales, altamente precarizados. Son condiciones que esta rama comparte internacionalmente: en el resto de Europa y en Estados Unidos (dónde ya hubo más de 20.000 contagios en la industria de la carne) se ha denunciado el incumplimiento patronal de las medidas básicas de higiene y distanciamiento para prevenir el contagio, e incluso se podrían nombrar algunos casos de contagio en los frigoríficos de la Argentina.

En Corea del Sur, país que muchos analistas y medios propusieron como modelo del tratamiento de la pandemia por su alta tasa de testeos, también están volviendo a aparecer brotes, en este caso alrededor del negocio de los deliverys que esta viviendo un boom en todo el mundo.. La empresa de electrónica Coupang registró en las últimas semanas 150 casos confirmados (80 de trabajadores y el resto de clientes), luego de que inaugurara 2 nuevas plantas de logística para abastecer la alta demanda de de reparto de alimentos y otros productos esenciales que se disparó con la cuarentena. También en este caso, en contextos de oficina y de cadetería, la tasa de trabajadores temporales es muy alta, sumado al hacinamiento en pequeñas oficinas. En respuesta al brote, 4100 personas ligadas a Coupang volvieron al aislamiento y se decidió cerrar los establecimientos no esenciales en la ciudad (estaban abiertos hasta los museos y boliches).

En la Argentina vienen apareciendo progresivamente casos similares, especialmente en los supermercados (el escandaloso caso de Coto, que obligó a trabajadores sospechosos de contagio a seguir trabajando y se negó al cierre de sucursales con casos confirmados) y las cadenas de comida rápida, que registró varios casos confirmados en McDonald’s y Burger King, y que el último fin de semana hacinó cientos de trabajadores de reparto en las puertas de sus locales sin ningún tipo de medida de prevención.

Lo que marcan todos estos casos particulares es una tendencia común a la gestión capitalista de la pandemia en todo el mundo mundo: reabrir la economía luego de algunos meses de cuarentena sin ninguna solución de fondo, sin vacuna, sin reconversión del sistema de salud ni de la industria y sin siquiera garantizar condiciones básicas de higiene en los lugares de trabajo. Cuando se trata de proteger la salud de los trabajadores, los gobiernos burgueses no solo no han estado a la altura de la pandemia sino que no siquiera son capaces de garantizar los derechos laborales más básicos o incluso derechos humanos en el caso de los trabajadores migrantes, que viven en condiciones de semi-esclavitud, arrinconados entre la explotación, el Coronavirus y la amenaza de exportación.

Tras más de 6 meses desde el inicio del contagio en China y ya 3 meses de pandemia oficial, lo único que el capitalismo ha podido aportar a la crisis ha sido la anarquía de la explotación y el mercantilismo, difundiendo el virus por todo el mundo a través del comercio y sosteniendo condiciones de trabajo en las ramas esenciales de la industria (amén de aquellas ramas no esenciales que se abrieron por presión de los empresarios) que promueven la expansión del contagio por la alta precarización que imposibilita toda higiene y distanciamiento, además de los trabajos temporales que aumentan la circulación de trabajadores por distintos lugares de trabajo solo para generar mayores ganancias.

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