• Este miércoles, medio millón de trabajadores pararon sus actividades en Corea del Sur. Fue en el marco de la huelga general convocada por la Confederación Coreana de Sindicatos (CCS) que nuclea a 1,1 millones de trabajadores. El reclamo central fue claro: terminar con la precarización laboral y la super explotación.

Agustín Sena

80.000 trabajadores se movilizaron a lo largo de 13 ciudades de todo el país. En Seúl, la capital, se reunieron 27.000 huelguistas. En respuesta, el gobierno movilizó a 12.000 efectivos policiales que realizaron barricadas con colectivos en el centro de la ciudad, además de cortar el servicio del metro para entorpecer la movilidad de los huelguistas. Pero esto no detuvo las manifestaciones.

Miles de trabajadores avanzaron a pie por la capital, muchos de ellos disfrazados como personajes de «El juego del calamar», la exitosa serie de Netflix.

En las últimas semanas, Corea fue noticia por esta serie que retrata la opresiva realidad de los trabajadores surcoreanos. Ahora, los tantas veces pisoteados tomaron las calles de uno de los bastiones del capitalismo neoliberal y super – explotador del siglo XXI.

La cara más descarnada del capitalismo

Corea del Sur suele ser utilizado por los ideólogos neoliberales como un ejemplo de eficiencia del capitalismo por su astronómico desarrollo industrial de las últimas décadas. Lo que no suele decirse es que dicho desarrollo se construyó gracias a uno de los sistemas laborales más explotadores del planeta.

El crecimiento surcoreano ha engendrado a los famosos «chaebols», los conglomerados empresariales monopólicos como Samsung, Hyundai o LG. Pero también ha engendrado la tercera jornada laboral más larga y la tercera tasa de muertes laborales más alta de la OCDE. En promedio, fallecen entre 900 y 1000 trabajadores por año a causa de la negligencia empresarial. Esto se suma a que casi el 40% de la población trabaja en condiciones de informalidad, sin cobertura legal de ningún tipo. Mientras tanto, 62 «chaebols» manejan el 84% del PBI surcoreano.

Como en otras zonas de Asia, la super – explotación capitalista ha tenido expresiones trágicas. La tasa de suicidios adolescentes (entre los 10 y los 19 años) es la más alta del planeta. Trabajadores de distintos gremios denunciaron durante la huelga las paupérrimas condiciones en que trabajan. Los mineros del carbón (una industria controlada por el Estado) reportan enfermedades respiratorias en casi todos los empleados. Y las condiciones no hacen más que empeorar fruto de la flexibilización laboral. En el último tiempo, la plantilla de trabajadoras de las minas estatales se redujo al 50% pero el volumen de trabajo se mantuvo. Los mineros trabajan el doble y cobran lo mismo.

Una huelga de resonancia internacional

La huelga general del miércoles no fue un rayo en cielo estrellado. La conflictividad laboral viene escalando en Corea del Sur. Meses atrás, trabajadores de limpieza de la famosa empresa LG acamparon en la puerta de sus oficinas centrales durante 136 días. La respuesta de la patronal y el gobierno fue inundar sus carpas con mangueras de bomberos. La huelga ha hecho aflorar la rabia acumulada entre la clase trabajadora.

Pero los problemas y reclamos de los trabajadores surcoreanos suenan familiares en el resto del mundo. El punto central de su pliego de reclamos fue terminar con la precarización y la informalidad laboral, ampliando los derechos laborales (salario mínimo, estabilidad, cobertura de salud y condiciones de seguridad) al conjunto de los trabajadores.

Tuvieron un lugar destacado los llamados «gig workers», los trabajadores de las «economías de plataforma» y el trabajo «on demand» como las aplicaciones de delivery. Un millar de repartidores por aplicación fueron al paro exigiendo el fin de la precarización.

La demanda suena conocida. Hace pocas semanas, los repartidores griegos conquistaron nuevas condiciones de contratación tras realizar una huelga similar. En Argentina, los repartidores están poniendo en pie al primer sindicato del sector en el país, el Sitrarepa.

Otro reclamo central fue el derecho a la vivienda, fuertemente golpeado por la especulación inmobiliaria. La CCS exige que la cantidad de viviendas proveídas por el Estado aumente del 5% al 50% sobre el total de las viviendas del país. Hace menos de un mes los berlineses votaron por un rotundo «SÍ» en el referéndum que planteaba la expropiación de 200.000 viviendas en manos de los grandes especuladores inmobiliarios.

Ni la informalidad ni la falta de acceso a la vivienda son problemas autóctonos en el país asiático. Son expresiones de la ofensiva capitalista que atraviesa el mundo y que se ha agudizado con la crisis del Covid – 19.

El futuro en disputa

La respuesta del gobierno surcoreano a la huelga no se hizo esperar. Además de acusar a las movilizaciones de ilegales por las restricciones Covid, procedió a encarcelar al presidente de la CCS, Yang Kyung – soo y a otros 30 dirigentes sindicales. Medidas represivas sin justificación sanitaria, teniendo en cuenta que durante los últimos 12 días Corea tuvo menos de 2.000 casos contagios diarios de coronavirus.

Pero ninguna de estas medidas represivas logró frenar la enorme huelga que colmó las calles del país. La represión anti – obrera no es nada nuevo con Corea del Sur, pero las condiciones de vida de la población están llegando a niveles insoportables. Con una clase población empobrecida y una juventud que no encuentra salida para su futuro, el panorama que los trabajadores encuentran por delante no les ha dejado otra salida que la huelga. Y lo que preocupa a los surcoreanos no es solamente el día de hoy, sino lo que viene.

Como si fuera poco, el capitalismo surcoreano promete que puede ser cada vez peor. En la escena política ha aparecido Yoon Seok – youl, un candidato derechista al estilo Trump que acumula más del 35% de intención de voto en las encuestas. Ex Fiscal General de Corea del Sur, se candidatea para presidente en las elecciones de 2022 con dos puntos centrales en su programa. 1: extender la jornada laboral hasta las 120 horas semanales. 2: promover el establecimiento de armamento nuclear estadounidense en suelo surcoreano.

Recordemos que la jornada laboral surcoreana fue reducida en los últimos años de 62 a 52 horas semanales para adecuarse a las reglas de la OCDE. Aún así, es la tercera más alta de dicha organización. Al mismo tiempo, la alta informalidad del mercado laboral tensa la jornada laboral hacia arriba, en la medida que casi la mitad de los trabajadores no tienen ningún instrumento legal para hacer cumplir la legislación.

El programa de Yoon Seok – youl es de super – explotación en niveles que no se han visto en décadas (por no decir siglos). Pero la huelga general del último miércoles demuestra que la clase trabajadora está cansada de la super – explotación y que posee la energía para ponerse de pie. La emergencia de un candidato al estilo trumpista es un peligro inmenso para los trabajadores. Pero tensar demasiado la cuerda podría ser también un peligro para el capitalismo surcoreano. Un aumento de la rebeldía obrera en un gigante industrial como Corea del Sur podría tener alcances inmensos, no sólo para el país asiático sino para la región y el mundo entero. 

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre