Por Johan Madriz

“Si algún miembro de la caravana llegara a la frontera entre Estados Unidos y México, será procesado en consecuencia y será deportado, devuelto o repatriado rápidamente”.

– Chad F. Wolf, jefe del Departamento de Seguridad Nacional EEUU

La semana pasada (14 de enero) partió una nueva caravana migrante desde Honduras y El Salvador con destino a Estados Unidos en busca de asilo ante las condiciones de pobreza y violencia que asolan a los países centroamericanos producto de la explotación capitalista y la expoliación imperialista en la región.

Esta nueva marcha ha sumado a más de 3.500 personas de Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala y en estos momentos se encuentra a las puertas de la frontera sur de México donde está siendo fuertemente repelida por las fuerzas de seguridad de ese país para evitar su paso. Al menos unas mil personas se lanzaron al rio Suchiate que marca la frontera con Guatemala intentando lograr pasar y continuar su recorrido hacia Estados Unidos.

Estas imágenes se han repetido durante décadas pero desde 2018 se han intensificado con la organización de las caravanas: masivos grupos que intentan lograr colectivamente el objetivo que muchos y muchas no han logrado de forma individual.

La razón para decidir emprender este peligroso viaje es la crisis socio política en Centroamérica, que se configura en una de las zonas sin guerra más violentas del mundo, con grandes niveles de desigualdad, pandillas, pobreza, explotación maquilera, etc. Una región con asesinatos sistemáticos de luchadores y activistas que defienden desde la naturaleza hasta libertades democráticas y políticas. Es el caso emblemático de Berta Cáceres que en su defensa de los pueblos originarios y de la naturaleza representaba una amenaza para los empresarios y el gobierno corrupto de Juan Orlando Hernández.

Huyen de estas condiciones ya que en sus países de origen no encuentran perspectivas de vida o directamente se encuentran amenazadas. Son las mismas condiciones que hacen migrar a miles de mexicanos y mexicanas al norte. Pero ahora, el gobierno de López Obrador olvida esta realidad, reniega de sus promesas de campaña de puertas abiertas y se somete al dictado de Trump para ser el guardián de la frontera y evitarle a Estados Unidos que esos “indeseados” toquen “su tierra”.

En junio del año pasado Trump le impuso un “acuerdo” al gobierno mexicano para tomar medidas sin precedentes con el fin de detener la migración “irregular”. Dentro de estas medidas está el despliegue de la Guardia Nacional en la frontera con Guatemala para repeler a las personas migrantes. Este cuerpo represivo (de reciente creación) está conformado por elementos de las corruptas Policías Federal, Naval y Militar; esas mismas que fueron cómplices en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Además, se designó a Guatemala como un “tercer país seguro”, lo que implica que pueden devolver a las personas migrantes a este país para que procesen ahí su solicitud de asilo. Es enviarles a un país con una tasa de homicidios de 27.26 por cada cien mil y donde el 29.3% de la población es pobre. Se devuelve a las personas migrantes a un país que bajo el mando del reaccionario Jimmy Morales estableció un estado de sitio en cinco departamentos, desplegando al ejército, con su correspondiente violencia y abusos.

Un migrante hondureño pinta crudamente la situación: “y ellos ahora están todos con garrotes, están con palos, esperándonos”[i]. Estas son las señas de lo largo que ha llegado la política xenófoba y represiva de Trump. Así, esta semana se dio a conocer que agentes federales del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos actúan directamente en México y Centroamérica para contener la migración.

Así lo reconoció Chad F. Wolf, secretario interino de esa dependencia: “DHS está monitoreando de cerca la caravana, tenemos docenas de personal en el terreno en América Central que ayudan a los funcionarios locales de inmigración y seguridad, lo que ya ha llevado a la detención de cientos de personas y enviadas de regreso a sus países de origen”[ii].

Según declaraciones del director de Pueblo Sin Fronteras el 90% de las personas migrantes que ingresan a México son deportadas. Al tiempo que denunció que en México “hay una cacería de migrantes. López Obrador ha terminado siendo el jefe de las deportaciones de Trump en territorio mexicano”[iii].

Así mientras las causas estructurales que generan estos movimientos persistan las fronteras de México y Estados Unidos seguirán llenas de migrantes. La diferencia es que conforme se endurezcan las medidas serán cada vez más y más los cadáveres que se amontonen en Suchiate o el Rio Bravo.

El motor del éxodo es el capitalismo devorador, que excluye a millones de personas, en beneficio de las ganancias de unos pocos. Que establece fronteras donde las respectivas burguesías puedan ejercer sus mandatos. Es un sistema salvaje que provoca estos dramas inhumanos y luego, descaradamente, les achaca la culpa a las víctimas. Entonces, la única salida para la clase trabajadora y los sectores oprimidos es tirar abajo el capitalismo y con él las fronteras.


[i] Extraído de https://www.france24.com/es/20200122-mexico-caravana-migrantes-bloqueo-eeuu

[ii] Extraído de https://www.univision.com/noticias/inmigracion/agentes-federales-de-eeuu-actuan-en-mexico-para-detener-la-caravana-de-migrantes

[iii] Ídem

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre