Por Santiago Follet

Las calles de Francia se vieron conmovidas por las movilizaciones de la Huelga Internacional por el Clima, contra la reforma jubilatoria de ajuste de Macron y la continuidad de la pelea de los chalecos amarillos.

Las jornadas internacionales de lucha ecologista han sido un éxito en todo el planeta demostrando la vitalidad de un movimiento de masas con un fuerte componente juvenil que surge como un contrapeso a los gobiernos de derecha y extrema derecha “escépticos” del cambio climático, como Trump y Bolsonaro, este último responsable del terrible incendio en la Amazonia.

En este sentido, Francia no ha sido la excepción ya que las manifestaciones de este fin de semana acompañaron los vientos “verdes” que soplan a nivel internacional y miles de personas salieron a las calles para exigir respuestas por parte del gobierno. El viernes fueron principalmente los jóvenes secundarios los que se hicieron presentes haciendo huelga en sus escuelas y reuniendo a cerca de 10.000 manifestantes en la capital parisina, dándole continuidad a los métodos de lucha puestos en práctica desde enero de este año en diversos países europeos.

A su vez, el sábado, una nueva convocatoria tuvo lugar siguiendo el llamado de diversas asociaciones ecologistas, reuniendo según Greenpeace a alrededor de 38.000 personas en París y a cerca de 150.000 en toda Francia. Coincidiendo con el acto número 45 desde el surgimiento de su movimiento, los chalecos amarillos se hicieron presentes acompañando la convocatoria.

 

Represión policial: el gobierno nos mea y los medios dicen que llueve

Si uno se dejara llevar por la repercusión mediática de la manifestación de este sábado podría afirmar que la pacífica manifestación ecologista se vio arruinada por violentos infiltrados que sembraron caos y confusión en lo que debía ser un desfile tranquilo. Pero este operativo comunicacional no sorprende en absoluto a quienes hemos venido acompañando cada manifestación de los chalecos amarillos desde el año pasado.

Así como el año pasado los medios, el gobierno ¡y hasta la mismísima CGT! titulaban que la legítima bronca de los chalecos amarillos había degenerado en enfrentamientos violentos sin sentido perpetrados por grupos radicales (black blocs incluidos), ahora son los propios chalecos amarillos quienes tendrían la culpa de que la marcha por el clima de París fuera la única duramente reprimida de todas las que hubo en el mundo.

Es que apenas comenzada la marcha, la policía reprimió como lo viene haciendo en cada una de las movilizaciones importantes que suceden. Gases lacrimógenos, tiros de balas de goma LBD, más de 160 arrestos de manifestantes y el bloqueo de las calles por cientos de miembros de las fuerzas del orden buscaron amedrentar y dividir a los manifestantes.

Tanto es así que hasta la propia organización de Greenpeace se retiró de la marcha y comenzó a decir públicamente por las redes sociales que las condiciones de seguridad no estaban dadas para que se desarrollara pacíficamente.

Si hay un responsable de la represión, es el gobierno de Macron y su ministro del interior Castaner, quienes desde que están en el poder no han tenido otra respuesta que la violencia para las crecientes demandas de los movimientos sociales. Esta vez la represión estuvo dirigida contra un sector fuertemente juvenil, que hace sus primeras experiencias de lucha, en donde se veían marchando muchas familias con niños.

En la jornada confluyeron varios sectores que vienen realizando su experiencia de lucha contra el gobierno y es precisamente en esta confluencia que se debe fortalecer la conclusión de que es Macron el responsable de la violencia contra cualquier tipo de libertad democrática de manifestar y de que tanto los chalecos amarillos como los manifestantes ecologistas tienen un mismo adversario al que se debe derrotar haciendo una experiencia en conjunto. Como dice una de las consignas más utilizadas: “Fin de mes, fin del mundo: mismo combate”.

 

No a la reforma de jubilaciones

La gran apuesta de Macron para este año pasa por llevar adelante una gran reforma del sistema jubilatorio que implica la fusión de 42 regímenes específicos que cuentan con estatutos diferenciados al de la jubilación común en un solo y único sistema “por puntos”. A su vez, la edad de retiro seguiría en 62 años, pero para cobrar la totalidad de los haberes correspondientes se deberá trabajar varios años más.

Esto rompe una de las promesas de campaña de Macron, que implicaba no modificar en nada la edad de la jubilación. Al mismo tiempo, ya no se contarán los “mejores 25 años” trabajados, sino que el monto de las pensiones será calculado sobre el conjunto de la carrera de un trabajador, promediando los primeros años que siempre son los más bajos en cuanto a horas trabajadas y salarios percibidos.

Se trata de un ataque directo al conjunto de la clase trabajadora que busca hacerla retroceder en derechos conquistados a través de la lucha de varias generaciones. Es por estos motivos que los trabajadores del transporte reunidos en la RATP realizaron un enorme paro el pasado viernes 13 de septiembre que paralizó todo el transporte parisino, dando una gran demostración de fuerza y disposición para la lucha.

A su vez, la huelga de este martes 24 reunió a los sectores de la educación y a los ferroviarios que movilizaron alrededor de 12.000 trabajadores en la capital (según los principales medios) y a 150.000 en todo el país (según el conteo de la CGT).

Unidad para derrotar al gobierno de Macron

Muchos de los manifestantes movilizados en estas jornadas se preguntan qué es lo que hace falta para lograr unificar a un movimiento social que reúna todas las reivindicaciones y que pueda derrotar finalmente al gobierno de Macron. Porque a pesar de que las marchas “verdes” y “amarillas” se multiplican y de que existen enormes reservas de lucha entre los trabajadores, la realidad es que la política de las direcciones sindicales viene impidiendo que se logre la unidad necesaria para derrotar al gobierno.

El mismo día que se desarrollaba la marcha por el clima la central Force Ouvrière movilizó a más de 6.000 trabajadores a los que alejó por completo tanto de los movimientos que marchaban en ese día como de los otros sindicatos que hacían huelga el martes.

Es importante que estas primeras jornadas de huelgas no queden en el olvido como una fecha en el calendario sin ningún tipo de continuidad como viene haciendo la burocracia sindical y que los sindicatos organicen un plan de lucha para derrotar la reforma jubilatoria de Macron.

Al tiempo que ya comienza a anunciarse un paro ilimitado de la RATP (transporte urbano) y la SCNF (trenes) para comienzos de diciembre, es necesario que el resto de los sectores se sume a este llamado en la perspectiva de construir una gran huelga general para derrotar a Macron.

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