• El gobierno chino reconoció 1290 muertos más en la ciudad de Wuhan de los que había declarado inicialmente.

Por Agustín Sena

Desde la aparición del nuevo coronavirus, el gobierno chino recibió constantes críticas de parte de los principales gobiernos imperialistas (en primer lugar Trump) y de distintos sectores de los medios de comunicación por su gestión de la epidemia, especialmente alrededor de las estadísticas oficiales (la posibilidad de que hubiera muchos más casos de los reconocidos), a lo que hay que sumar las demoras burocráticas del PCCh en reconocer la existencia de un nuevo virus.

En los últimos días, el gobierno chino reconoció 1290 muertos más en la ciudad de Wuhan, epicentro del contagio que concentra dos tercios del total de casos del país (50.333 sobre 82.367). Con estos números, el número de fallecimientos en la ciudad pasa de 2579 a 3869 (totalizando 4600 en todo el pais). Según las autoridades, no se trataría de datos que fueron ocultados previamente sino de personas que fallecieron en sus hogares y que no habían sido contabilizadas hasta el momento (como si esto fuera menos grave), lo que desnuda la saturación sufrida por el sistema de salud, que no dio a vasto ni siquiera para garantizar la internación de los pacientes en estado grave.

Estas excusas no impidieron que el aumento de los casos contabilizados genere acusaciones por parte de varios gobiernos imperialistas. Ya antes de que se anunciaran los nuevos números, el presidente francés Emmanuel Macron había declarado que “había ‘zonas oscuras’ en la gestión china y que ‘hay cosas que sucedieron que no sabemos’”. En el mismo sentido, el Ministro de Relaciones Exteriores británico Dominic Raab dijo que “tendremos que hacer preguntas complicadas [al gobierno Chino] sobre la aparicion del virus y sobre por qué no pudo ser frenado a tiempo”1.

Sin embargo, poniendo en contexto las declaraciones, hay que separar lo que hay de real en las negligencias de la gestión burocrática del PCCh de la utilización que los gobiernos capitalistas pretenden hacer de las mismas. Los gobiernos de Macron y Boris Johnson, que salen a criticar a los chinos, son los que menos respuestas han podido dar a la crisis del coronavirus en sus respectivos países. En el caso británico, con una gestión criminal y potencialmente genocida, que apuntó a “dejar que la población se contagie y se inmunice” (palabras del premier inglés) y que tuvo que ser rectificada al poco tiempo ante el contagio masivo e, incluso, el contagio del propio Johnson, en una muestra cabal de incompetencia. Macron, por su parte, no pudo frenar la ola de contagios y muertes en Francia, con un sistema de salud devastado, carente de insumos básicos como barbijos, lo que podría estar gestando un creciente descontento popular por abajo en las últimas semanas.

No se trata, ciertamente, de lavar las culpas de la gestión china. Pero sus negligencias, fallas y corrupciones corren parejos con los de los gobiernos burgueses de todo el globo, y hacen parte de la incapacidad del capitalismo global (un sistema anárquico y orientado por ningún otro criterio que el de generar ganancia) para controlar y darle una solución de fondo a la crisis sanitaria, humana y social generada por la pandemia del coronavirus.

El gobierno de Trump, principal acusador contra la gestión de Pekín, está protagonizando ahora lo que podría convertirse rápidamente en una tragedia social de proporciones inmensas, con más de 30.000 muertes y 500.000 contagios, a lo que hay que sumar las recientes movilizaciones reaccionarias (impulsadas por el propio Trump) que exigen el levantamiento de la cuarentena en nombre de las sacrosantas libertades individuales estadounidenses, que en este caso no son otra cosa que la «libertad» de dejar librados a su suerte a millones de trabajadores para sostener las ganancias de los grandes capitalistas.

Lo que parece estar orquestándose en las acusaciones cruzadas internacionales es una suerte de reordenamiento de las tensiones geopolíticas pre-existentes, especialmente alrededor de la guerra comercial entre EEUU y China por la hegemonía internacional, a la que parecen sumarse las potencias de la OTAN (Francia y Reino Unido)2, por un lado, y Rusia secundando a China3. Como expresión política de esto, hay que hacer notar que Trump ya decidió dejar de aportar financiamiento a la OMS cuando esta organización aceptó oficializar las cifras presentadas por el gobierno chino4.

Mientras se profundiza las crisis del coronavirus, miles de personas siguen muriendo, cientos de miles quedan sin asistencia sanitaria real ante el colapso de los sistemas de salud y millones quedan sin sustento económico por los ajustes patronales, el capitalismo globalizado da muestras, no sólo de mantener su implacable lógica deshumanizante, sino de profundizar sus tendencias anárquicas y desorganizadoras, con los gobiernos de las principales potencias mundiales pateándose las responsabilidades mutuamente y reforzando medidas de represión interna con discursos nacionalistas (caso Macron), en un intento mezquino de salvar sus gestiones, de “cuidar su quinta”, tanto en el plano de la representación política (no perder popularidad para mantener la gobernabilidad) como en lo económico (la quita de financiamiento a la OMS por parte de Trump podría enmarcarse en este sentido). Sin embargo, como contrapunto de esta tendencia capitalista hacia la profundización de la crisis, empiezan a surgir también algunos indicios de resistencia desde abajo a las gestiones burguesas de la pandemia5, que marcan que no será tan fácil para los gobiernos capitalistas instalar estados represivos mientras dejan a millones sin resguardo alguno.


1 Lanacion.com.ar/el-mundo/coronavirus-medio-sospechas-china-reconoce-50-mas-nid2355224

2Hay que matizar que no deja de haber algunas rispideces dentro incluso de los países miembros de la OTAN, como fue la estafa de EEUU hacia Francia alrededor de la compra de barbijos e insumos médicos. Izquierdaweb.com/criminal-competencia-internacional-para-acaparar-insumos-medicos.

3En los últimos días Putin salió al cruce de las declaraciones anti-Pekín, diciendo que estas críticas serían “contraproducentes”.

4 izquierdaweb.com/trump-suspende-financiamiento-a-la-organizacion-mundial-de-la-salud/

5 Como en Brasil con los cacerolazos contra Bolsonaro, Honduras, Colombia, y muchos otros conflictos localizados como las luchas contra los despidos en plena cuarentena y elementos de organización entre los trabajadores de la salud como el caso del Hospital Belgrano en Argentina o de algunos trabajadores estadounidenses que hicieron frente a las marchas negacionistas.

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