China hoy: problemas, desafíos y debates. Presentación.

China hoy: problemas, desafíos y debates.

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El objeto de este texto, dividido en una primera parte más analítica y una segunda parte dedicada a los debates en el marxismo sobre el tema es dar continuidad a la elaboración desde un punto de vista socialista revolucionario sobre China, su nuevo lugar en la arena mundial como gran potencia que EEUU considera como rival estratégico y las características de su Estado y sociedad. El disparador de este trabajo fue la realización del XX Congreso del Partido Comunista Chino, en octubre de 2022, que consagró un tercer mandato del líder, Xi Jinping. El Congreso, como máxima instancia decisoria del país, aportó ratificaciones y renovaciones en la política china que es necesario examinar a la luz de un contexto internacional donde también hay confirmación de ciertas tendencias y afloramiento de otras.

Tomamos como punto de partida una elaboración nuestra anterior publicada en mayo de 2020, “China: anatomía de un imperialismo en ascenso” (disponible en izquierdaweb.cr). En el presente texto buscaremos desarrollar las conceptualizaciones esbozadas allí, cuyas definiciones en los aspectos más estructurales sostenemos en todas sus líneas fundamentales. Al mismo tiempo, intentaremos avanzar en una actualización y en las necesarias precisiones y ajustes para dar cuenta –con la humildad y la cautela del caso para quienes escribimos a tanta distancia geográfica y cultural, sin conocimiento directo de la lengua y del país– una realidad tan inmensa y compleja como la del gigante asiático. En términos generales, concebimos este trabajo como complementario del anterior, haciendo foco en este caso más en las novedades y confirmaciones de desarrollos ya apuntados.

En ese sentido, quizá sea conveniente hacer un muy sucinto repaso de los principales puntos de apoyo de ese análisis.

a) En primer lugar, se constataba la configuración de una bipolaridad geopolítica creciente entre EEUU y China, lo que representaba toda una novedad respecto del período inmediato anterior, tanto si se lo consideraba signado por la “unipolaridad” de la hegemonía yanqui sin contestación –a grandes rasgos, nuestra posición– como si se postulaba una “multipolaridad” sin un centro claro.

b) En este marco, caracterizábamos un cambio claro en la política de EEUU hacia China: desde la esperanza de la “cooptación al orden liberal” que estaba detrás del patrocinio del ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio a una decisión de creciente confrontación estratégica. La “guerra comercial” de Trump sólo podía entenderse como una parte subordinada y un episodio de ese choque. También resultaba una novedad aquí que, por primera vez desde el inicio de la fase de globalización/mundialización del orden capitalista –consolidada a partir de la década del 90 tras la caída del bloque soviético–, el libre comercio y la acción sin trabas de las fuerzas del mercado pasaron a quedar supeditadas a consideraciones estratégicas. Trump inició el camino, que ahora continúa Biden, incluso con más determinación y coherencia que su antecesor, de utilizar herramientas económicas como armas geopolíticas.

c) La respuesta de la conducción del PCCh a ese desafío fue aceptar el envite y subir la apuesta en dos sentidos. Por un lado, con una creciente proyección internacional de China como potencia, y ya no sólo en el orden regional. A este fin, la herramienta privilegiada era la iniciativa llamada Nueva Ruta de la Seda (NRS), con la cual China forjó lazos económicos, políticos y estratégicos con más de un centenar de países. Por el otro, la nueva hostilidad de EEUU, manifestada en múltiples terrenos, pero sobre todo el comercial y el de la competencia tecnológica, a la vez impulsaba y obligaba a una creciente autarquía y autosuficiencia en este último aspecto en particular. El rol del Estado, ya omnipresente, pasa a ser fundamental en esta política.

d) El acelerado crecimiento económico –sin precedentes en la historia reciente–, la puesta en pie de una sólida base de infraestructura e innovación tecnológica de primera línea mundial y los avances en el plano social, como la eliminación de la indigencia, ponían a la sociedad china en un nivel más acorde con su importancia global. No obstante, se conservaban profundas desigualdades y contradicciones, que hacían convivir rasgos de superpotencia con otros de país “emergente” o en vías de desarrollo.

e) De resultas de estos desarrollos, considerábamos que, amén de definir la sociedad y el Estado chino, se imponía dar cuenta de la consolidación de rasgos propiamente imperialistas, partiendo de la definición del marxista francés Pierre Rousset de “imperialismo en construcción”. Caracterizamos a China como “imperialismo advenedizo”, en el sentido de ser quizá el primer caso –el único posible, y discutible, antecedente podría ser Corea del Sur– de un país de la periferia que ingresa al núcleo central de países imperialistas. No sería el único rasgo sin antecedentes previos: al hecho de haber sido un país (semi)colonizado y oprimido durante buena parte de la historia moderna se le agrega que venía de una inmensa revolución anticapitalista, la de 1949. Estas y otras especificidades obligaban, decíamos entonces, a tentar definiciones “por aproximaciones sucesivas y provisorias”, pero que no obstante, a nuestro juicio, debían dar cuenta de lo que es posiblemente el hecho geopolítico más grande en lo que va del siglo: el ascenso de China a la condición de potencia global, a la que los propios Estados Unidos han designado –como lo explicitan las palabras del consejero de Seguridad Nacional yanqui Jack Sullivan, citado en el acápite– como principal rival.

Es en este marco que se inscribirán los sucesivos análisis, puestas al día y precisiones, con la intención ya señalado de ir dando forma a una visión lo más integral, empíricamente adecuada, conceptualmente coherente y metodológicamente criteriosa de los cambios y continuidades de la realidad china, así como de sus perspectivas. Por otra parte, una estructura social y una dinámica tan complejas como las de China abren tanto inmensas dificultades para el análisis y la intervención política como controversias infinitas en todas las corrientes políticas e ideológicas. Al respecto, en la segunda parte intentaremos terciar en algunos de los puntos de debate más candentes en el seno del marxismo, en polémica con algunos autores cuya elaboración, aun si disentimos, nos parece pertinente, valiosa o sugerente.

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