• El cierre decretado por Trump del consulado chino en Houston fue respondido por Beijing con la represalia del cierre del consulado yanqui en Chengdu. Un nuevo episodio de “Guerra Fría” entre las dos potencias.

Martin Mandeb

Luego de varias convulsionadas semanas para el gobierno de Trump, marcadas por la rebelión popular y su impacto político-social, el presidente norteamericano tomo una decisión geopolítica imprevista y obligo a cerrar uno de los consulados de china dentro del territorio estadounidense (específicamente el consulado ubicado en Houston) continuando el interminable conflicto de China que, con distintas intensidades, ha mantenido en su mandato.

La decisión, en este caso, estuvo seguida de varias semanas de enfrentamientos diplomáticos, que incluyeron la discusión en torno a la ley de seguridad nacional que se ha llevado adelante en China y que cuestiona la autonomía de Hong Kong1 y una innumerable cantidad de libertades democráticas de sus ciudadanos2; la venta de armas que se llevó adelante desde Washington a Taiwan –De rivalidad histórica con China-; y finalmente la acusación casi desde el comienzo de la pandemia de que Hackers ligados al país asiático se dedicaron a robar datos de compañías estadounidenses para desarrollar vacunas contra el COVID-193. Esta última acusación venía siendo moneda corriente entre estos dos países, teniendo uno de sus episodios más rutilantes el apresamiento de la vicepresidenta de Huawei en Canada a fines de 2018, acusada por robo de propiedad intelectual a empresas tecnológicas yanquis.

Que Trump dedique su atención en este conflicto a pesar del conjunto de problemas que está atravesando -Una rebelión popular con alcances todavía no calculables, malos porcentajes en las encuestas electorales, una cierta ruptura de dialogo con otros países del establishment capitalista- no es del todo sorprendente. Sucede que una de las principales razones por las cuales un sector de la burguesía yanqui apoyo al xenófobo que tienen como presidente fue debido a su postura en relación con China, una postura firme que buscaba volver a poner en su lugar al emergente país asiático, queriendo volver a colocar al país del norte del continente en el lugar de amo y señor indiscutido de la situación política mundial. “Make America Great Again” fue el grito de guerra de Trump, y claramente no lo puede abandonar si quiere seguir convenciendo a un sector de la burguesía y de la población estadounidense de que el rumbo político derechista es el apropiado para cuando se vuelva a la normalidad post Covid-19.

Como fuera, se verá cuánto hay de bravuconada imperialista y cuánto hay de avance en conflictos más importantes. Aunque China, en este caso del cierre del consulado, ha decidido responder con sus respectivas represalias, es evidente que el gesto del mandatario estadounidense es más simbólico que de ruptura (Ha cerrado uno de los varios consulados chinos en Estados unidos –siendo el de Houston el más simbólico porque fue el primero en abrirse-; ha dejado la embajada abierta y no implicó ningún boicot económico). De todas formas, no se puede dejar de estudiar el desarrollo de las relaciones entre las dos principales potencias mundiales, que con sus roces constantes de los últimos años empiezan a configurar lo que será la nueva normalidad en la próxima etapa marcada por la crisis económica mundial que se nos avecina como subproducto del Coronavirus.


1 Véase “La muerte de la autonomía de Hong Kong: más allá de la crisis” http://izquierdaweb.com/la-muerte-de-la-autonomia-de-hong-kong-mas-alla-de-la-crisis/

2 No hay que confundir, de todas formas, un interés de EEUU por las libertades democráticas de los ciudadanos chinos. Seguramente lo piensan en clave de complicar la situación de sus rivales geopolíticos.

3 Otra prueba más de que para el sistema capitalista es más importante la propiedad privada (en este caso intelectual) que la necesidad de la humanidad de desarrollar una cura a esta pandemia que azota el mundo.

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