Crónica de la huelga general y la rebelión desde Santiago de Chile.

Al momento de escribir esta nota, está cerrándose una jornada marcada por un paro general de fuerte impacto en la economía y masivas movilizaciones en las calles de las principales ciudades que incluyeron cortes de varias rutas del país. También se sucedieron saqueos de bancos y cadenas de supermercados. Por último, el presidente Sebastián Piñera realizo una cadena nacional donde reafirmó su postura represiva y su compromiso con la institucionalidad del régimen.

A partir de las 00hs del día, al menos 129 organizaciones, entre ellas sindicales, de trabajadores de la salud y educación, estudiantiles, de DDHH, de pueblos originarios, etc, llamaron a paralizar las labores. Esto se dio en el marco de un paro convocado inicialmente por la Unión Portuaria al cual se plegaron inmediatamente sectores de Transporte y Minería.Al cese de actividades se sumaron también numerosos cortes en las principales rutas del país, la mayoría de los cuales involucraron algún tipo de barricada. Se estima que el acatamiento del paro fue de un 90% en el sector público y de cerca del 70% en el privado.

Desde el mediodía, numerosas columnas de trabajadores empezaron a colmar el Boulevard Alameda, una de las principales arterias de Santiago. Los trabajadores allí reunidos ocupaban la totalidad de la calzada y la manifestación se extendía desde Plaza Dignidad (Ex Plaza Italia) hasta Santa Lucía, unas diez cuadras aproximadamente. Las banderas sindicales eran numerosas y reflejaban diversos sectores de trabajadores, principalmente de salud, educación y del estado. Unas cuadras más allá, siguiendo por Alameda rumbo al Palacio de la Moneda, se llegaba al vallado instalado por carabineros. El Palacio de la Moneda, sede del poder ejecutivo, fue asediado durante buena parte del día por manifestantes que se enfrentaban con los carabineros.

Con el correr de la tarde, con un pico alrededor de las 18hs el centro de las protestas cambio progresivamente para pasar a estar concentrado en la misma Plaza Dignidad. Allí se encontraban aun muchos trabajadores, aunque sin sus banderas, así como numerosos jóvenes que se convocaron para manifestarse. Esta concentración no alcanzo, a nuestro parecer, la masividad de las anteriores marchas del millón, pero de todas formas fue realmente masiva. Mas aún si consideramos que producto del paro muchas comunas periféricas no contaban con medios de locomoción para acercarse a manifestar, y en su lugar se llevaron adelante protestas locales.

Como es habitual en las movilizaciones masivas, se registraron enfrentamientos con los carabineros, pero que ante la enorme convocatoria solo pueden contener la protesta, hostigando a los manifestantes e impidiendo que avancen rumbo a la Moneda, pero sin poder dispersarlos. Cabe aclarar que en las comunas periféricas siempre la represión es más salvaje que en el centro de Santiago, probablemente porque allí no llegan los observadores de DDHH.

Sobre el final de la jornada se sucedieron numerosos saqueos y algunos incendios de grandes supermercados y tiendas. Cabe aquí hacer una aclaración: si bien no todos los manifestantes participan de dichos saqueos, tampoco es una práctica que automáticamente aliene a los saqueadores del conjunto. Son bastante habituales los carteles que declaran que saqueo es el que se ejerce sobre los recursos hídricos y mineros por parte de las grandes empresas. Es decir, hay una comprensión respecto de que la auténtica rapiña es la que llevan adelante Piñera y demás empresarios multimillonarios, así como las distintas multinacionales que le quitan a Chile su riqueza sin devolverles nada.

Es con este panorama que Piñera realizó una reunión de emergencia con parte de su gabinete, que tuvo como conclusión una cadena nacional. En ella, hizo tres anuncios. Primero, firme en su postura represiva, anunció que iba a reincorporar a la fuerza de carabineros a aquellos que se hubiesen retirado recientemente. Por otra parte, llamo a un acuerdo de justicia, que no es otra cosa que impulsar penas más duras para los manifestantes. Y por último anunció que iniciaría diálogos para una reforma constitucional, dentro del marco de las instituciones del régimen, con un plebiscito como única herramienta de participación para el pueblo. Esto último, obvio, sujeto a que la calle se pacifique. Queda claro que sigue sin escuchar (porque no quiere ni le conviene) el mensaje que millones de chilenos en la calle están gritando: fuera Piñera, asamblea constituyente ya.

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