• Nos escriben desde Chile desde el corazón a la respuesta a la crisis y el hambre con la organización desde abajo.

Por Jovania Lizana Cortes

Desde la colectividad de la Olla Comùn.
Arica – Pobl. Las Vizcachas.

Todas las semanas, oímos el discurso del Gobierno presentando las agendas sociales y medidas para mitigar los efectos devastadores de esta pandemia. Discursos que después de unos minutos, son convertidas en divertidos memes y relatos cómicos, como la tragicomedia creada a partir de la polémica frase, del actual Ministro de Salud «¿qué pasa si este virus muta hacia una forma más benigna? ¿Qué pasa si muta y se pone buena persona?”, irrisoriamente, parece un comentario de una historieta fantástica, basada en hechos reales. Donde las metáforas visuales se construyen día a día por sus personajes que según la forma de sus expresiones, vamos sintiendo: impotencia, rabia, gritos, pensamientos absurdos y decisiones sin sentido.

El Plan de Acción “Coronavirus”, apunta a las personas más vulnerables y abandonadas de la política pública. Dicho Plan, siempre mantendrá una base de acciones paliativas y acordes al modelo político y de sociedad neoliberal que tenemos, cuando el problema de fondo se centra en la  Constitución Política. Llevamos meses escuchando a un Gobierno que presenta paquetes de medidas con títulos “estéticos”, apuntando a vender imágenes de etiquetados de productos, vacíos o vencidos, donde no resolvemos y encontramos nada o lo poco que hay, no se puede comer. Como señaló Fernando Atría en la “Constitución Tramposa”, el «espíritu» original de la Constitución de 1980 y sus redactores consistía en la neutralización del pueblo en su rol de agente político o, dicho de otro modo, la transformación del «pueblo» en «gente», es decir, «una audiencia que sufre las consecuencias de las decisiones tomadas por la clase política». No es posible llegar a esa instancia sin un apoyo y convicción masivos. De otro modo, serán una vez más los emperadores de la política quienes detenten aquello que es propio y originario del pueblo: el poder constituyente.

Pero volviendo al Gobierno actual, frente a la Pandemia, hemos visto emerger por las redes sociales movimientos de personas y grupos de ayuda voluntaria para solventar las necesidades más básicas y vitales de quienes hoy requieren “el alimento”. Estas formas de organización han surgido en toda la historia de la humanidad. Destacando los hechos bélicos ocurridos en el siglo XIX, sobre todo en países europeos en los procesos de industrialización. Con el incremento de la pobreza, gatillaron en despertar social. Es entonces donde comienzan a emerger los movimientos sociales reaccionando a los problemas que presentaban millones de personas conscientes de su responsabilidad social.

En 1930, en Chile, las Ollas Comunes nacen producto de la crisis del salitre, donde miles de trabajadores se trasladan a las ciudades para resolver las necesidades de vida y alimentación. Luego las Ollas Comunes fueron Utilizadas para enfrentar las huelgas, proporcionando los alimentos a sus familias y sobre todo organizando solidaridad y fraternidad. Después del Golpe de Estado del año 1973, el hambre, la destruición en nuestro país y los efectos de la dictadura. Las comunidades se organizaron frente a las “Ollas Comunes”, siendo una de las respuestas de los sectores más populares para sobrevivir en un país en Dictadura y vulneración de derechos humanos.

Las Ollas Comunes no dan una respuesta a un problema estructural, sin embargo, colaboran a las familias a enfrentar una crisis común. Este sistema de organización, requiere miradas solidarias y empáticas.

Si bien son transitorias, no deben transformarse instrumentales. Las ollas comunes son espacios para que las y los vecinos/as puedan reencontrarse, dialogar, expresar los miedos, y buscan sentimientos comunes para cohesionar los esfuerzos en una energía colectiva.

Las redes sociales, publican día a día la organización de Ollas Comunes las cuales se distribuyen en distintos puntos del territorio, entregando almuerzos en la calle e intemperie, muchas veces en precarias condiciones higiénicas.

Las Canastas básicas de Alimentos son una respuesta paliativa, pero no puede reproducir entre organizaciones las mismas estrategias del Plan Coronavirus y las medidas de este Gobierno. Las necesidades y propuestas surgen desde y para el Pueblo. Es necesario que los liderazgos comunitarios no repliquen el modelo  actual, llevando comida a los sectores más necesitados, manteniendo a «una audiencia que sufre las consecuencias de las decisiones tomadas por la clase política». Son los sectores y territorios quienes nos organizamos. Las articulaciones surgen de la creatividad territorial.

Ayudar a las Ollas Comunes es mediante el fortalecimiento organizacional, empoderando a las comunidades en sus propias decisiones. Centremos los esfuerzos llevar dignidad a los territorios. Para quienes pueden colaborar acompañemos con información de minutas nutritivas y elementos de seguridad e higiene.

La Ollas Comunes, no solo resuelven la alimentación diaria, crea comunidad, intercambiando ideas, construyendo la sinergia y colectividad. La organización, se vuelve política, consensuando las minutas de almuerzos, estableciendo sistemas de turnos en la cocina, en la limpieza, en los registros de inscripción, en la distribución de las raciones, sobre todo en la discusión de economía sustentable y gobernabilidad trabajando los liderazgos. Las Ollas Comunes es una respuesta a esta crisis con  Dignidad, haciendo de este espacio comunidad. Acá no hay migajas, hay trabajo, esfuerzo y solidaridad.

Para quienes hoy estamos en condiciones de colaborar, centremos los esfuerzos en fortalecer las Ollas Comunes territoriales, favoreciendo la organización y articulación. Aportemos para que estas Ollas, no sean instrumentales, sean un espacio ideológicamente sustentable en el tiempo y emerjan nuevas comunidades críticas a este modelo económico actual.

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