• A pesar de las enormes mediación que ha significado la pandemia, del proceso constituyente que genera altas expectativas, resistiendo a la dura represión del gobierno de Piñera, se registraron amplias movilizaciones en distintos del país. Fue particularmente significativa por su masividad la convocatoria en la Plaza de la Dignidad en Santiago.

Nicolás Mestre

En la historia existen largos períodos de tiempo en los que las cosas tienen una cierta monotonía, una regularidad, en la cual los días transcurren uno muy parecido del otro. Pero también existen períodos de tiempo corto, en los que se rompe la monotonía, y todo parece distinto, nuevo. En esos períodos, un día puede condensar muchos años, una hora distintos fenómenos. El primer aniversario de la rebelión popular iniciada el 18 de Octubre del año 2019, se puede inscribir en este último tipo de proceso histórico.

En los días previos se había generado una amplia expectativa. A nivel gubernamental se habían tomado una serie de medidas, como el aumento de la dotación policial y militar preparada para ese evento. Así se estimaba que 40 mil efectivos de la repudiada policía militarizada de Chile (los “pacos”) se encontrasen en las inmediaciones de las manifestaciones.

Por su parte la oposición parlamentaria (desde la DC hasta el FA) a través de su comando del “Apruebo”, habían hecho un hipócrita llamado a la ciudadanía para que se expresara de manera pacífica, en sus casas… con cacerolas para así evitar el contagio. Tratando de sumarse a un aniversario de una rebelión de la que nunca fueron parte.

Mientras, por abajo se multiplicaban las convocatorias en todos los territorios. Desde los medios independientes que han adquirido mayor presencia, pasando por las organizaciones sociales, estudiantiles, feministas, ambientalistas, autonomistas, anarquistas, y de la izquierda independiente. Todos llamaban bajo distintas consignas a manifestarse el domingo recién pasado. Hay gran diversidad de posiciones sobre el plebiscito en los sectores independientes, mayoritariamente se adhiere al Apruebo y la Convención Constituyente, pero también se escuchan otras voces más críticas del proceso, quienes Aprueban y marcan Asamblea Constituyente, hasta aquellos que denuncian todo el Plebiscito (“Yo no voto, me organizo”).

Dispuestas así las distintas fuerzas políticas y sociales, la jornada comenzó en la capital desde tempranas horas de la mañana. En las inmediaciones de Plaza de la Dignidad, comenzaban a llegar personas, familias, y grupos de diversa índole. Un ambiente que se percibía festivo con cánticos, bandas de batucadas, banderas de todas las causas. Circulaba también un pequeño comercio de comidas. La movilización adquirió con el paso de las horas una enorme masividad. Los medios tradicionales, siempre más conservadores con las estimaciones, calcularon en una foto del momento, unas 25 mil personas, aunque si uno estaba atento a la jornada podía notarse que las personas iban y venían de la concentración, fácilmente unas cien mil personas pueden haber estado a lo largo de la jornada.

En el centro de la escena en Plaza de la Dignidad, las personas volvieron a apropiarse de un espacio que durante la pandemia el gobierno había intentado restaurar. Pintaron de color rojo el monumento del general Baquedano en señal de repudio por las muertes y las múltiples violaciones a los derechos humanos ocurridas en el país desde el 18 de Octubre pasado. También demandaron la liberación de más de mil jóvenes luchadores que se encuentran en prisión preventiva, muchos sin ninguna prueba por parte de la Fiscalía, pero amparados para la dura aplicación de la dictatorial Ley de Seguridad Interior del Estado.

Los cánticos seguían siendo los del repudio al gobierno de Sebastián Piñera, al que se le grita que es un “asesino igual que Pinochet”. El clima general era el de un festejo por el aniversario del día en que “Chile Despertó”, en el que las amplias masas de trabajadores, las mujeres y la juventud, rompieron la estabilidad de un régimen de dominación marcado por las injusticias, los abusos y la enorme desigualdad, exigiendo “Dignidad”.

La jornada estuvo marcada también por la continuidad de la conflictividad social. A pesar de que hace un año “Chile Despertó” y que se ha abierto una oportunidad histórica de cambiar la constitución de la dictadura, las condiciones de vida no sólo no han mejorado para la población, sino que a consecuencia de un manejo irresponsable de la pandemia y de que el costo de esas crisis lo han hecho recaer sobre las espaldas de la clase trabajadora, con cerca de 2 millones de despidos, el deterioro de las condiciones de vida ha aumentado. Desarrollándose así varias escenas que quedarán grabadas en la memoria de las generaciones.

 Particularmente significativa fue la quema de dos Iglesias: La Iglesia de la Asunción, que fue un centro de torturas de la dictadura hasta 1982 y posteriormente archivo de la CNI, y la Iglesia institucional de los “pacos”. Los medios tradicionales y la derecha tomaron eso para justificar su opción de rechazar  el cambio constitucional. Lo cierto es que este tipo de acciones muestran el profundo malestar y descontento de una juventud que siente que este sistema solo le brinda injusticias, abusos y desigualdad, y que ve en esos símbolos la representación de un poder despótico y arbitrario.

Con el caer de la noche, se desató la represión en el centro de la capital, pero las protestas siguieron en las comunas más populares de la periferia. Se repitió entonces un nuevo episodio de la brutalidad policial, que cobró la vida de un joven de 26 años de la población La Victoria, Aníbal Villarroel Rojas, que se suma a la larga lista de víctimas de la represión en Chile, denunciada por múltiples organismos internacionales pero que persiste avalado por el gobierno de Piñera y su ministro del Interior, Víctor Pérez, un civil que trabajó de manera estrecha con la dictadura.

El balance de la jornada muestra varias cosas que es importante considerar. En primer lugar, que la llama de la rebelión sigue viva pasado un año a pesar de las condiciones impuestas por la pandemia (Estado de excepción constitucional, Toque de queda, y restricciones a las libertades democráticas) y de haber logrado arrancarle a la clase dominante un plebiscito para cambiar la constitución impuesta de manera fraudulenta por la dictadura en 1980. Las ganas de seguir luchando por cambiar las injusticias, abusos y desigualdades, siguen presente entre la juventud, las mujeres y los trabajadores precarizados por el sistema capitalista chileno.

En segundo lugar, se evidencia un abandono por parte de la principales organización sindical del país la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), dirigida el PC. En todo el año no han llamado a una sola medida de lucha que logre unificar la masividad de la protesta. Al contrario, han jugado al quietismo esperando que todo se resuelva por la vía de las urnas, a pesar de que hasta ahora nada ha cambiado y que incluso se han empeorado las condiciones de vida.

Finalmente, para quienes siguen en las calles luchando por cambiar el actual estado de cosas resulta importante el articular a los distintos sectores, generando espacios para que confluyan los distintos movimientos, colectivos y personas, organizándose de manera independiente de los partidos del régimen que buscan canalizar institucionalmente el malestar, de cara a un plebiscito histórico en el que se podrá cambiar la constitución de la dictadura, pero en el que el resultado del mismo dependerá de si esta rebelión logra hacerse escuchar en el seno del proceso constitucional o más allá de sus límites.

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