• La actual crisis política es una continuación de la polarización crónica que este gobierno autoritario, con un neofascista a la cabeza, ha provocado desde el primer día de su mandato.

Por Antonio Soler

Si no decisiva, esta semana será muy importante para el desarrollo de la crisis nacional. El avance catastrófico de la pandemia se ha cobrado más de 11 mil muertos, convirtiendo a Brasil en el principal epicentro de la propagación de Covid-19. Y la crisis económica va camino a una depresión que derribará el PBI por encima del 5%, y que ya afecta el empleo y los ingresos de la mayoría de los trabajadores.

La actual crisis política es una continuación de la polarización crónica que este gobierno autoritario, con un neofascista a la cabeza, ha provocado desde el primer día de su mandato. Como todos saben, tenemos un gobierno autoritario, negacionista y genocida que actúa en el sentido de propagar el virus, atacar los derechos de los trabajadores y amenazar sistemáticamente a otros poderes, principalmente los derechos democráticos conquistados por la clase trabajadora y los oprimidos. Además, Bolsonaro quiere controlar personalmente a la Policía Federal (PF) para evitar investigaciones contra aliados y su núcleo familiar, y también, para ponerla al servicio de su proyecto autoritario.

Una bomba de tiempo a punto de explotar

En una entrevista concedida en la mañana del 24/4, Moro dijo que Bolsonaro lo venía coaccionando desde septiembre del año pasado para cambiar al entonces jefe de la PF (Maurício Valeixo) y a la Superintendencia del PF de Río de Janeiro, pero que a partir de marzo de este año la ofensiva se había vuelto más intensa.

Como prueba de la denuncia, Moro publicó el intercambio de conversaciones de Whatsapp en la que Bolsonaro le decía que el PF estaba persiguiendo a los diputados federales del PSL, aliados del gobierno. Además, afirmó que el asunto se discutió en una reunión ministerial y que su firma electrónica en el Boletín Oficial exonerando a Valeixo, no había sido autorizada. Es un conjunto de denuncias que, de ser probadas, determinarian una serie de crímenes cometidos por Bolsonaro y los ministros que trabajan en su entorno.

El mismo día del pedido de renuncia a Moro, el ex jefe de la PF es reemplazado por Bolsonaro, quien coloca en la Dirección General de la PF a Alexandre Ramagem, un hombre de confianza de su familia y que fue jefe de ABIN (Agencia Brasilera de Inteligencia). Pero a solicitud del PDT, el ministro de STF, Alexandre de Moraes, retira la nominación de Ramagem con la acusación de violación de los principios de moralidad, lo que hizo que Bolsonaro retrocediera y nombrara a Rolando Souza para el puesto, otro aliado personal de la familia Bolsonaro y también de ABIN.

A su vez, las denuncias de Moro obligaron a la Oficina del Fiscal General (PGR) a solicitar al STF que abriera una investigación sobre los hechos denunciados. Esta investigación tuvo como consecuencia el testimonio de Moro ante la PF el 2/5, con la intención de registrar la reunión ministerial que discutió la supuesta interferencia (sic) en el PF, y a partir de esa semana, el de tres ministros: Augusto Heleno (Gabinete de Seguridad Institucional), Walter Braga Netto (Casa Civil) y Luiz Eduardo Ramos (Secretaría de Gobierno), seis delegados del PF y la diputada federal Carla Zambelli (PSL-SP).

Por esto, la denuncia de Moro del 24/4 puede tener el efecto de una bomba de tiempo por los testimonios de esta semana, pero principalmente por la posible publicación de la grabación de la reunión ministerial que trata sobre el cambio del comando de la PF. Además de demostrar la intención de controlar la PF para evitar las investigaciones a los aliados y a sus hijos, este material, si se hace público, puede tener un efecto explosivo y presionar a la PGR para que lo envíe a la Cámara de Diputados y que se abra una investigación a Bolsonaro por falsedad ideológica, coerción en el curso del proceso, defensa administrativa, obstrucción de la justicia y corrupción pasiva. Según lo aceptado por la Cámara de Diputados, Bolsonaro tendría que alejarse durante 180 días para abrir el proceso de juicio político.

La pasividad criminal de la izquierda

En esta situación, Bolsonaro intensifica su política genocida, anunciando simbólicamente una “barbacoa” el sábado (9/5), el mismo día en que se informaron más de 10.000 muertes por Covid-19. Mientras que su gobierno no toma ninguna medida efectiva para combatir la pandemia, compra votos y aliados del centro para evitar la solicitud de juicio político y agita a su base neofascista con que, para defender a su gobierno ante cualquier amenaza, reaccione violentamente en las calles.

Por esta razón, la pasividad con la que la izquierda enfrenta la situación es criminal. El PT, la CUT y Lula, -principales líderes del movimiento de masas, a pesar de sus capitulaciones ante los ataques reaccionarios y las traiciones a las luchas- no toman ninguna acción real contra el gobierno, lo que le da tiempo a Bolsonaro para armarse (literalmente) por abajo y por arriba para imponer su proyecto. El PSOL, a su vez, debido a la política de la mayoría de su dirección, además de esperar pasivamente la posición del PT frente a una crisis política en aumento, ni siquiera ha logrado unificarse en torno a un único pedido de juicio político.

Esta semana es muy importante para la coyuntura. Nuestro partido tiene que unificarse en torno a un solo pedido de juicio político y exigir la publicación del video ministerial en posesión del PF. Además, hay que exigir acciones a las direcciones mayoritarias de los movimientos e impulsar la campaña por “Fuera Bolsonaro y Mourão” con silbatazos y demostraciones a través de autos con sonido.

Pero no podemos quedarnos en eso. Siempre que sea posible, con planificación y distanciamiento social, necesitamos, -como lo hizo la Democracia Corintiana el sábado pasado en la Avenida Paulista- enfrentar a los neofascistas bolsonaristas que amedrentan cualquier oposición al gobierno en las calles. Por lo tanto, incluso en medio de la pandemia, la presencia política en las calles será decisiva para la dinámica de la lucha y para la correlación de fuerzas en el próximo período.

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