Brasil entre Lula y Bolsonaro: las elecciones en números

La elección general, las regiones y el fracaso de las encuestas.

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En una elección extremadamente polarizada, Lula se impuso al actual presidente brasileño por 5 puntos (48% vs 43%) pero no le alcanzó para ganar en primera vuelta. Bolsonaro sorprendió al superar todas las encuestas, que lo ubicaban 10 puntos abajo del candidato del PT, y habrá balotaje el 30 de octubre.

«Vamos a ganar, esto es sólo una prórroga» decía Lula Da Silva desde su búnker de campaña en Sao Paulo apenas después de conocerse los primeros resultados. Es cierto que el petismo logró marcar una diferencia innegable con el Partido Liberal de Bolsonaro: los separan 6.186.838 votos.

Pero la diferencia es menor de la esperada y el bolsonarismo parece salir fortalecido subjetiva y objetivamente. Ganó 9 gobernaciones contra las 5 del PT y amplió su presencia parlamentaria. Bolsonaro tendrá el mayor bloque en la Cámara de Diputados con 99 escaños. Es cierto que es una quinta parte de la cámara (513 bancadas) pero probablemente le alcanzará para impedir que el PT forme una mayoría propia.

Otro victoria estratégica del bolsonarismo fue en Sao Paulo, que no muchos vieron venir. El candidato de Bolsonaro derrotó en el Estado más rico del país a Fernando Haddad, el ex presidenciable del PT que perdió con Bolsonaro en 2018. Sin embargo, como en las presidenciales, habrá allí segunda vuelta.

La elección en números

Fue la elección más polarizada de, al menos, los últimos 35 años. Los dos primeros candidatos concentraron más del 91% de los votos. La concurrencia fue del 80%, un nivel similar al de 2018.

A nivel presidencial, el PT se impuso en 14 estados y el Partido Liberal de Bolsonaro lo hizo en 13.

La tendencia general fue el triunfo de Bolsonaro en las regiones de mayor densidad poblacional y en las grandes ciudades. De los 5 estados más poblados, Bolsonaro ganó tres: Sao Paulo (48%), Río de Janeiro (51%) y Rio Grande do Sul (49%). Lula se impuso en dos: Minas Gerais (48%) y Bahía (70%).

De todas maneras, Bolsonaro perdió contra el PT en cuatro estados que había conquistado en 2018: Amazonas, Amapá, Tocantis y Minas Gerais.

En Brasilia, el Distrito Federal brasileño, Ibaneis Rocha del MDB (partido de Temer, apoyado por Bolsonaro) retuvo la gobernación en primera vuelta con un 50, 27% de los votos. La diferencia fue de casi 25 puntos sobre Leandro Grass, del Partido Verde, quien había recibido el visto bueno de Lula da Silva.

Las encuestas y la calle

A pesar de la victoria nominal de Lula, el bolsonarismo parece salir revitalizado de los comicios. Las últimas encuestas posicionaban a Bolsonaro entre 10 y 15 puntos por debajo del candidato del PT.

Las razones del fracaso de las encuestadoras son varias. No es la primera vez que una elección presidencial da por tierra con todos los sondeos. El problema de fondo es que la representación política y electoral en Brasil está pasando por un momento de fuerte polarización. Y donde hay polarización, hay disputa.

Bolsonaro viene de movilizar a su base social fascistoide el pasado 7 de septiembre. No es casual que los fetiches militaristas hayan tenido especial protagonismo en las grandes ciudades en las que el bolsonarismo terminó imponiéndose: Brasilia, Río de Janeiro y Sao Paulo.

Un mes decisivo para el futuro de Brasil y Sudamérica

«Desgraciadamente para algunos, tengo un mes más para hacer campaña» decía Lula tras conocerse la fecha del balotaje. Todavía queda por verse qué hará efectivamente el PT para evitar una remontada de Bolsonaro en el balotaje.

Sucede que la estrategia de «esperar sentado» para cosechar la victoria no le está funcionando demasiado bien al lulismo. Regalándole la calle al bolsonarismo y sin presentar una alternativa real y concreta para los millones de brasileños que viven la crisis económica, el petismo parece apelar únicamente a la nostalgia por los años pre – impeachment. Y no está claro que eso sea suficiente para barrer a Bolsonaro de la competición.

Especialmente porque las amenazas golpistas siguen siendo una realidad. Así lo testimonió el desfile armado del 7 de septiembre. Bolsonaro suavizó su discurso derechista de cara a los comicios, pero las amenazas golpistas y anti – democráticas siguen pendiendo sobre la coyuntura brasileña.

Hay algo cierto en las palabras de Lula: queda un mes para barrer a Bolsonaro de la escena y eliminar las amenazas fascistas. Pero para eso no alcanzará con esperar sentado al día de la elección. Especialmente porque a Bolsonaro también le ha sido regalado, como por intervención divina, un mes de preparación.

El actual presidente brasileño ya parecía fuera del combate electoral y de repente parece más vivo que nunca. No hay duda de que Bolsonaro no permanecerá quieto hasta el día de las elecciones. Las próximas cuatro semanas podrían ser de importancia histórica para el futuro de Brasil, pero también de Sudamérica, una región que permanece en vilo con los ojos puestos sobre el duelo Lula – Bolsonaro.

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