• En varias ciudades de Brasil el impacto de la pandemia y la política genocida de Bolsonaro están impactando tan duramente que la población decrece.

Luz Licht

La gestión de la pandemia en manos de Jair Bolsonaro continúa sembrando tragedias para las grandes mayorías en Brasil. Mientras, el genocida en la presidencia repite sus discursos burlándose de las cifras de muertes diarias y carga con críticas furibundas en contra de las medidas de restricción y cuidados sanitarios que toman en forma parcial los gobiernos locales. Por su parte, ayer el Supremo Tribunal Federal del país ratificó una la apertura de una Comisión de Investigación Parlamentaria (CPI) por su gestión de la pandemia.

Según el reporte del día 14 de abril del Consejo Nacional de Secretarios de Salud (CONNAS), en las últimas 24 horas hubo más de 73.513 contagios y 3.459 fallecimientos por Covid-19. La tasa de letalidad en todo el territorio en este momento permanece en torno al 2,6%.

Así, la política de Bolsonaro lleva a batir récords que redundan en la pérdida evitable de miles de vidas a diario. En lo que va del comienzo de la pandemia ya fallecieron más de 361.884, según el informe oficial de ayer. La falta de camas de terapia intensivas, respiradores y hasta oxigeno llevan a algunas previsiones a señalar que a corto plazo puede llegarse a los 500 mil muertos.

Un fenómeno estadístico que grafica el impacto de la gestión bolsonarista de la pandemia

Hay un fenómeno estadístico que se comenzó a registrarse en varias ciudades del país, se trata de la inversión en la relación entre la curva de nacimientos y muertes. Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) estaba previsto que este hecho tenga lugar en el año 2047. Sin embargo, el aumento de casos y fallecimientos a causa de la gestión bolsonarista de la pandemia aceleraron drásticamente los tiempos.

Por ejemplo, en Porto Alegre, capital de Río Grande do Sul, en el mes de marzo se registraron 3.221 muertes y 1.509 nacimientos. Un caso paradigmático se encuentra en el estado de Minas Gerais, en la ciudad de Uberlândia, donde hubo 262 más muertes que nacimientos en el mes de marzo. Allí, el propio alcalde bolsonarista, Odelmo Leão, llegó a repartir gratuitamente hidroxicloroquina entre la población (un supuesto medicamento cuya ineficacia para combatir el virus está comprobada).

En Fortaleza, capital del estado de Ceará, en marzo registró 3.401 muertes frente a 2.426 nacimientos. Incluso la red de hospitales privados llegó a colapsar por el aumento desbocado de los contagios en la ciudad. Recife, en el estado de Pernambuco, para el mismo mes registró 2.191 personas fallecidas ante 1.978 nacimientos.

El negacionismo tiene un infame rostro en la región y es el de Jair Bolsonaro. Su acción y política consciente siembra muerte a su paso.

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