• Podría llegarse a las 3 mil muertes diarias en las próximas semanas si un confinamiento a nivel nacional no es decretado inmediatamente.

Antonio Soler

Ya no es una novedad decir que en Brasil estamos en el peor momento de la pandemia, día tras día batimos récords en el número de muertes y de contagios. Así, vivimos una creciente situación de descontrol de la pandemia que puede llevar a más de 3 mil muertes por día y, consecuentemente, a un colapso nacional del sistema de salud si medidas como el confinamiento no son tomadas urgentemente.

 

Batimos récords de muertes cada día, el miércoles tuvimos 1.840 nuevas muertes a causa del Covid-19, el día anterior fueron 1.726. Ya estamos hace cerca de una semana batiendo records de muertes, nuestra media semanal es de 1.332 muertes.

En una entrevista para el sitio El Pais, Miguel Nicolelis[1] traza un escenario de “guerra explícita” y dice que podemos tener “la mayor catástrofe humanitaria del siglo XXI en nuestras manos”. Afirma también que tendremos en los próximos días unas 2.000 muertes diarias y en las próximas semanas podríamos pasar las 3000 muertes por día por covid-19.

Para Nicolelis, no basta simplemente de aumentar el número de camas, porque no tendríamos condiciones de dotarlos del personal médico necesario a tiempo debido a la dinámica de contagio – principalmente si considerarnos las mutaciones del virus que tenemos en territorio nacional – es mucho más rápida que cualquier operación de montaje de hospitales de campaña.

Algunas ciudades ya están viendo colapsar su sistema de salud y en diez capitales ya alcanzamos el 90% de ocupación de camas de UTI (Unidad de Terapia Intensiva). Ni ciudades como San Pablo pueden escapar de esta situación. El hospital Emílio Ribas, referencia en el tratamiento de enfermedades contagiosas, ya está con el 100% de su UTI completa, y el Hospital de Clínicas, mayor complejo hospitalario del país, está con un 80% de ocupación.

Con una dinámica de 3.000 muertes diarias en los próximos 90 días, podríamos llegar a un número de entre 180.000 y 270.000 muertes. Teniendo en consideración el ritmo de vacunación brasilera, que hasta ahora vacunó a penas al 3,5% de la población, y de la presencia de todas las mutaciones del virus, este es un escenario explícito de genocidio que sólo puede ser contenido en términos inmediatos por el decreto de un confinamiento nacional.

Para salvar vidas, es  inmediatamente necesario jerarquizar la lucha por un confinamiento

En cuanto Brasil alcanzaba las 1.840 muertes, Bolsonaro en las declaraciones que hace diariamente ante sus simpatizantes frente al Palacio del Planalto afirmó que “si depende de mi nunca tendremos confinamiento. Nunca, una política que no funcionó en ningún lugar del mundo. En los Estados Unidos varios estados anunciarán que no lo tienen más [confinamiento]. No quiero polemizar sobre ese asunto aquí”.

Esa posición genocida, sumada a una serie de otras que van en contra de la prevención e inmunización, han sido la misma desde el inicio de la pandemia. Además, no logró imponer a los gobernadores e intendentes la prohibición de medidas referidas al distanciamiento social, como el cierre de comercios y otras, porque fueron impedidas por decisión del STF (Supremo Tribunal Federal).

Quiere decir, que si dependiera de Bolsonaro y de su base de apoyo ya habríamos asistido al colapso total del sistema nacional de salud. Bolsonaro y su negacionismo genocida son responsables por la perdida de millares de vidas, por eso, debe ser inmediatamente impedido de continuar al frente del gobierno federal, ser juzgado por sus crímenes contra la humanidad y puesto tras las rejas.

Pero, nuestra lucha no es sólo contra Bolsonaro, varios gobiernos estaduales y municipales también tienen posiciones que son variantes del negacionismo. Ese es el caso del gobernador de San Pablo, João Dória (PSDB), que cuando no toma medidas ultra parciales, como es el caso del toque de queda entre las 20hs y las 5hs, impone de forma criminal a los profesores,empleados y estudiantes aulas presenciales en medio del incremento de la curva epidémica y a la vera del colapso sanitario.

Ante esta situación de descontrol total de los contagios, del crecimiento exponencial del número de muertes y de la inminencia del colapso generalizado del sistema de salud, no debemos luchar solo por vacunas para todos ya, por una ayuda mínima para las y los desempleados y por el Fuera Bolsonaro. Entra como prioritaria en nuestro pliego de reivindicaciones la lucha por medidas de distanciamiento que puedan frenar la situación, como el confinamiento. Pero, para que estas medidas de distanciamiento sean eficaces, precisan ser acompañadas de una ayuda y de un salario mínimo para los desempleados/as y otras medidas para proteger el empleo, de lo contrario es imposible garantizar cualquier medida eficiente de distanciamiento social.

Centenas de millares de vidas están en juego! Este descontrol nos coloca un problema adicional para llevar a cabo la lucha. Acciones convencionales, como movilizaciones y otras, que reúnen millares de personas están fuera de discusión. Pero, eso no impide que en este momento encontremos formas de movilización que creen impacto político, como lo son, por ejemplo, los cacerolazos, las caravanas, actos performáticos u otros.

Necesitamos exigir que sea inmediatamente decretado un confinamiento a nivel nacional para las próximas semanas, la aprobación de la renta o ayuda mínima equivalente a un 1 salario mínimo (no los míseros 200 reales que quieren dar el gobierno y el Congreso) costeado por un impuesto a las grandes fortunas y con las ganancias de las grandes empresas, la liberación de las patentes de las vacunas para que se puedan producir en el territorio nacional e inmunizar lo más rápido posible al conjunto de la población. ¡Sólo la lucha salva vidas!


[1] Médico y profesor catedrático de la Universidad Duke (EUA). Coordinó a lo largo de la pandemia de coronavirus el Comité Científico del Consorcio Nordeste para el covid-19.

 

Traducido del portugués por Luz Licht

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