• Derrota de la extrema derecha, recuperación de la derecha tradicional y fortalecimiento de alternativas a la izquierda del PT.

Antonio Soler

Las elecciones municipales de este año han mostrado ser parte de una tendencia mundial en la que las formaciones de extrema derecha están sufriendo importantes reveses. No sólo por la elección de Joe Biden en los Estados Unidos, también por el resultado electoral en Bolivia, por el Plebiscito chileno y otros fenómenos políticos que son reflejo de la resistencia de masas en todo el mundo.

La ola reaccionaria y el apoyo de Bolsonaro a sus candidaturas en las elecciones de 2018 fueron decisivas para que un partido (PSL) que tenía apenas un Diputado Federal pasase a ser la mayor bancada de la Cámara de Diputados, o que figuras que eran prácticamente desconocidas fuesen electas para el gobierno de importantes Estados del país. Además de indicar que Bolsonaro deja de ser un líder electoral viable, las elecciones municipales parecen estar indicando que Brasil tiende a conectarse con la tendencia internacional en el que el péndulo político vira al centro; o sea, podría tratarse de una superación parcial de la situación reaccionaria que vivimos los últimos años.

Los resultados del boca de urna están demostrando que el bolsonarismo, al menos en las capitales, está sufriendo una importante derrota. Según las pesquisas del boca de urna y los recuentos electorales en curso, hay pocas candidaturas ligadas al bolsonarismo que pasarán a la segunda vuelta. El caso más emblemático es la candidatura apadrinada por Bolsonaro en São Paulo, Celso Russomano (Patriotas), que en los boca de urna hechos por IBOPE dejó el primer lugar y ahora aparece con apenas un 8% de los votos.

La derrota del bolsonarismo, la inclinación del péndulo electoral más al centro y el crecimiento de una alternativa de izquierda por fuera del lulismo, destacadamente el PSOL, es un reflejo de la coyuntura mundial pero no sólo eso. También es el resultado de la experiencia de masas de los grandes centros urbanos con el bolsonarismo, responsable político de la pérdida de millares de vidas por la pandemia, por el desempleo creciente y por los ataques a los derechos sociales y políticos de los trabajadores y oprimidos.

La llegada de Guilherme Boulos a la segunda vuelta en São Paulo tiene una enorme importancia política nacional y está ligado a lo más avanzado de las expresiones políticas mundiales. São Paulo es la mayor ciudad del país y viene teniendo en los últimos tiempos un importante protagonismo en la lucha contra las amenazas del gobierno de Bolsonaro a los derechos democráticos.

Boulos salió de las elecciones presidenciales con menos del 1% de los votos. No obstante, al contrario que los dirigentes del PT y de la amplia mayoría de la «izquierda», se colocó desde el primer día como oposición en las calles al gobierno de Bolsonaro como dirigente del MTST. Terminó de ser convertido en líder nacional de la resistencia al golpismo bolsonarista diferenciándose de los dirigentes petistas, que se ubicaron contra la realización de los actos en Defensa de la Democracia, ganando así una proyección nacional mucho mayor que la adquirida en las elecciones del 2018.

La disputa en la segunda ronda en São Paulo con el candidato del PSDB será un importante termómetro, no sólo para las elecciones del 2022 sino para la lucha de clases del próximo año. Derrotar al representante directo del capital financiero paulista no substituye la lucha de clases pero puede tener un peso muy importante en ella.

Por eso es fundamental nacionalizar aún más la disputa en São Paulo, movilizar todas las fuerzas de la izquierda en esa batalla, organizar la campaña en comités de barrio, en los lugares de trabajo y los sindicatos. Además de eso, es preciso impulsar la campaña de la «revolución de la solidaridad» y asumir un programa que apunte, de forma comprensible, a la solución de los problemas más sentidos de los trabajadores de la metrópolis hoy. Eso está por ocurrir con la campaña de Boulos, que demandará presentar salidas para la falta de vivienda, para la salud, transporte, educación y otros.

Además de São Paulo, serán pocas las capitales que tendrán a la izquierda en la segunda vuelta, como Belém (Edmilson del PSOL llegó a la segunda vuelta) y Porto Alegre (Manuela del PCdoB). Por eso estas candidaturas no pueden, como en el pasado reciente, hacer campañas electorales que no preparen un movimiento social capaz de poner al frente a una gestión que represente, de hecho, los intereses de los trabajadores y oprimidos.

Estar al frente de gobiernos locales y no traicionar los intereses de las masas trabajadores y los oprimidos demanda la existencia de una intensa movilización, sólo posible si esas candidaturas no estuviesen ligadas a desplazamientos políticos que vayan más allá del voto, que durante y después de las elecciones ganen las calles. De cualquier forma, esta es una elección que significa una derrota del bolsonarismo, el avance de la derecha tradicional y de la izquierda no petista en importantes ciudades.

La situación política nacional da indicios de que acompañará la dinámica más polarizada a nivel internacional. Pero los resultados electorales, a pesar de ser un importante reflejo de la realidad pero de un modo distorsionado, las cosas realmente se podrán resolver en la lucha en las calles. Es en una campaña de izquierda militante y en la movilización directa post-electoal que nuestra tendencia interna del PSOL -Socialismo o Barbarie- y sus candidaturas apuestan a una disputa en la segunda vuelta y en las luchas directas que están en curso.

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