• Los infectatos ya trepan a más de 600, con 7 muertos, y la preocupación crece por la actitud negacionista e irresponsable del presidente Jair Bolsonaro. Desde la cuarentena, protestas masivas contra el gobierno.

Por Luz Licht

El exmilico oscurantista se jactaba hace poco en redes de que “Es sólo  una gripe kkkk (jajaja)”. Hace días se suceden masivos cacerolazos en todo Brasil, con la consigna central de “Fuera Bolsonaro”. Con la gente guardando cuarentena desde sus casas, salieron por las ventanas a tomar con el ruido la escena nacional. Mientras por arriba, el diputado Leandro Grass, el martes (17) elevó al Congreso un pedido de Impeachment por la irresponsabilidad extrema del mandatario.

Producto de las contrarreformas que se vienen imponiendo, el estado no puede siquiera disponer del presupuesto en caso de necesitarse el vuelco de fondos extraordinarios para atender las necesidades sanitarias y de ayuda a la población. Bolsonaro al frente del gobierno tampoco quiere mover un dedo para actuar y la situación podría agravarse si no hay medidas urgentes y adecuadas.

Hasta después de los cacerolazos, su actitud era ridículamente negacionista, al punto de decir: «Nosotros esperamos, creemos, que en tres o cuatro meses va a disminuir el pico del virus y a partir de seis meses Brasil entra en la normalidad». Como tratándose de una cuestión de fe, esperaba que las cosas vuelvan a la normalidad sin tomar ninguna medida. Y si bien ahora cerró parcialmente las fronteras, se opone de manera frontal a las medidas más tibias para frenar los contagios, desde paralizar parcialmente la producción hasta avanzar en los tests, Bolsonaro no quiere mover un dedo.

 

Son más de 14 personas de su entorno cercano y el gabinete con casos positivos de Covid-19, y Bolsonaro todavía decía que el sábado 14 haría una gran fiesta por su cumpleaños. A la vez que exhortaba al ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, a ir en contra las recomendaciones para evitar una mayor propagación del virus, para que apoyara su convocatoria del domingo (15) de marchar contra el Congreso y el poder judicial. En esa reducida marcha, Bolsonaro se tomó fotos, saludó y estuvo en contacto directo con sus simpatizantes.

Esta actitud de profundo desprecio por la salud y vida de la población es un motivo de bronca creciente, ante un momento donde la gente no sólo trata de protegerse de la pandemia, sino también de un gobierno que aprovecha la situación para continuar con los ataques al pueblo trabajador y sus derechos. La medida provisional (MP) enviada recientemente al Congreso, plantea habilitar a los empresarios a llevar adelante una reducción de la jornada y los salarios, “para preservar empleos” en palabras del ministro de Economía.

En este contexto, con las personas desde sus casas dispuestas a cuidarse pero no a seguir tolerando los atropellos de Bolsonaro, ya que sus acciones atentan contra la salud del pueblo trabajador, lejos de paralizarlos, despertó la reacción de las y los de abajo.

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