Por Luz Licht

La sede de  la productora Porta dos Fundos ubicada en Río de Janeiro fue atacada en la madrugada del 24 de diciembre con cocteles molotov arrojados en las puertas del edificio. Fue un ataque de odio luego de que la comedia “La primera tentación de Cristo”, con un Jesucristo homosexual por protagonista, fuera publicada por Netflix.

El atentado fue reivindicado por el grupo integralista “Comando de Insurgencia Popular” de la “Familia Integralista Brasilera” cuyos lemas son “Dios, Patria, Familia”. El “Integralismo” brasilero remonta sus orígenes al año 1932, con Plínio Salgado como fundador, inspirado en el fascismo italiano y nazismo alemán. La impronta del mismo es nacionalista, católica y ultra conservadora, de allí el lema antes citado. Este movimiento tuvo como principal fuerza social a las clases medias reaccionarias, alcanzando un gran auge en 1935 con el Estado Novo de Getulio Vargas y con la proliferación de las bandas de “camisas verdes” que atacaban a las organizaciones de trabajadores y de izquierda.

El “integralismo” actual son apenas pequeños grupos pero encuentran un clima propicio para actuar impunemente bajo el gobierno de Bolsonaro.

En un comunicado difundido la productora asegura, “adelantamos  que seguiremos adelante, más unidos, más fuertes, más inspirados y confiados en queel país sobrevivirá a esta tormenta de odio y el amor prevalecerá junto con la libertad de expresión”. Esto da cuenta de una atmósfera asfixiante y represiva en el ámbito de la producción cultural.

Recordemos que en el mes de agosto se producía la renuncia del secretario de Cultura, Henrique Pires, dado el sistemático ataque a las distintas producciones y  expresiones artísticas que no superen el “filtro” que Bolsonaro impulsa contra las expresiones que juzga “impropias”, debido a que un supuesto  contenido “ideologizado y pornográfico” se presenta “atentando contra los valores de la familia tradicional”.

Es que a partir del ahogo presupuestario y el recorte de financiamiento, sobre todo por la quita de subsidios públicos, producciones con temática LGTTBI fueron rechazadas en concursos por espacios en la televisión pública, obras teatrales fueron privadas de los fondos de la Caja Económica Federal, viéndose afectadas también las producciones audiovisuales o filmes a la hora de recibir cuotas asignadas para su distribución.

El “filtro” censor lo determina la mirada de un ex milico racista, machista, homofóbico que quiere imponer una forma de ver y habitar el mundo acorde a los “valores de la familia cristiana”. Cuenta con el apoyo de sus lacayos fanáticos que se atreven a este tipo de ataques amparados por la política de estado.

La ofensiva reaccionaria no da tregua mientras el lulismo propone dejar gobernar a Bolsonaro hasta 2022.

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