Bolsonaro anuncia abiertamente tácticas golpistas en la segunda vuelta, mientras Lula…

Es necesario derrotar al bolsonarismo en las calles para derrotarlo, definitivamente, en las urnas el día 30.

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Las encuestas de intención de voto sitúan un escenario de leve favoritismo para Lula, pero la abstención impuesta por la fuerza golpista podría dar la vuelta al partido en la recta final, un escenario de peligro histórico que hay que afrontar con la más amplia movilización.

Partiremos de la encuesta para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales publicada por el Instituto Quaest y el Instituto Ipespe esta semana. En cuanto al total de votos válidos -sin blancos ni nulos- el escenario es de absoluta estabilidad, según Quaest. Lula tiene el 54% y Bolsonaro el 46%, lo que representa exactamente el mismo porcentaje de la encuesta realizada el día 6.

Con la gran diferencia mostrada en los resultados finales y los de las encuestas en la elección de la primera vuelta, el 2 de octubre los institutos introdujeron metodologías para calibrar las encuestas; ahora también tienen en cuenta la expectativa de abstención, la preocupación central de esta segunda vuelta.

Para Quaest, del 45% de votantes que dejaron de votar, casi el 21% del electorado pretendía votar por Lula y el 25% por Bolsonaro. El instituto introdujo un nuevo modelo de investigación, el llamado “votante probable”, que identifica a los votantes con más probabilidades de votar el 30 de octubre, con base en una encuesta sobre el comportamiento de los votantes en la primera vuelta. Bajo este criterio, la diferencia entre Lula y Bolsonaro llega al 53% y 47%, respectivamente, ubicándose en 6 puntos porcentuales.

Ipespe también se centró en la expectativa de abstención para tratar de calibrar con mayor precisión cuál sería realmente la votación en la segunda vuelta. Para ello, aisló al 81% de los encuestados que dijeron estar “muy interesados” en las elecciones y, en este grupo, según el instituto, Lula tendría el 51% y Bolsonaro el 47% de las intenciones de voto, es decir, la diferencia se reduciría a 4 puntos porcentuales.

Los datos recogidos por los dos institutos ponen a Lula en una situación de leve favoritismo hoy. La situación es de aparente estabilidad, según encuestas el 94% de los electores ya definió su voto en la segunda vuelta, pero dependiendo de las próximas semanas el comportamiento de los votantes en vísperas de la segunda vuelta y la postura política de los contendientes, el escenario puede cambiar dando la victoria a Bolsonaro, aunque esa no sea la voluntad de la mayoría de la población. Esta ha sido una preocupación de ambas campañas, mucho más la de Lula, ya que sus votantes se concentran entre la población más pobre, es decir, la que tiene más dificultad para acudir a los colegios electorales, tema que trataremos de abordar más adelante.

El desafío histórico de repeler el bonapartismo

Como todos los bonapartistas o autócratas, para usar una palabra de moda, Bolsonaro si es reelegido atacará aún más los derechos democráticos en un segundo mandato, y aquí no se trata de una defensa del régimen democrático burgués, que queremos superar, sino de la defensa de los elementos fundamentales de la democracia que quedan en ella y que fueron conquistas de la clase obrera, como el derecho a organizarse y luchar.

A pesar de lo que piensan ciertas sectas políticas, que no captan lo que representa Bolsonaro (tema que abordaremos en otra nota de esquerdaweb), como el proceso de autocratización que vemos en varias partes del mundo, la reelección del presidente neofascista abrirá una situación aún más peligrosa para los derechos de la clase obrera y los oprimidos.

Los ataques de Bolsonaro a los derechos democráticos, económicos y sociales en el primer mandato son tan amplios que no caben en el espacio de este texto, pero seguramente se intensificarán en un segundo mandato, lo que conducirá a un efectivo giro reaccionario del régimen si lanzamos una contraofensiva que esté a la altura antes y después de la segunda vuelta.

Además de la contrarreforma de la Seguridad Social, las privatizaciones, la necropolítica, el ecocidio y el genocidio, Bolsonaro en su primer mandato atacó la educación escolar, sometió a la Dirección General de la Policía Federal, al Ministerio Público y llegó a un acuerdo con Centrão, entregando parte significativa del presupuesto de la Unión para no ser ser llevado a un impeachment en el parlamento y lograr que éste apruebe sus políticas – el viejo presidencialismo de (super)coalición brasileña fue tomado por la ultraderecha y puesto al servicio de la autocratización.

Y todavía no hemos hablado de los ataques sistemáticos al STF que, tras el acuerdo de Bolsonaro con el Centrão, junto con los ataques a la organización de los explotados y oprimidos, se convirtió en el centro de los ataques al régimen con el objetivo de someter también a la Corte Suprema a los objetivos bonapartistas de Bolsonaro y su movimiento. Y aquí decimos una vez más que este no es nuestro régimen y estado, queremos una revolución que destruya al estado burgués e inaugurar un régimen político en el que la clase obrera y los oprimidos, a través de sus organismos, tomen y ejerzan efectivamente el poder.

Bolsonaro ataca al STF y quiere someterlo aumentando el número de ministros de 11 a 16, como hizo la dictadura militar en la década de 1960, después de las elecciones para que pueda nombrar más ministros y convertirse en mayoría como principal objetivo de atacar a la derechos de los ciudadanos, trabajadores y todos los oprimidos. Además, como cualquier autócrata, no quiere atacar sólo los derechos económicos, sino también el sufragio universal y los derechos de organización y de lucha, la verdadera joya de las masas dentro de la democracia burguesa, que cuando se pierde, los reveses se vuelven históricos. El principal desafío de nuestra generación es, ante todo, luchar por defender los derechos democráticos de lucha y organización amenazados hoy por el neofascismo bolsonarista; en esta estela, compaginar esta lucha con la de superación de la estrategia lulista de conciliación de clases por parte de la izquierda, condición fundamental para la lucha en defensa de los derechos políticos, sociales y económicos, por un programa anticapitalista y por la superación de situaciones cada vez más destructivas capitalismo.

Campismo y sectarismo desarman en un momento decisivo

Los datos de todas las encuestas, sobre todo cuando se calibran con la expectativa de abstención en la segunda vuelta, ponen un escenario en el que Lula está por delante de Bolsonaro, pero con un margen de votos que se puede sacar antes y durante la elección de la segunda ronda del 30 de octubre.

Como decíamos, no nos puede impresionar el favoritismo por Lula, pues Bolsonaro salió fortalecido de la primera vuelta y con la bancada más grande de diputados y senadores, y con el apoyo de los ganadores en los estados que concentran la mayor parte del electorado. Pero eso no es todo, la burguesía agraria, una parte importante de la burguesía nacional y la clase media, están con Bolsonaro. Lula se va con un voto importante en el electorado del Nordeste, entre mujeres y de menores ingresos, cuenta con el bochornoso apoyo de Ciro, con el apoyo del Tebet y de una parte importante de la inteligentsia neoliberal brasileña.

Hasta ahora, parece que estas fuerzas se anulan entre sí por la estabilidad que han mostrado los números de las encuestas electorales, pero no podemos olvidar el fenómeno de la primera vuelta, el voto vergonzoso que favoreció a Bolsonaro, contrariamente a las expectativas de la gran mayoría de los analistas, la abstención que hubo y habrá contra el voto por Lula, el peso de la maquinaria pública y privada -se está dando una monstruosa campaña de acoso electoral dentro de las empresas privadas y en las iglesias neopentecostales que nunca antes se había visto con tanta brutalidad y amplitud- que opera en favor de Bolsonaro y la voluntad de movilizar y radicalizar el bolsonarismo.

Es importante comentar brevemente el último aspecto mencionado en el párrafo anterior para que tengamos una dimensión clara del fuerte componente de imprevisibilidad que se lleva de la primera a la segunda vuelta y que marca esta situación político-electoral.

Bolsonaro, que ya anticipaba la dificultad de superar las intenciones de voto de Lula durante un discurso en Pelotas (RS) el día 11, volvió a arrojar sospechas en las encuestas: este discurso va y viene según las circunstancias. Pero ahora ha llamado a los simpatizantes no solo a votar el 30 de octubre, también quiere que la mafia protofascista, además de votar, permanezca cerca de los colegios electorales. Según él, “el día 30, en verde y amarillo, vamos a votar. Y, más que eso, permaneceremos en la región de las mesas electorales hasta que se determinen los resultados. Estoy seguro de que el resultado será el que todos esperamos, sobre todo porque el otro lado no puede unir a nadie».

Como puede verse, no se puede concebir un cuadro más claro de un golpe de Estado contra la voluntad de la mayoría. Bolsonaro anuncia -si la percepción es que va a perder en las urnas, tiende a llevar a cabo esa táctica- que pondrá toda su maquinaria pública, privada y miliciana para garantizar una gran salida de la ultraderecha no solo para pedir por votos, sino para intimidar abiertamente a los votantes de Lula y dirigir la elección en el más puro golpe de Estado.

Ante este escenario, con una elección indefinida en la que el enemigo es un neofascista que utiliza métodos golpistas a todos los niveles para hacer política, la opresión directa de la burguesía, la maquinaria pública y los pastores neopentecostales manipuladores y acumuladores y que sin pestañear amenazan con poner en práctica la violencia el día 30, la campaña de Lula continúa en la misma sintonía, es decir, presentando una campaña demagógica que vagamente promete mejorar la vida de las masas sin un programa efectivo para los trabajadores – cuando habla directamente contra los derechos, tales como en el caso del aborto- y organizando caminatas que parecen más micaretas.

Esto porque una vez más el frente electoral de Lula, el PT y sus satélites políticos, como el PSOL (pronto tendremos una nota específica en Esquerda Web sobre el papel del PSOL en este coyuntura), con la clase dominante, no permite presentar un programa efectivo para atender las necesidades de los trabajadores empobrecidos, las mujeres, los negros y todos los explotados y oprimidos de nuestra sociedad, línea política que dificulta mucho la acción de las masas en un levantamiento espontáneo para defender sus intereses.

Esta apuesta estratégica por la construcción de un campo electoral-gubernamental con la burguesía, que el PT viene desarrollando desde sus inicios y al que ha arrastrado al PSOL, tampoco permite que la campaña de Lula apueste por la autoorganización, por una verdaderamente militante que se apoya en las organizaciones de base y en las demandas más sentidas. Todo esto para crear un gran movimiento político con bases concretas que tenga el potencial de enfrentar la violencia bolsonarista el día 30, ganar las elecciones y cambiar realmente el país.

Por otra parte, en una escala de importancia mucho menos efectiva, pero que es educativa para señalar críticamente, tenemos sectores de la izquierda socialista, como el MRT, que tiene una postura totalmente contemplativa de la realidad, que, ante la posibilidad de que es imponga el golpismo en las calles y en las urnas no apuesta por ningún frente antineofascista y tácticas de base para derrotar a Bolsonaro. Terminan, de manera irresponsable y políticamente cobarde en todos los ámbitos -como es habitual- con una declaración de abstención frente a un entramado político extremadamente peligroso para el destino de los trabajadores en la lucha de clases de Brasil y de toda la región.

Se necesita una postura militante y no contemplativa -como hacen las sectas políticas- para derrotar al neofascismo que quiere imponer un golpe de Estado que atacará en primer lugar a nuestra clase, pero sin la menor confianza y expectativa política en Lula y su frente amplio con la burguesía.

Así, contra la capitulación vergonzosa y traidora del PSOL y el fatalismo cobarde de otros, el apoyo a Lula en la segunda vuelta debe ser efectivo, pero sin renunciar a la independencia política. Luchando, de hecho, en las calles y en las urnas sin renunciar a la más que necesaria exigencia de que Lula ponga un programa que responda a las necesidades de los trabajadores y los oprimidos, podemos derrotar a Bolsonaro. Esto se hace organizando con urgencia un frente nacional antineofascista y comités de base para realizar acciones de calle para derrotar el movimiento golpista que Bolsonaro preanunció para el día 30 y que podría ponerse en marcha. ¡Hasta –y desde– el 30 de octubre, la canción de nuestra juventud nunca ha sido tan verdadera! en las marchas: “¡Es en las calles, es en las calles, que retrocede el fascismo!”

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