Por Redacción

Amparados en una inexistente “institucionalidad”, los golpistas intentan formar un gobierno votado por nadie con el sólo respaldo de las balas de los represores que intentan contener a las masas que cercan La Paz.

Añez quiere sumir amparada en que su condición de senadora le daría el atributo de hacerlo frente al vació de poder que dejó la renuncia de los funcionarios del MAS. Lo hizo frente a un senado sin quórum: la mayoría no se quiso presentar frente a la persecución policial de la que están siendo víctima todos los miembros del partido de Evo Morales.

El “nuevo gobierno” sería el encargado de conformar un nuevo TSE que encare las próximas elecciones. Si así lo lograran, la palabra “fraude” quedaría sumamente chica. El principal partido del país se encuentra en este momento en una situación de cuasi proscripción, con sus miembros siendo perseguidos y hostigados por las fuerzas armadas, su principal figura en el exilio y la mayoría de la población víctima de un estado de sitio de hecho.

Mientras tanto, las fuerzas de los de abajo se están concentrando sobre La Paz. La ciudad se encuentra prácticamente cercada por los pobladores de El Alto, las comunidad campesinas que se concentran en la ciudad y los mineros que se están abriendo paso a dinamitazos. Este “gobierno” sólo tendrá la legitimidad ganada a punta de pistola.

Jeanine Añez es parte de la coalición de derecha que gobernó tradicionalmente Bolivia, el “Plan Progreso para Bolivia-Convergencia Nacional (PPB-CN)”. Se trata de una coalición de partidos entre los que están el MNR -responsables de la represión de los mineros después de la revolución de 1952 y de las privatizaciones en los 80′- y la Nueva Fuerza Republicana – partido que supo apoyar tanto a Sánchez de Lozada como al dictador militar Banzer-.

Hizo acto de asunción con una Biblia en la mano, en un gesto de repudio al carácter plurinacional del estado boliviano y de cuasi reivindicación de la opresión racial que sufrieron los originarios históricamente.

Las cosas están abiertas: la movilización de masas puede derrotar al nuevo “gobierno” golpista.

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