• Este nuevo movimiento sindical es impulsado por miles de activistas sin experiencia, pero comprometidos. Cómo consolidar este nuevo movimiento laboral es una cuestión primordial para el movimiento democrático si va a surgir nuevamente en el futuro.

Por Au Loong Yu

Hong Kong ha instituido una de las respuestas de pandemia más exitosas del mundo, con solo 1.039 infecciones confirmadas por coronavirus y solo 4 muertes por Covid-19. Sin embargo, el contagio ha agravado las dificultades que enfrenta el movimiento democrático de 2019, que ya estaba a la defensiva a fines del otoño pasado.

Por tercera vez desde la transferencia de Hong Kong del dominio colonial británico a la soberanía china, la región explotó en protesta en 2019. Un millón de personas salieron a las calles en una movilización del 9 de junio convocada por el Frente Civil de Derechos Humanos, una coalición de grupos pro democracia, en la manifestación más grande desde 1997. Tres días después, decenas de miles de manifestantes enmascarados rodearon el Complejo del Gobierno Central de la isla de Honk Kong para evitar que los legisladores se reunieran.

El tema era un proyecto de ley de extradición que permitía que los residentes de Hong Kong fueran juzgados en los tribunales de China continental. Pero el movimiento se convirtió en una rebelión en toda la ciudad por los derechos democráticos contra las crecientes intromisiones del gobierno central en Beijing. Durante los siguientes seis meses, se produjeron al menos 750 protestas con una asistencia acumulada de trece millones de personas, en promedio, alrededor de cuatro movilizaciones por día de 17,000 personas en una ciudad de 7,5 millones. A fines de noviembre, el registro oficial señalaba 15.072 rondas de gas lacrimógeno disparadas por la policía (más de 80 por día), 10.010 balas de goma y 1.999 rondas de bastones flexibles [bean bag] (70 por día) y 279 granadas aturdidoras [sponge grenades]. Más de 8,000 personas han sido arrestadas en toda la ciudad.

 

La Oficina de Enlace del gobierno chino y la Oficina de Asuntos de Hong Kong y Macao han reinterpretado la Ley Básica de Hong Kong (conocida como su “mini-constitución”), argumentando que tienen el derecho de supervisar los asuntos del territorio a pesar del Artículo 22 que prohíbe la interferencia de Beijing.

El Partido Comunista Chino ya había lanzado un fuerte ataque contra Dennis Kwok, un legislador pandemócrata, por obstruir la presentación de un proyecto de ley que, de aprobarse, criminalizaría insultar el himno nacional. El gobierno de Hong Kong, que se cree que actúa bajo las instrucciones de Beijing, ha arrestado a 15 políticos pandemócratas conocidos por participar en protestas antigubernamentales. Aunque los partidos pandemócratas no lideraron la revuelta de Hong Kong en 2019, Beijing los considera traidores por simpatizar con ella. Las represalias son un ataque a todo el movimiento.

Beijing está utilizando la cobertura de la pandemia para continuar su ofensiva contra la autonomía de Hong Kong. Repetidamente ha presionado a la presidenta ejecutiva de Hong Kong, Carrie Lam, a presentar un proyecto de ley de seguridad nacional “para prohibir cualquier acto de traición, secesión, sedición, subversión contra el Gobierno Popular Central”, como lo exige el artículo 23 de la Ley Fundamental. En 2003, Beijing lo intentó, pero fue derrotado en este intento después de que 500,000 salieran a las calles. Si lo intenta de nuevo, se convertirá en nuestra próxima batalla.

Beijing no descansará hasta que Hong Kong se incorpore completamente bajo el dominio chino y todas nuestras limitadas libertades se hayan extinguido. Pero el Partido Comunista enfrenta obstáculos.

Primero están los funcionarios públicos disidentes, que se han vuelto más politizados. Durante la revuelta del año pasado, hubo una fuerte corriente subterránea de resistencia dentro de sus filas. Poco después del incidente de Yuen Long, el 21 de julio, (cuando la policía se coludió con la mafia para atacar a viajeros inocentes), funcionarios del Departamento de Inmigración, junto con bomberos y profesionales médicos, criticaron abiertamente a la policía. Esto fue seguido por una carta abierta de más de 100 funcionarios de 23 departamentos expresando las mismas preocupaciones.

Luego, 400 oficiales ejecutivos de diferentes departamentos le escribieron a Carrie Lam condenando a la policía. Les siguieron más de 100 oficiales administrativos. Animados por los funcionarios administrativos, los funcionarios de dos departamentos sensibles, la Oficina de Seguridad y la División de Fiscalía del Departamento de Justicia, también expresaron desacuerdos. Incluso la Oficina de Innovación y Coordinación de Políticas, fundada por Carrie Lam en 2017 y vista por ella como el cerebro para el desarrollo de políticas del gobierno, tenía un “Muro de Lennon” en su oficina con carteles que pedían una investigación independiente de la policía.

Esta grieta interna dentro del gobierno eventualmente se convirtió en una concentración de 40,000 funcionarios el 2 de agosto. Michael Ngan fue uno de los principales organizadores de esta protesta, que sentó las masivas bases de la Unión de Nuevos Funcionarios, fundada en noviembre. Hacia fines de agosto, funcionarios disidentes del Departamento de Justicia volvieron a replicar contra la policía.

Entre la policía, también hubo una pequeña corriente de desafío. Luego se reportó que más de 400 oficiales renunciaron durante las protestas contra el proyecto de ley de extradición y que hubo una caída del 40 por ciento en el número de nuevos reclutas en el último año. Un caso dramático sobre policías disidentes fue revelado el 17 de enero, cuando un policía fuera de servicio de 31 años fue atrapado, junto con su novia y su madre, colocando carteles “ilegales” que condenaban al nuevo jefe de la fuerza policial, Chris Tang, por violencia policial.

Un segundo obstáculo es el poder judicial independiente. La Ley Básica permite a Hong Kong mantener sus propias leyes coloniales británicas y otorga el poder de adjudicación al Tribunal de Apelación Final. Una gran parte de las leyes coloniales son muy duras y represivas. Sin embargo, el sistema legal sigue siendo mucho mejor que el que tienen en China continental, donde prácticamente son los secretarios del partido quienes toman las decisiones. Los tribunales chinos tienen una tasa de condena cercana al 100 por ciento. En 2017, las tasas de condenas de Hong Kong fueron del 53 por ciento en los tribunales comunes, el 69 por ciento en el tribunal de distrito y el 65 por ciento en el tribunal de primera instancia.

El departamento que más odia Beijing es el ICAC (Comisionado Independiente contra la Corrupción), el organismo de control anticorrupción. En los últimos años, abundan los rumores de que Beijing trata de purgar a sus principales funcionarios. Beijing también se ha quejado de la influencia británica en ICAC. Pero la influencia británica en Hong Kong no tiene que ver con el poder institucional y los agentes en los departamentos. Si algunas personas de Hong Kong extrañan al gobierno colonial y renuncian a su bandera, es porque el mandarín de Beijing y sus inferiores funcionarios son como monstruos zombis en comparación con los gobernantes coloniales británicos. No extraño al gobierno colonial, pero el anticolonialismo no debería impedir que comprendamos correctamente la verdadera fuerza de los británicos o de Occidente en general.

Su fuerza en Hong Kong no radica en financiar a los manifestantes o desplegar espías, sino en su “poder blando”: hegemonía cultural, un enfoque moderno de persuasión política, prácticas de gobierno relativamente buenas, etc. Si un número significativo de empleados públicos en ICAC y de otros departamentos gubernamentales continúan mirando al Reino Unido como modelo de mejores prácticas, no debería ser muy sorprendente. La Ley Básica de 1990 fue la concesión de Pekín al Reino Unido y los Estados Unidos, en lugar de una promesa genuina al pueblo de Hong Kong de que podrían mantener sus derechos políticos. Beijing siempre nos ha tratado con desprecio. Tuvo que ceder ante el Reino Unido y los Estados Unidos para obtener un boleto de admisión al capitalismo global en general y a la Organización Mundial del Comercio en particular. Tuvo éxito, y ahora se siente lo suficientemente fuerte como para incumplir sus promesas.

El obstáculo final es la amplia oposición política a la toma de posesión de Beijing. Pero el movimiento tiene fortalezas y debilidades. Los pandemócratas pretenden ganar una mayoría en las próximas elecciones legislativas de septiembre. Su plan es vetar el presupuesto para crear una crisis constitucional que obligue a Beijing a aceptar las cinco demandas del movimiento, que incluyen la renuncia de Carrie Lam y la implementación del sufragio universal para las elecciones del Consejo Legislativo y la elección del jefe ejecutivo.

Creo que, si bien debemos participar en las elecciones, no debemos depositar todas nuestras esperanzas en ellas. No simplemente porque hay una barrera institucional para lograr una mayoría (el sistema político está diseñado para bloquear esto, por eso todavía tenemos que luchar por el sufragio universal), sino también porque Beijing no se cruzará de brazos para ver a los pandemócratas ganar la mayoría.

Los eventos de los últimos seis años son suficientes para enseñarnos que Beijing puede usar las medidas más drásticas, incluidos los secuestros extrajudiciales. También ha reinterpretado la Ley Básica, descalificado legisladores, etc. Además de eso, simplemente puede aplicar la ley de seguridad nacional en nombre de Hong Kong y luego usarla para procesar a los candidatos pandemócratas. Muchas de las leyes draconianas del período colonial todavía están vigentes; incluso sin una nueva ley de seguridad nacional, Carrie Lam podría enjuiciar a políticos y legisladores pandemócratas.

Soy de la opinión de que necesitamos consolidar el movimiento de oposición desde abajo. En este momento, no es fácil revivir las protestas sociales en gran número. Deberíamos aprovechar esta oportunidad para extraer lecciones de la revuelta de 2019. Sin importar cuán grande fue el movimiento, también exhibió múltiples debilidades. La adoración de los jóvenes a la espontaneidad a veces llegó a ser hostil a toda organización y representación. Por lo tanto, como fue el caso en el Movimiento de los Paraguas de 2014, los millones de manifestantes de la revuelta de 2019 están, en 2020, tan atomizados como antes: ninguna organización, ningún debate público y deliberación adecuados, por lo tanto, no hay un canal apropiado para la educación política de las masas.

En el lado positivo, ha surgido una capa de jóvenes empleados que piden nuevos sindicatos para prepararse para futuras huelgas. En su mayoría son profesionales y trabajadores de cuello blanco de veinte y treinta años fuera de los sindicatos tradicionales. En octubre pasado, estos jóvenes activistas sindicales fundaron un canal de Telegram, “frente unido para una huelga general fuerte de dos millones”, cuyo objetivo era crear nuevos sindicatos para atacar al gobierno. Muy pronto, el canal llegó a 80,000 suscriptores, con 42 nuevos sindicatos fundados. Un de ellos es la Alianza de Empleados de la Autoridad Hospitalaria, que cuenta con 40,000 miembros. En el Año Nuevo chino, el sindicato convocó una huelga de cinco días para exigir el cierre de la frontera durante la pandemia de coronavirus. Participaron miles de miembros.

Muchos activistas piensan que el propósito de la sindicalización es lanzar una huelga política general contra el gobierno en el futuro cercano. Pero otros piensan que fundar nuevos sindicatos era solo una forma de obtener más votos de la oposición en el Comité Electoral Ejecutivo Principal (de acuerdo con la Ley Básica, los sindicatos tienen un pequeño número de escaños en este comité, que “elige” al presidente ejecutivo de Hong Kong). Aquellos con esta última orientación pueden tener una agenda muy diferente de aquellos con la primera, es ilustrado por su reiterado énfasis en que su enemigo es el gobierno de Carrie Lam y no los patrones.

Estas dos agendas son mutuamente excluyentes. Para construir un sindicato que pueda hacer huelga se requiere una membresía fuerte y un activismo de base, con un nivel de cuotas sindicales lo suficientemente alto como para sostener al sindicato cuando se declare en huelga. Construir un sindicato simplemente para obtener un voto en la “elección” del jefe ejecutivo solo requiere que el sindicato cumpla con los requisitos legales básicos para la membresía (siete miembros es todo lo que necesita en Hong Kong) y el registro, lo opuesto a la construcción de sindicatos fuertes. Dentro del nuevo movimiento sindical ha habido poca discusión seria sobre estas diferencias en las metas y objetivos.

Además, los que se centran en las elecciones del jefe ejecutivo pueden verse cada vez más involucrados en un juego de números. Es sorprendente ver que, en los primeros tres meses de 2020, hubo 1,578 nuevas solicitudes de registro sindical, un aumento de 100 veces desde 2019. Es una suposición razonable que una proporción significativa proviene de personas sindicales pro-Beijing que también están ansiosas por unirse a esta competencia de fundar nuevos sindicatos sin una base real.

La buena noticia es que también hay nuevos sindicatos con una base real, al igual que la Alianza de Empleados de la Autoridad Hospitalaria. En general, este nuevo movimiento sindical es impulsado por miles de activistas sin experiencia, pero comprometidos. Cómo consolidar este nuevo movimiento laboral es una cuestión primordial para el movimiento democrático si va a surgir nuevamente en el futuro.

 

No Borders News

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre