• Ante el decreto de Alberto Fernández por el cupo laboral travesti y trans en el sector público nacional.

Tofi Mazú

En la madrugada del viernes 4 de septiembre, el gobierno nacional publicó en el Boletín Oficial un decreto que estipula que «en el Sector Público Nacional los cargos de personal deberán ser ocupados en una proporción no inferior al uno por ciento de la totalidad de los mismos por personas travestis, transexuales y transgénero que reúnan las condiciones de idoneidad para el cargo (…) Se deberán establecer reservas de puestos de trabajo a ser ocupados exclusivamente por personas travestis, transexuales o transgénero». Para poder aspirar a estos puestos de trabajo, será necesario empadronarse en un registro que pondría en marcha (aún sin fecha) el Ministero de la Mujer, Géneros y Diversidad.

Sin duda, se trata de una primera conquista en la pelea histórica del colectivo trans y travesti por el  cupo laboral. Y, como tal, creemos que la cuestión merece ser analizada en profundidad, así como partir de este triunfo para alcanzar una verdadera igualdad de oportunidades para les trans y travestis.

Cupo laboral en todo el Estado y en todas las empresas

El flamante y desfinanciado Ministerio de la Mujer, Géneros y Diversidad ha salido a celebrar esta noticia por redes sociales con bombos y platillos. De igual manera lo han hecho los medios de comunicación oficialistas, como Página 12, donde se presenta al decreto presidencial como una verdadera y casi definitiva solución al problema de la falta de trabajo genuino para la comunidad travesti y transexual. Analicemos los alcances y límites de este decreto, para garantizar su cumplimiento y avanzar hacia el verdadero cupo laboral.

En primer lugar, cabe señalar que el piso que ha puesto el gobierno de Fernández para la inclusión laboral es tan solo del 1% y que, si bien no hay un «techo» formal para dicha inclusión, está más que claro que las posibilidades de que ese porcentaje crezca son bajas, en la medida en que el Estado no está incorporando trabajadorxs. De hecho, gracias a otro decreto, la incorporación de trabajadorxs al Estado se encuentra congelada. Así mismo, crear puestos de trabajo implica destinar presupuesto a las áreas en las que estas tareas serían realizadas. Mientras esto no ocurra, el decreto de Fernández no implicará una transformación profunda en las condiciones de existencia de la población travesti y trans. Si todos los ministerios estuvieran recibiendo inyecciones presupuestarias reales para hacer crecer áreas como Salud o Educación (algo fundamental sobre todo en el marco de la pandemia) podría pensarse que ese porcentaje llegaría a aumentar. Pero de tales anuncios no hay ni media noticia. En paralelo, crece el presupuesto destinado a las fuerzas represivas, como ocurrió este mismo viernes con el anuncio de que se destinarán más de 10 000 millones para la Policía Bonaerense. Cabe aclarar que el cupo decretado sólo atañe a lo que es Nación (ministerios y poco más). Provincias y Municipios no se encuentran ante tal obligación, siendo, además, las dependencias del Estado con mayor cantidad de trabajadorxs.

Es menester la extensión de este cupo, además, a las empresas privadas, que no sólo excluyen a trans y travestis, sino también a mujeres cis, dejando fuera del mercado laboral formal a todas las identidades doblemente oprimidas. Un verdadero cupo laboral, el que levantan hace décadas los movimientos feminista y LGTTBI+, y que embanderó a personalidades de la lucha travesti como Diana Sacayán o Lohana Berkins, incluye la completitud del sector público y privado.

Educación para todxs

El artículo 4 del decreto se detiene en la cuestión educativa y reza: «Si las personas aspirantes a los puestos de trabajo no completaron su educación, en los términos del artículo 16 de la Ley N° 26.206 de Educación Nacional, se permitirá su ingreso con la condición de cursar el o los niveles educativos faltantes y finalizarlos. En estos casos, la Unidad de Coordinación, establecida en el artículo 7° del presente decreto, deberá arbitrar los medios para garantizar la formación educativa obligatoria y la capacitación de las personas travestis, transexuales y transgénero con el fin de adecuar su situación a los requisitos formales para el puesto de trabajo en cuestión.»

Este aspecto es más que relevante, porque el 60% de las personas trans y travestis no han podido siquiera terminar los estudios secundarios. Cualquier persona que quiera aplicar a cualquier puesto de trabajo debe presentar un currículum con sus antecedentes laborales y sus estudios completados. A pesar del artículo 4, esta traba no deja de existir, porque el propio decreto comienza declarando que los puestos de trabajo serán otorgados a quienes «reúnan las condiciones de idoneidad para el cargo», mientras que más de la mitad de les aspirantes no serán capaces de demostrar en los papeles dicha «idoneidad», a causa de las vulneración histórica de derechos que pesa sobre sus hombros. Al mismo tiempo, los “medios para garantizar la formación educativa obligatoria” que establece el decreto por el momento no existen, ni se explica en qué consistirían. Este es un elemento fundamental  por el que luchar, exigiendo al gobierno que destine presupuesto, instalaciones y personal específico para llevar a cabo esta tarea, y que no termine siendo una responsabilidad individual la terminación de los estudios y, por consiguiente, vaya a estar en riesgo la permanencia en el cargo.

Otra cuestión íntimamente vinculada con este aspecto del decreto es la Educación Sexual Integral ¿Por qué el 60% de les trans y travestis no pueden terminar siquiera la educación obligatoria? Porque la escuela no es un espacio que les reciba. En las escuelas, aunque existe una ley desde el año 2006,  no hay espacio para niñxs y adolescentes transexuales, transgénero y travestis. Estxs jóvenes huyen de la violencia que allí se vive para con sus identidades, porque a pesar del esfuerzo de muchxs docentes, alumnxs y sus organizaciones por discutir el tema en las escuelas, no existe capacitación que eduque en esta materia tanto a docentes como estudiantes a lo largo y ancho del país. Las identidades y los cuerpos diversos no están contemplados en la educación formal, como retrata con tanta sensibilidad y claridad Gabriela Mansilla en su libro Yo nena, yo princesa. Un verdadero plan de inclusión laboral para trans y travestis, a demás de garantizar la educación y capacitación de les trabajadores, buscaría transformar de fondo las condiciones de vida y las posibilidades del conjunto del colectivo travesti y trans. De no aplicarse una educación sexual laica, científica y feminista en todos los niveles, nos encontraríamos ante un círculo vicioso que seguiría limitando los derechos educativos, laborales y humanos de travestis y trans.

Rompamos las cadenas de la explotación sexual

Si seguimos luchando por un verdadero cupo laboral travesti y trans, es porque las oportunidades que este sistema capitalista y patriarcal les brinda son nulas. El destino que espera las mayorías de este colectivo es la prostitución. Sus cuerpos y su sexualidades no les pertenecen, sino que son moneda de cambio. Faltxs de educación y posibilidades laborales, la única forma de sobrevivir que se les presenta es la violencia de la esquina, del proxeneta y el prostituyente. El prostíbulo es una verdadera cárcel tanto en el terreno personal, como físico y económico. Es esta también la principal causa de que la expectativa de vida de la población trans y travesti sea, tristemente, de tan solo 35 años.

Por ello, para garantizar tal cupo, es de obligación poner en jaque al sistema prostituyente, sostenido por el propio Estado, que actúa como proxeneta; en la medida en que funcionarios, policías, gendarmes y empresarios poderosos son libres de traficar y explotar los cuerpos y las subjetividades de personas trans, travestis y mujeres cis. El derecho pleno al trabajo genuino no va a existir, mientras la mayoría de les trans y travestis estén atadxs al prostíbulo. Porque no tendrán siquiera la posibilidad de «empadronarse» como candidatxs al 1% de puestos de trabajo en el sector público Nacional, mientras sigan presxs del esclavismo proxeneta.

Que sea ley

Como ya dijimos, el decreto es progresivo y lo ganamos con años de lucha, demostrando que con la organización se puede ganar. Entonces debemos tomarlo como lo que es: un puntapié para llegar a una ley nacional de cupo laboral travesti-trans. Más allá del contenido, el hecho de que sea un decreto y no una ley es una limitación en si mismo. Cualquier gobierno (este mismo u otro venidero) puede borrar con el codo esta resolución, ante la mínima presión de los reaccionarios que se oponen a nuestros derechos. Lejos de simplemente contentarnos con este primer triunfo, es momento de aferrarnos a esta conquista para avanzar hacia una ley que dé trabajo en todo el Estado y todas las empresas a trans y travestis.

Sigamos hasta ganar un verdadero cupo laboral

Aún tratándose de una conquista histórica, el decreto de Fernández es, por el momento, una promesa. Todos los artículos repiten el verbo «garantizar» una y otra vez. Garantizar formación. Garantizar educación. Garantizar permanencia. Pero en ningún momento dicen quién lo va a garantizar, cómo se va a garantizar y, menos que menos, con qué dinero se va a garantizar. Para decretar un cupo laboral, es preciso, de mínima, explicar cómo vas a garantizar, valga la redundancia, que la tarea se lleve adelante. Las condiciones de vida son materiales. Estamos hablando de personas de carne y hueso que necesitan comer, un techo, acceso a salud, educación y derechos básicos de todo tipo que les son vulnerados desde tiempos inmemoriales. Para resolver este problema hace falta más que la promesa de «garantizar» en abstracto. Tenemos como muestra el antecedente de la ESI, el protocolo nacional de ILE o los tratamientos hormonales que se han interrumpido por el faltante de las drogas necesarias. Para pasar del dicho al hecho y conquistar un verdadero cupo travesti-trans, así como para efectivizar el cumplimiento de este decreto, debemos seguir organizadxs y en pie de lucha. Fue la lucha independiente la que permitió este avance. Continuemos en ese camino por:

 Trabajo genuino para travestis y trans en todo el sector público y privado
 Castigo a las patronales y destitución de los funcionarios que no cumplan el cupo
 Educación sexual laica, científica y feminista para terminar con el homolesbotransodio
 Desmantelamiento ya de las redes de trata y explotación sexual

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