Argentina: Los trabajadores del neumático marcan el camino

La lucha de los trabajadores del neumático logró colocarse en el centro de los acontecimientos políticos del país, teniéndolo en vilo por 10 días, y marca un antes y después.

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Hace años que no se veía un conflicto de un sector de la clase obrera industrial tan largo, tan masivo, tan duro y con una dirección independiente. La lucha de los trabajadores del neumático logró colocarse en el centro de los acontecimientos políticos del país, teniéndolo en vilo por 10 días, y marca un antes y después.

Desde el Nuevo MAS y Manuela Castañeira, la juventud del Ya Basta, la Corriente Sindical 18 de Diciembre y los repartidores del SITRAREPA estamos orgullosos de haber apoyado incondicionalmente a los compañeros todos estos largos meses de lucha en las marchas, en los cortes, en los bloqueos de portones de las tres fábricas, en el acampe en el Ministerio de Callao, luego en las puertas de las empresas, y finalmente en las tensas y largas negociaciones que abarcaron más de tres días en las puertas del ministerio de Alem. Los felicitamos por esta verdadera gesta que ya entró en las páginas de la historia.

Y llegó el día. El viernes 30, la asamblea general del gremio, con más de 1500 compañeros presentes aprobó el acuerdo y festejó un categórico triunfo político de los trabajadores. Se enfrentaron a tres patronales durísimas y poderosísimas, que movilizaron todos sus recursos e influencias para derrotarlos, al gobierno de conjunto y al Ministerio de Trabajo en particular, que hizo todo tipo de maniobras para derrotarlos. También a los medios de prensa que oficiaron de altavoz de las mentiras empresarias, a la burocracia sindical y a los gordos de la CGT que pedían que se derrote el “mal ejemplo” de obreros y un gremio industrial luchando. Y también a los dichos fascistoides de Patricia Bullrich y Espert, que pedían bala para los trabajadores.

A todo eso se enfrentaron y salieron enteros; festejaron que no pudieron con ellos. Había consciencia de que si se perdía venía una derrota durísima con cientos de despidos, con el intento de descabezar al gremio y a toda la riquísima experiencia de los trabajadores del neumático que viene desde el 2007 y una larga tradición de lucha que viene de más lejos aún.

Los trabajadores pusieron un mojón en la lucha contra el ajuste y son la continuidad en la defensa del derecho democrático a protestar en las calles. Y demostraron, una vez más, el peso de los sectores más concentrados de la clase obrera, de sus sectores estratégicos, que con un gremio de “sólo” 5000 obreros paralizó partes centrales de la economía nacional y obligó al gobierno a definirse por la negociación y el acuerdo[1].

La lucha contra el ajuste del gobierno y en defensa del derecho a la organización

El gobierno de los Fernández viene aplicando un ajuste tras otro. Massa aplica directamente el ajuste del FMI y la embajada yanqui. Cristina, que bombardeó a Guzmán, se mantiene callada y justifica todo con el argumento que “hay que estabilizar la situación”.

A la inflación desbocada de los alimentos le siguen los tarifazos, los recortes en la educación, la salud y hasta en las partidas para los discapacitados. Como si fuese poco, a los formadores de precios les dan el dólar soja.

El gobierno intentó reventar el conflicto. Primero fue el Ministerio de Trabajo con Moroni a la cabeza, y luego Massa en persona tomó la bandera de extorsionar y de intentar quebrar la lucha de los compañeros.

También es verdad que existieron marchas y contramarchas. Que existió un sector del moyanismo que, preocupado por las paritarias en general, no estaba tan interesado en que se quebrara al SUTNA. Más bien presionaron por un acuerdo. Lo suyo podría ser intentar hacerle una suerte de “abrazo del oso” a la dirección del gremio, la Lista Negra, que hay que ser conscientes de evitar (lo que no quiere decir que no haya sido correcto buscar todos los apoyos posibles para salir airosos del conflicto).

Parte de lo anterior es que en el país no hay sólo ajuste. Existe toda una corriente política y mediática que quiere acabar con el derecho a la protesta que atraviesa a todos los partidos. ¿Cuántas veces por día escuchamos en TN y en tantos otros medios expresiones contra los piqueteros, contra los cortes de calle y contra las luchas en general? Un periodista carnero de TN le decía a Crespo, en un reportaje, que “protesten pero que no corten las calles”…

Esta corriente no es solamente argentina, es continental. Está encabezada por Trump y Bolsonaro, y amenaza las libertades democráticas: quieren terminar con el derecho a protestar, a organizarse y a luchar.

Pensemos un minuto en qué hubiese pasado si “la banda de los copitos” lograba su objetivo y si no se hubiera tomada las calles el viernes 2/09 en repudio al atentado. Lo más probable hubiese sido que decretaran el Estado de sitio y toda la situación hubiese dado un giro reaccionario. ¿Qué posibilidades reales hubiera habido de acampar frente al Ministerio de Trabajo? Ninguna.

Para nosotros, la lucha contra el ajuste y en defensa del derecho a la organización independiente de la clase obrera no son dos cosas separadas por un muro infranqueable. Y es precisamente eso lo que puso en el centro de la escena el conflicto: la pelea contra las condiciones de salario y explotación de los trabajadores y la defensa de la tradición histórica democrática forjada en el gremio en los últimos 15 años (la defensa del SUTNA independiente, más propiamente hoy). 

El conflicto mostró los debates que hay entre los de arriba: entre los partidarios de arbitrar (siempre tirando para los de arriba, pero arbitraje al fin) y los partidarios de reventar las luchas, de aplastar a los trabajadores, de cercenar los derechos democráticos para imponer las reformas estructurales. Ese debate no está saldado en la Argentina pero el conflicto de los compañeros del neumático lo dejó colocado en un mejor lugar, transformándose en un ejemplo para toda la clase obrera (muchos compañeros y compañeras a la hora de salir a luchar o reclamar están diciendo ahora que “hay que hacer como el neumático”).

La irrupción de la base y la radicalización del conflicto

El 17 de mayo se realizó el primer paro del gremio. Luego siguieron infinidad de paros en las distintas plantas: de 4 hs., de 8 hs. (un turno completo), de 48 hs. en varias ocasiones en Bridgestone, etc. Se sucedieron infinidad de paros espontáneos de sector y de toda las plantas ante distintas provocaciones empresarias: marchas, bloqueos de las plantas, cortes de rutas, de vías, actos de confraternización con los vecinos, etc., que terminaron en un paro por tiempo indeterminado que duró 9 días.

En un conflicto tan largo hubo mucho momentos y situaciones, pero acá queremos marcar lo que a nuestro entender fue el quiebre del conflicto, que marcó un antes y un después (en realidad, fue el inicio de la segunda etapa del conflicto): la provocación de la patronal y el Ministerio de Trabajo de querer dar por cerrada la paritaria en forma unilateral y de hecho desconociendo la misma.

La permanencia del gremio en el cuarto piso y el comienzo del paro por tiempo indeterminado marcaron la irrupción masiva de la base en el conflicto. Fueron 10 días de intervención masiva de las base de las tres fábricas (fue un antes y un después, la razón excluyente del triunfo de la lucha). Primero en el acampe frente al Ministerio, luego en las puertas de la fábricas y finalmente en las movilizaciones durante las negociaciones en Alem y la enésima provocación del gobierno, esta vez en boca de Sergio Massa (un elemento importante es que la base hizo una importante experiencia con la que es hoy la principal figura del gobierno).

A partir de la “toma” del Ministerio el conflicto cobró relevancia nacional. Se convirtió en un hecho político que atravesó a toda la sociedad, y la mayoría obrera y popular sintió una profunda simpatía por los compañeros.

La irrupción de la base y la transformación del conflicto en un conflicto político, que puso en vilo el país, fueron los elementos centrales que posibilitaron el triunfo en la lucha y mostraron lo que significan 3000 trabajadores industriales unidos férreamente en la pelea (imaginen lo que serían 30.000 o 300.000 o 3.000.000 de trabajadores y trabajadoras luchando juntos, darían vuelta como una media el país[2]).

Lo reclamado y los conseguido

En marzo se abrió la discusión sobre el quinto tramo de la revisión paritaria del período julio 2021/Junio 2022 y se planteó la necesidad de tener un aumento real; es decir, un 5% sobre la inflación del período. Además se reclamó el pago al 200% de las horas trabajadas los fines de semana, una demanda histórica y que apunta a que se compense económicamente el no poder estar los fines de semana y los descansos con los seres queridos. Este reclamo cuestiona las contrarreformas laborales introducidas desde la década del 90; de ahí la inflexibilidad de las patronales y el gobierno y su carácter político y no sindical: es un reclamo que no se compensa con unos pesos más; cuestiona las condiciones mismas de explotación de los trabajadores[3].

El aumento de salario real y, sobre todo, las horas al 200% de los fines de semana, fueron el eje de la campaña de la Lista Negra en las elecciones a delegados que se realizaron a principios de abril. El 13 del mismo mes se ratificaron los pedidos en la asamblea general.

Básicamente, el acuerdo alcanzado garantiza no perder en relación a la inflación y comienza la paritaria 23/24 con un 10% arriba a cuenta de la misma, un bono de $100.000 a la firma y otro de $34.800 en diciembre. Las horas al 200% no se consiguieron y tampoco el 5% de aumento real para la revisión.

Pero hacer el balance sólo desde lo estrictamente numérico, reivindicativo o sindical es lo que hacen los sectores patronales como la Violeta: “tanto esfuerzo para esto”, “esto estaba desde el principio y más” (¡eso dicen estos traidores y estos chantas que son justamente los que vendieron el convenio en los años 90!). Lo que afirma la Violeta no es sólo una flagrante mentira desde lo salarial sino, además, desconoce olímpicamente que en todo conflicto en serio, y este lo fue, se juegan los números pero sobre todo otras cosas muy concretas y más importantes como la relación de fuerza entre los obreros y los patrones. Y en este caso estaba en juego la experiencia más avanzada del movimiento obrero en los últimos 20 años por lo menos.

El conflicto se ganó y constituye un enorme triunfo político de inmensa proyección en todo el movimiento obrero. Porque lo que se puso en juego no eran solamente las horas al 200% sino toda la organización obrera: el sindicato recuperado, toda la riquísima experiencia acumulada de lucha, de tradición asamblearia, de democracia obrera, de acción directa, de relacionamiento con la izquierda y los movimientos sociales, de solidaridad de clase, de solidaridad internacional, de unidad de clase y de politización que recorre -sobre todo- a las bases del gremio desde hace más de 15 años[4].

¿Y qué se consiguió? Nada más y nada menos que mantener la organización, una relación de fuerza más o menos favorable: imponerle condiciones políticas a la patronal. ¿Cuántas veces escuchamos que con medidas no negocian? Negociaron y firmaron con un paro por tiempo indeterminado. Todo eso fue lo que festejó la asamblea.

La lista Negra y la orientación de conflicto

Desde la lista Marrón se fueron señalando y aportando, públicamente y en tiempo real, propuestas para llevar adelante la lucha. Centralmente se reclamó que se proyectara políticamente el conflicto para poder ganarlo y hacer ingresar a la base a la pelea. Y esto fue lo que finalmente ocurrió producto de las provocación del gobierno. Repetimos: planteamos sistemáticamente darle un enfoque más político al conflicto, apuntar contra el gobierno y no solo a las patronales. Sacar a la calle el conflicto y apelar al conjunto de trabajadores que sufren padecimientos semejantes a los del neumático.

El 22 de agosto, en un volante que se repartió en todo el gremio, se decía: “Como dice el dicho, `el hilo se corta por lo más fino´, y hoy el eslabón débil es el gobierno. Hay que apuntarle al gobierno para que el Ministerio de Trabajo dictamine a favor de los trabajadores. Lo que nosotros vemos como una vía para avanzar es hacerle pagar los costos políticos al gobierno.”

Y el 31 del mismo mes la lista Marrón proponía: “Hay que salir a la calle a responsabilizar al gobierno que en forma descarada apoya a las empresas y dilata cada vez más las audiencias jugándose al desgaste. Hay que ganar a la opinión pública en apoyo al conflicto, a los millones de trabajadores que la están pasando mal por la inflación y ahora se suma una lluvia de tarifazos y recortes en los presupuestos de educación y salud que van a repercutir sobre el bolsillo obrero y popular”. Mas adelante, y en forma reiterada, se propuso cortar la Panamericana y demás accesos.

Señalamos que era un error darle un enfoque puramente sindical al conflicto. Que había que elevarlo al plano político, más general. Que el reclamo de las horas al 200 no es sólo reivindicativo sino eminentemente político porque cuestiona las condiciones de explotación que la Violeta vendió en los años 90. Es decir: es un reclamo que apunta contra las reformas de los 90 sostenidas por todos los gobiernos desde entonces, y hoy hay una nueva embestida precarizado y flexibilizadora.

Es síntesis: la Marrón planteó todo el tiempo y a la Negra le costó entender que un reclamo como las horas al 200 no puede ser eje de una mera campaña electoral sindical; que para imponerlas hay que elevarse a un plano más general además de colocarla como una bandera que abrace a toda la clase trabajadora precarizada y súper explotada no importa de qué gremio sea. Todos los trabajadores y trabajadoras son nuestros hermanos /as, nuestros compañeros y compañeras, además de que una de las enseñanzas fundamentales de la lucha es que las peleas se ganan cuando las toman en sus manos todos los compañeros, toda la base, tal cual ocurrió a partir de la ocupación pacífica del Ministerio.

Un ejemplo para todo el movimiento obrero

Hace años que no se veía una lucha de todo un gremio industrial, estratégico; un gremio con todos los atributos que le da la ley y la tradición de movimiento obrero argentino. Un gremio recuperado de las manos de la burocracia sindical. Un gremio que desde el 2007, con alzas y bajas también, tiene prácticas asamblearias en general democráticas y una tradición de lucha enorme. Un gremio que recuperó la seccional San Fernando en el 2008 y que desde el 2016 tiene una dirección independiente a nivel nacional. Este gremio concentrado en sólo tres plantas (pero tres plantas de magnitud)puso en vilo a tres multinacionales enormes, afectó a la nave insignia de la industria nacional como son las automotrices, ya toda su cadena de valor. Las terminales tuvieron que parar las línea por falta de cubiertas.

Pensemos un solo segundo qué podría hacer la clase obrera argentina si tuviera no uno, sino 5 o 10 gremios industriales con direcciones independientes. Se entiende por qué ponen tanto empeñó las patronales y los gobiernos patronales para mantener a la burocracia sindical. Mas allá de las divisiones y diferencias entre los Daer y los Moyano (divisiones y diferencias que tenemos que aprovechar cuando salimos a luchar pero sin comernos el “abrazo del oso” de ninguno), todos ellos son parte de esa capa social parasitaria que vive de controlar y traicionar a la clase obrera.

Todos mantienen o por lo menos intentan tener atado y atomizado al movimiento obrero; no dejan el menor vestigio de democracia obrera. Llegan a imponer junto a las patronales, verdaderas dictaduras al interior de las fábricas y los lugares de trabajo. Se mantienen a fuerza de sus relaciones con los gobierno y las patronales y de amenazar con despedir a los trabajadores que no se le someten. Por eso, todos los gobiernos y los diputados patronales mantienen las leyes y los estatutos sindicales antidemocráticos.

Todo esto fue sabiamente sintetizado por los compañeros del neumático cuando cantaban: “Y donde está que no se ve esa famosa CGT”(estaban en cualquier lugar menos en la calle junto a los obreros en lucha). Lo mismo que cuando se cantó “Sergio Massa botón…” o “Unidad de los trabajadores y al que no le gusta se jode”.

También dio un mentís a todo los que hablan del “adiós al proletariado” negando la inmensa centralidad estructural de la clase obrera en el mecanismo capitalista. Una pequeña porción de trabajadores industriales alcanzó para mostrar su potencialidad y su capacidad para poner en el centro los verdaderos problemas de los trabajadores paralizando el país.

Y aprovechemos acá para señalar que la CGT ni la CTA más allá de plantear apoyos en algunos casos y colaborar con el cierre del acuerdo en otros, no movieron a sus bases de manera práctica en apoyo a sus luchas. Sólo las corrientes de la izquierda estuvimos presentes día y noche apoyando todas las medidas como fue visible para muchos compañeros, entre ellas nuestro partido que se jugó entero por el triunfo de la lucha.

Lo que se viene

Este capitulo terminó pero no hay que pensar que se vienen “años de tranquilidad y de paz”. La patronal dejó escrito en el acta su programa y sus intenciones: productividad a nivel internacional, bajar el ausentismo, trabajo continuo, etc.  Esta vez no pudo. Pero ya está pensando cómo volver al ataque; por eso no hay que bajar la guardia.

Hay que profundizar la organización, la politización, la democracia de los trabajadores, y fortalecer a las corrientes clasistas del gremio como la Marrón, que estuvo en la primera línea de la lucha todos estos largos meses en forma unitaria con todos los compañeros y con todas las lista de lucha: con la Negra, la Roja, la Granate y la Gris.

Una lista que reivindica la discusión democrática entre los activistas porque entiende que nadie es dueño de la verdad, ni de la lucha; que el debate honesto y franco es parte insustituible de la democracia de los trabajadores.

Y, sobre todo, seguir levantando bien alto la bandera de las horas al 200 % de los fines de semana, como una bandera de toda la clase obrera contra la reforma laboral y contra las condiciones de esclavitud laboral que quieren imponer los gobiernos capitalistas.


[1]Años atrás, en Gestamp y Lear se vivieron otros conflictos de jerarquía entre sectores del proletariado industrial de la zona norte del gran Buenos Aires que terminaron en duras derrotas fundamentalmente porque se trató de conflictos aislados de fábrica que enfrentaron un gremio dirigido por Pignanelli.

[2]Está clarísimo que si esto no es habitual es por culpa de la burocracia sindical que anestesia y dificulta la salida a luchar de manera unitaria y política por así decirlo de nuestra clase. Por política queremos decir yendo más allá de lo meramente reivindicativo, entendiendo que además de las patronales está el problema del gobierno y, sobre todo, que los compañeros y compañeras del gremio de al lado son sus hermanos y hermanas; cada gremio no es, no debe ser un compartimiento estanco.

[3]Se sobre entiende que el reclamo meramente salarial toma a la figura del trabajador explotado como tal: algo de plata para compensar una explotación que no es cuestionada. Las horas al 200%, el cuestionamiento del convenio, van más allá: ponen un cuestionamiento sobre la condición misma de ser explotados, y por eso mismo eran el reclamo de mayor alcance del conflicto.

[4]Los conflictos de 2007 y 2008 fueron fundacionales de toda la experiencia que está viviendo hasta el día de hoy y contienen, incluso, el conflicto que acaban de ganar los obreros del neumático.

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