• Según una investigación de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) se anunció que hay casi 1000 cuentas en el extranjero no declaradas provenientes de los ricos argentinos.

Por Florencia Alegría

La investigación está en sus inicios, por lo cual este número puede aumentar considerablemente.

Que las grandes riquezas siempre encuentran sus tramoyas para no pagar impuestos no es ninguna novedad. Esta vez se vuelve a evidenciar a través de un análisis de datos que se poseían desde 2017 y fueron brindados por la OCDE (la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que concentra información fiscal de distintos Estados que la integran.

Estas cuentas no declaradas poseen como mínimo 1 millón de dólares cada una. El monto total suma 2.600 millones de dólares. Las evasiones son de tres tipos: los que declararon una menor cantidad de bienes que la que poseían, los que declararon bienes en Argentina pero no así en el exterior y los que directamente no declararon ningún bien, como si su patrimonio no llegara a los 2 millones de pesos.

A pesar de tratarse de cifras millonarias, la identidad de los evasores no fue revelada. Sucede que cuando se trata de la mano dura contra quienes más tienen, como bien se ve en el caso de las empresas que despiden, las amenazas se convierten en pólvora mojada.

Ahora que el mundo atraviesa una crisis profunda por la pandemia del coronavirus, donde los sistemas de salud desfinanciados por años colapsan ante la cantidad de gente que necesita atención médica, se evidencia de manera más exacerbada como el sistema de producción capitalista garantiza una distribución de la riqueza totalmente absurda, perdonando todo a los ricos que se manejan de a millones mientras que los trabajadores tienen que soportar el aumento de los alimentos, los despidos, asistir al trabajo sin las condiciones de seguridad e higiene mínimas, muchos sin saber si van a poder llegar a fin de mes.

Según afirmó BAE, lo que debieron pagar por Bienes Personales solo en el último año fiscal equivale a 50 millones de dólares, un monto con el cual podrían haberse comprado 5.000 respiradores artificiales al precio al que los vende el mayor fabricante nacional.

No alcanza con un único impuesto que ronda el mísero 1% del patrimonio de estas grandes riquezas (lo que se discute desde el oficialismo con el “Impuesto Patria”) cuando al mismo tiempo los empresarios despiden, aumentan precios y evaden impuestos.

Hay que confiscar fondos, aplicando un impuesto progresivo a la riqueza. Que la plata de estos ricos vaya a los hospitales, a aumentarle el salario a los trabajadores de la salud que son nuestra primera línea de contención de la pandemia. Que se garanticen licencias con remuneración del 100% y una renta universal de $40.000 para todos los trabajadores desocupados.

Ese sería un buen destino para los fondos «no declarados» de los millonarios de nuestro país.

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