• Se cumplió la primera semana de cuarentena y el país se encuentra mayormente paralizado lo cual demuestra que la medida ha sido acatada por el conjunto de la sociedad.

La cuarentena masiva es una medida desagradable, “antisocial”, pero que se ha demostrado internacionalmente como la más eficaz en las condiciones dadas de este capitalismo depredador para evitar el colapso de los sistemas sanitarios en ausencia de test masivos y probados y de vacunas listas para combatir el Covid-19.

Su aplicación es, por lo tanto, no sólo correcta sino también necesaria sobre todo en países cuyos sistemas sanitarios son rudimentarios producto de años de desfinanciar la salud (como lo han hecho todos los gobiernos en Argentina a la fecha); son los gobiernos más derechistas y negacionistas como Trump y Bolsonaro los que se niegan a aplicarla.

Está claro que la cuarentena no cura. Pero permite ganar tiempo en las actuales condiciones del sistema de salud; de ahí su carácter limitado y rudimentario (medieval).

Simultáneamente, apresurémonos a señalar que una cosa es que apoyemos la cuarentena masiva y otra distinta es la obligación de delimitarnos de manera principista de cualquier medida represiva o autoritaria que busca limitar los derechos individuales y colectivos como el Estado de sitio que desde diversos gobiernos provinciales y municipales le están exigiendo a Fernández decretar.

Parece una paradoja pero no lo es. En vez de avanzar por la contención y la cura de la enfermedad que el mismo sistema capitalista ha generado, se adelantan eventualmente medidas represivas sobre la misma población que es victima de la epidemia así como de la dramática crisis económica que le es concomitante.

Exigimos que la cuarentena sea aplicada de manera garantista: es decir, sin limitar los derechos democráticos conquistados con años de lucha y organización tal cual lo manifestó nuestro partido y Manuela Castañeira desde el minuto cero que fue declarada.

La política revolucionaria se pone a prueba y se tensa en momentos críticos como el que se vive a nivel mundial. Una política “izquierdista” que sólo tenga presente las medidas represivas del Estado sería irresponsable en momentos en que se ponen en juego la vida de millones de personas.

Pero, junto con esto, delimitarse de un Estado de Sitio potencial es de principios (incluso y sobre todo desde antes que el mismo sea declarado como para ejercer presión por la izquierda).

Sin una delimitación clara en este terreno, no puede existir política revolucionaria. A este respecto, vergonzosamente no se le ha escuchado decir una palabra sobre el tema al FITU, hecho que los pone nuevamente al límite del juego de “oposición por izquierda” dentro de los estrictos límites del régimen.

Cuarentena, negacionismo y garantismo

A nivel mundial se están aplicando, groso modo, dos estrategias de confrontación del Covid-19. Una se ha centrado en las cuarentenas, aplicadas con mayor o menor anticipación, llevadas a cabo de manera más represiva o menos, pero en cualquier bajo un esquema que plantea que la población debe quedarse en sus casas.

El gobierno de Fernández se ha inscrito en esta orientación que tiene entre sus extremos autoritarios el caso chino, también el Estado de excepción declarado con doble intención por Macron (el aprovechamiento de la pandemia para liquidar el proceso de rebelión popular expresado en los chalecos amarillos en la lucha contra la reforma jubilatoria), así como los gobiernos europeos que vienen corriendo detrás de los acontecimientos tipo Italia y España.

Los desastres que se viven en Italia y España se deben mayormente a la aplicación tardía del aislamiento, lo que ha provocado el colapso de sus sistemas de salud. Digamos como al pasar que Estados como España e Italia redujeron fuertemente sus presupuestos de salud pública luego de la crisis de 2008; consecuencia que se pagan en vidas hoy. Pero aún así invierten porcentajes del PBI muy por encima de lo que se hace en Argentina (6% contra 3% aproximadamente).

Por otra parte, en la vanguardia del abordaje neofascista que coloca en el centro la preocupación por la “economía” (mentira, ¡las ganancias capitalistas!) dejando inerme a la población explotada y oprimida frente a la epidemia, se encuentran los gobiernos de Trump y Bolsonaro (así como López Obrador en México y otros), que llaman a los gobernadores de sus Estados a levantar las cuarentenas (obviamente progresivas) y volver rápidamente a la vida cotidiana no vaya a ser “que el remedio sea peor que la enfermedad” (declaraciones textuales del criminal Trump).

Esta lógica ultra-capitalista y genocida es la expresión radicalizada de la preocupación por la pérdida de ganancia capitalista retroalimentada por el aislamiento masivo que incrementa el parate a nivel mundial.

El negacionismo de la afectación del capitalismo sobre la naturaleza y los humanos adquiere su lógica más perversa cuando desnuda que su única mira es la acumulación de capital y la ganancia; que la sociedad es simplemente un medio para estos fines. Una sociedad deshumanizada donde la vida del otro no vale nada sino es para hacer funcionar la máquina.

EEUU comienza a aparecer como el potencial nuevo centro de contagio mundial lo cual podría tener alcances catastróficos teniendo en cuenta que cerca de 1/3 de la población no tiene acceso a ningún tipo de servicio de salud.  Y esto por no hablar de los desastres que el coronavirus podría hacer entre los sectores populares en Brasil o, aún peor, de la India o el continente africano.

Ante esto cabe decir es que el Covid-19 aun no ha alcanzado los niveles de virulencia que son esperables, hecho que se verifica en la cantidad todavía limitada de casos en muchos países. Pero la curva está creciendo y hay que prepararse –en el mundo y la Argentina- para que la crisis escale, para que los enfermos, los internados e, incluso, los fallecimientos sean muchísimo mayores a los que se aprecian hoy.

Antes que mejore, la situación lamentablemente va a empeorar

El aislamiento masivo, entonces, no significará en si mismo el fin del contagio, sino, más bien, su mitigación mientras se le exige y se le impone a los gobiernos capitalistas un tratamiento “garantista” de la cuarentena, lo que significa la imposición de un programa económico, social y sanitario para ampliar cualitativamente los centros de salud, las camas y terapias intensivas, los respiraderos artificiales, la desinfección de todos los lugares de trabajo, la administración masivas de test de la enfermedad así como el desarrollo de vacunas que serán más rápidas y eficientes en la medida que estén en manos de instituciones publicas de salud y no de laboratorios privados compitiendo por quien patenta primero (y hace pingues negocio) la misma…

Todos estos puntos así como el rechazo a un tratamiento autoritario e individualista de la epidemia por oposición a uno garantistas y solidario que defendemos desde nuestro partido, son parte de un programa anticapitalista para responder a la pandemia.

Esto incluye medidas epidemiológicas como dicen todos profesionales del área: “Tenemos un mensaje simple para todos los países: test, test, test. Prueben en cada caso sospechoso. Si dan positivo, aislarlos y descubrir con quién han estado en contacto dos días antes de que desarrollaran síntomas y también evaluar a esas personas, es clave” (Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la  OMS).

Todavía muy lejos de esta orientación la Argentina está desarrollando unos 300 test diarios y la falta de reactivos ha sido un límite enorme para llevar a cabo una amplia política de prevención (desde el gobierno se asegura que el país tiene en sus manos unos 60.000 kits para hacer la prueba de la enfermedad).

Esto por no hablar de la importancia estratégica de cuidar a los que nos cuidan: los médicos y enfermeras de los hospitales tanto públicos y privados –los que deberían ser asumidos como un sistema único de salud publico incluyendo las obras sociales y las sindicales-. Ocurre que los faltantes de alcohol en gel, guantes, trajes, mascarillas entre los profesionales de la salud los expone al contagio.

Y si ese contagio es colectivo como acaba de ocurrir en el Hospital Perrando en Chaco, deja “fuera de juego” personal insustituible para hacer frente a la pandemia. Se la ha escuchado poco a Fernández todavía hablar y hacer referencia a este sector que está colocado a la vanguardia de la pelea contra la epidemia así como los trabajadores y trabajadoras que aun en medio de la cuarentena cumples servicios esenciales tanto en la producción, como en el transporte y otros.

Y esto por no hablar de los salarios miserables que cobra la mayoría del personal de salud como las enfermeras y enfermeros que cumplen la mayoría de las veces turnos de 12 horas por un escaso ingresos (40 mil pesos según salió a la luz días atrás a los que ahora se le sumarían 30 mil pesos pagaderos en tres cuotas contra presentismo).

Cabe agregar una pregunta: ¿Cuántos químicos, físicos, matemáticos, biólogos y científicos de ciencias duras y sociales existen en Argentina? Sin hablar de la hiper-explotación a la que se encuentran sometidos los residentes médicos que vienen de lograr en CABA un triunfo importante el año pasado.

En Argentina el umbral de crisis del Sistema de salud estima el gobierno sería superar los 250 mil casos en simultáneo. Y depende fundamentalmente de la cantidad de personal médico y de enfermería, de camas, respiradores artificiales, guantes, barbijos, alcohol, camisolines, cofias…

Materiales elementales  que debieran abundar si no fuera porque la salud ha estado en el último lugar de las prioridades de todos los gobiernos capitalistas hasta la fecha. Basta recordar los despidos en el Posadas y la heroica lucha de 2 años que hizo falta para lograr el reingreso.

Hoy el gobierno y las autoridades hospitalarias buscan a toda costa reclutar a la mayor cantidad de personal posible. El capitalismo logra niveles de descomposición que lo asemejan al “lumpenaje”, es decir, una imprevisión e irresponsabilidad social que es una alegato contra una clase social, la burguesía, que cree tener el derecho “divino” a gobernar la sociedad.

La fragilidad de Sistema Sanitario es mayor en el AMBA (CABA y GBA) donde se concentra cerca del 40% de la población de Argentina. Nos da un parámetro de la situación el Director de Hospitales de la Provincia de Buenos Aires cuando afirma que en la provincia existen 800 camas (¡todas ellas hoy ocupadas por pacientes con otras enfermedades!) y ante la pregunta por falta de insumos para el personal de salud, responde : “En este momento hay un problema en el mercado. Salimos a comprar y nos encontramos con que la mayoría de los proveedores habían vendido gran parte de su producción a los países asiáticos. Nos costó y nos está costando conseguir barbijos, antiparras, camisolines. Hemos centralizado la compra para que el ministerio pueda adquirirlos a granel y mantener el suministro en todos los hospitales”. (Nora Bär;  Juan S. Riera: «Hay que readecuar la capacidad de respuesta hospitalaria», La Nación)

Por último, agreguemos que según datos de La Nación existen actualmente 8890 respiradores artificiales (su costo unitario rondaría entre 20 mil y 30 mil dólares aunque la universidad de Rosario parece que producirá 100 por semana al décimo de ese costo). La simple idea de reconvertir de manera forzosa parte de la industria para producir los materiales hospitalarios necesarios, parece ser ajena al perfil social-liberal de este gobierno.

En este sentido, el gobierno anuncia todo los días nuevas medidas pero quedan abstractas, estadísticas, que no parecen llegar realmente a los trabajadores y trabajadoras de carne y hueso. La suma de anuncios tras anuncios aturde de a ratos un poco pero esto es así por su carácter no universal: si se plantear la duplicación inmediata del salario para todo el personal médico, las suspensiones a todos los trabajadores al 100%, la prohibición férrea de todo despidos, el pase a planta y efectivizarían inmediata de todos los contratado, el congelamiento de precios y la garantía férrea de abastecimientos, si se dejara de lado durante la crisis las leyes del mercado y la oferta y la demanda, las cosas serian mucho más concretas.

Lo mismo si se anunciaría que no se pagara la deuda externa, cuyo pago, a estas alturas, sería criminal. Claro que todas estas medidas, taxativas y claras como son, afectarían un sistema que Alberto Fernández y su gobierno defienden por encima de todas las cosas: el capitalismo.

Nuestro rechazo a un eventual Estado de sitio es de principios

El clima reaccionario que ha instalado el Covid-19 a nivel mundial está pegando también en la Argentina. China intenta legitimar su régimen dictatorial proclamando un apresurado “triunfo” contra la pandemia… En Francia sacan al ejército a la calle. Piñera se apresura a declarar Estado de Catástrofe y toque de queda.

Así mismo el gobierno de Fernández está aprovechado para introducir a las fuerzas represivas en las calles; calles que se encuentran hoy patrulladas por la policía, prefectura y gendarmería y cuyo accionar se hace más duro en los barrios populares, fuera del foco de los medios de comunicación.

Mientras tanto, se le encomiendan tareas “sociales” al ejército como el reparto de comida, la producción de elementos textiles para los hospitales y el armado de hospitales de campaña. El peligro es que asignándoles tareas “civiles” las fuerzas armadas avancen en su relegitimación y, sobre todo, finalmente, frente a la presión de la crisis y eventuales desbordes que están planteados para las próximas semanas, se les otorgue, nuevamente, tareas represivas.

Gobernadores como Morales en Jujuy o Capitanich en Chaco así como muchos intendentes en el gran Buenos Aires presionan porque se decrete el Estado de Sitio. En Neuquén el gobernador ha dictado el toque de queda.

El país comienza a aparecer como un mapa fragmentado en el que las provincias levantan sus propias barreras locales y limitan el ingreso, lo mismo que está ocurriendo en varios municipios incluso excediéndose respecto de las disposiciones nacionales que nada dicen al respecto de momento,  como si volviéramos a las peleas de Unitarios y Federales de casi dos siglos atrás.

La fragmentación ha adquirido tal dinámica que llega a los municipios: en Ezeiza Granados impide el ingreso sin documento o papel que justifique pertenencia o trabajo allí, a la vez que levanta vallas y montículos de tierra en los accesos. Una lógica similar parece estar implementando el gobierno de la ciudad donde la policía junto a prefectura y gendarmería controla los 11 accesos permitidos a CABA.

Esta semana Frederic, Ministra de Seguridad, dijo que el gobierno “no descarta la implementación del Estado de Sitio”… No es una mera concesión a los señores feudales de las provincias y los municipios. Buscan preparar el terreno ante los desbordes sociales (diríamos inevitables) que se dibujan en el horizonte producto de la doble presión de la pandemia y la crisis económica; ambos fenómenos de los cuales la población trabajadora no es la responsable sino este sistema capitalista criminal.

Porque concomitante a la pandemia crece la crisis económica y social. Miles de trabajadores en negro, que viven de changas, de la construcción, de la limpieza o el cuidado, de la venta en la calle y a los cuales no se les da respuesta.

Esto descontando las condiciones de hacinamiento, falta de cloacas e incluso agua potable que se vive en el conurbano y las provincias más pobres, los lugares de mayor concentración poblacional.

El coronavirus desnuda la fragilidad estructural del capitalismo argentino. Por todos sus poros brota el drama del hambre y la falta de trabajo potenciado por la enfermedad. ¿Cómo podría no estallar una situación de tal gravedad? No por nada el gobierno nacional prohibió las asambleas en lugares de trabajo, una medida escandalosa. ¡Pretenden impedir que los trabajadores se organicen cuando las papas quemen! (lógico que a los burócratas sindicales no se les ha escuchado palabra al respecto).

Es falso que no haya acatamiento a la cuarentena. Y es falso también que el tratamiento de la crisis llegado un punto deba ser represivo y no económico social. Si se afectan los intereses capitalistas, si se toman drásticas medidas en beneficio de los de abajo, los problemas se podrán encarar.

El Estado de sitio es una medida que modifica el régimen político circunstancialmente suprimiendo derechos democráticos garantizados en tiempos normales por la Constitución. Como tal, es una medida de restricción democrática y de carácter represivo, no de salud pública. ¿Qué tiene que ver dicha medida de excepción con solucionar la falta de respiradores, test o insumos hospitalarios?

Frente a la presión reaccionaria por derecha, la izquierda revolucionaria tiene la obligación principista de ejercer una contra presión. Debemos estar codo a codo con la población trabajadora enfrentando la pandemia; no debemos aparecer como si estuviéramos aprovechando la situación para diferenciarnos porque sí. No obstante, algo muy distinto  es defender incondicionalmente los derechos individuales y colectivos a la protesta social. El nuevo MAS no admite “razón de Estado” ni “unidad nacional” que se ponga por encima de los derechos y necesidades de la clase trabajadora sin importarnos que hoy sea una posición minoritaria.

Queremos que la cuarentana se cumpla garantizando todos los derechos democráticos conquistado por la luchas de las generaciones, tanto en dictadura como en democracia patronal y criticamos al resto de las fuerzas de la izquierda como el FITU que cediendo a la presión de la opinión pública se ha hecho casi inaudible aun a pesar de los medios que tienen a su disposición.

Nuestro partido se encuentra ante el desafío histórico que nos plantea la pandemia. Es el momento de actuar con la mayor solidaridad, seriedad y madurez política posible, estudiar, hacer el máximo esfuerzo por abordar las circunstancias como marxistas revolucionarios y, siempre cuidándonos y manteniendo criterios de higiene y de seguridad, continuar con la organización del partido.

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