• Un total de seis focos activos de incendio se registraban en las provincias de Corrientes, Salta y La Rioja, mientras que otros quince focos se encontraban contenidos o bajo control en siete provincias, según el reporte oficial de la jornada del Servicio Nacional de Manejo del Fuego. En tanto, el organismo informaba que detrás del 95% de los incendios desatados está la “acción humana”sobre todo empresarial.

Luz Licht

“Lo que está pasando en Córdoba es trágico” declaraba a la prensa días atrás el ministro de la cartera de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié, pese a que en ese momento eran once las provincias del país que reportaban focos de incendios. Como dato saliente, en lo que va del año ya ardieron 175 mil hectáreas en el territorio argentino, mostrando que urgen políticas activas para frenar la devastación ambiental en curso que vienen de la mano de las quemas y el desmonte.

Lejos de ser una tragedia producto de las contingencias, los incendios forestales de los últimos días tanto en Argentina como los que se desataron en la región (como en Paraguay o, en la Amazonia, en la zona de Humaita, Brasil,entre otros) son el producto de la “acción humana”. Para ser exactas/os, son la responsabilidad mayoritaria de los empresarios ligados al agronegocio y la especulación inmobiliaria y su sed incontenible de ganancias.

Según el informe del SNMF, los incendios en Córdoba, Catamarca, La Rioja, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Buenos Aires, Salta y Misiones, lograron ser contenidos en las últimas horas. Con relación a las consecuencias en algunos lugares, como en la provincia de Córdoba declaraba Luis Tuninetti, el coordinador del Observatorio Regional del Cambio Climático de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), que es “incalculable el daño ambiental y económico” generado por los incendios que se registraron en esa provincia en las últimas semanas fueron arrasadas más de 40.000 hectáreas.

La consecuencia inmediata para las poblaciones es la propagación de aire toxico y nocivo para la salud, las pérdidas de sus hogares, por otro lado, está la destrucción de la biodiversidad. Recordemos que una de las funciones centrales de los humedales y bosques es la mitigación de los efectos del calentamiento global, dado que absorben los excedentes de carbono que circulan en la atmosfera.

El exceso de carbono impacta directamente en el aumento de las temperaturas y es un factor que incide en elciclo de las lluvias. Los incendios afectan la capacidad del suelo de absorber y regular el impacto de las cantidades de agua, haciendo que la inundaciones se vuelvan constantes. Pero esto también trae periodos de sequía,otro de los fenómenos que son parte de la alteración de los ciclos climáticos que recrudecen sus extremos como podemos ver (llueve menos pero en mayores y violentas cantidades por ejemplo).

Tal como se muestra en el informe los factores climáticos finalmente «inciden en la propagación» del fuego como «la falta de precipitaciones, las temperaturas elevadas, el bajo porcentaje de humedad, las heladas constantes y los vientos fuertes». Todo este ciclo se retroalimenta y empeora por la acción empresarial (capitalista) que destruye nuestro hábitat con el afán de extender la frontera agraria o de conseguir terrenos para la construcción de inmuebles de lujo que pocos pueden pagar.

La criminal empresa que tiene responsables de carne y hueso y, nos lleva a pensar queno se soluciona nada con lamentos que encubren la inacción del gobierno ante una problemática que, lejos de ser un tema “del futuro” reclama una intervención urgente. Los empresarios del agro e inmobiliarios no reciben penas, ni multas, dado el atraso de la legislación actual (se sigue dilatando la aprobación de la ley de Humedales) y voluntad política para proteger nuestros bosques y humedales.

Los capitalistas prenden y destruyen nuestras fuentes de recursos, los hogares de cientos de miles, desplazando y enfermando a la población y especies (cuando no las exterminan) y con ello nuestra posibilidad misma de un presente y futuro. No es una cuestión de especulación, sino de hechos que ocurren con el amparo de los gobiernos y, ante los cuales cada vez más sectores comienzan a reclamar algo más que lamentaciones y discursos vacíos como vimos en las acciones recientes contra las quemas en Santa Fe. Tal parece el camino, tomar los asuntos en nuestras propias manos antes de que sea demasiado tarde.

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