• El gobierno ha dispuesto el cercamiento masivo de toda la población que habita en el barrio Villa Azul y el despliegue de fuerzas represivas por todos sus ingresos.

Por Martín Primo

Se concretó el primer caso de “aislamiento comunitario” anunciado semanas atrás por el presidente Alberto Fernández. Villa Azul es uno de los barrios más castigados de la zona sur de GBA donde las condiciones de vida son sumamente precarias.El barrio popular en el que se registraron 173 casos al momento de escribir este artículo, comparte territorio con Quilmes y Avellaneda lindando con la villa Itatí. Los vecinos protestan por el aislamiento masivo impuesto por el gobierno provincial con fuerte presencia represiva de policía y gendarmería.

El gobierno provincial encabezado por el Ministro de Seguridad Sergio Berni junto a los intendentes Jorge Ferraressi (Avellaneda) y Mayra Mendoza (Quilmes) y con el apoyo del gobierno nacional, han dispuesto el cercamiento masivo de toda la población que habita en dicho barrio. El despliegue de fuerzas represivas por todos los ingresos al barrio, entre los que se encuentran Policía Bonaerense, Gendarmería e incluso efectivos del Ejército ha generado el repudio de la población de la Villa Azul.

Según Berni, el aislamiento masivo continuará a  lo largo de 15 días impidiendo que  la gente entre o salga del barrio. Una decisión peligrosa que pone en una situación de “gueto” a una población que sumaba 3100 habitantes en el 2018  según informes del centro de estadísticas nacional.

Kicillof y Berni tratan al Barrio Azul como a un miembro gangrenado

El gobierno de Kicillof, vía su sabueso Berni, con el apoyo por omisión de Alberto Fernández ha tomado una medida brutal cuyo objetivo es contener el contagio dentro del barrio sin importar la suerte que corran los vecinos.

La medida de la cuarentena descarnada se aplicaba hace siglos en caso de epidemia, su mecanismo era sencillo: se consideraba a la ciudad como “terreno perdido” frente a  la epidemia, se la cercaba militarmente y se la abandonaba a su suerte para evitar que esta se esparza a las ciudades vecinas. Este método no tiene nada que ver con el aislamiento social, que es una medida para cuidar a la población. El resultado de una medida de este tipo es que se contagien todos los habitantes dentro del cerco. Su éxito se mide, no según cuantos se salvan, sino en la medida que el virus no salga de allí.

El gobierno provincial podría tomar la medida  de testear a toda la población y aislar a los enfermos asintomáticos y sus contactos directos, pero eso no está en sus planes porque pese a que pasaron 70 días de cuarentena, la provincia no pudo abastecerse de los test necesarios.

Confirmando esta política, el ministro Berni declaró a la televisión que no está planteado realizar test masivos dentro del barrio, solamente se les realizará a aquellas personas que manifiesten síntomas del virus. ¿Y los asintomáticos que igual contagian?… seguirán contagiando.

La incapacidad del Estado se hace evidente ante la falta de testeo masivos y rápidos que permitan aislar específicamente a los habitantes infectados y trasladarlos a centros médicos para ser atendidos de manera urgente, evitando convertir a las villas y barrios populares en potenciales “guetos” del que nadie pueda entrar ni salir aún sin estar contagiado.

Un leading case que anticipa una orientación autoritaria

El derecho anglosajón llama “leading case” a los casos judiciales cuya resolución se establece como antecedente y marca tendencia de cómo se deben tratar futuros casos similares. La política aplicada al Barrio Azul nos muestra el método que prevé utilizar la dupla Kicillof-Berni frente a los posibles brotes en las cientos de barrios populares que se multiplican en toda la provincia.

Kicillof actúa como un mal cirujano asustado frente a la infección en un dedo. Como no tiene medicinas, como no sabe qué hacer, ante el peligro de la gangrena opta por amputarle el brazo al enfermo. Este brazo hoy se llama barrio Azul. Mañana se puede llamar Villa Itatí, La Rana o La Cava… lamentablemente los nombres sobreabundan.

El método es brutalmente autoritario y no responde a ninguna medida sanitarista que se ajuste al siglo XXI (prevención, testeos masivos, asilamiento social). La apelación a las fuerzas represivas antes que a los equipos sanitarios es una demostración del carácter de clase del gobierno. Este accionar es producto del temor burgués que resulta ante la conciencia de la fragilidad de las condiciones de vida de millones de personas en gran Buenos Aires y la asunción de su incapacidad para resolver el problema civilizadamente.

Como correctamente denunció Luis Di Bartolo: “El gobierno llama `aislamiento sanitario´ a cerrar el barrio con la policía y el ejército. Exigimos el retiro inmediato de las fuerzas de seguridad, testeo masivo de los vecinos, el aislamiento de los infectados y la población de riesgo en lugares acondicionados, y un salario universal de 40 mil pesos para que todos los trabajadores puedan sobrellevar la cuarentena.El problema se resuelve destinando dinero a la salud pública y a mejorar las condiciones de vida de los vecinos; de ninguna manera con «cercos sanitarios» ni políticas represivas”.

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