• Presentamos estas líneas de análisis sobre las movilizaciones sociales de los últimos meses en Francia como preparación del período que se abre a la salida del confinamiento.

Por Dani L.

El año 2020 inició en Francia con un movimiento contra la reforma contra las jubilaciones. Después del receso de invierno y pasadas las fiestas, durante las cuales los trabajadores del sector ferroviario y de transporte sostuvieron la huelga de diciembre, las calles volvieron a llenarse en enero y febrero sosteniendo niveles de movilización importantes. Amplios sectores de trabajadores, entre los que también se incluyen los trabajadores de la educación y de la salud, entre otros, fueron los protagonistas de una larga pelea contra la reforma de Macron. Sin embargo, a finales de febrero y luego de meses de desgaste, el gobierno aprovechó la oportunidad y utilizó el artículo “49.3” para derrotar la lucha e imponer la reforma de las jubilaciones por decreto.

En este contexto se dio una masiva movilización del 8 de marzo. La intersindical incorporó al calendario de la lucha contra la reforma esta fecha y el feminismo francés fue de la partida de incorporar el reclamo contra la reforma a sus reivindicaciones históricas, máxime cuando por la calidad precaria del trabajo al que acceden las mujeres en la sociedad patriarcal las expectativas de su retiro se veían fuertemente deterioradas con el avance de la reforma macronista. Esta movilización, a pesar de las fuertes lluvias, fue muy masiva. En ese momento, se comenzaba a diagramar un calendario de lucha conta el ataque antidemocrático del 49.3 para el sábado 14 de marzo y una jornada para el 21 de marzo, convocado tanto por la intersindical como también por los chalecos amarillos. Estas dos fechas despertaban cierta expectativa.

El estallido pandémico del COVID19 puso un alto a este tipo de planes de lucha. Con el confinamiento decretado el 16 de marzo y la declaración de “guerra contra el virus” que dio el presidente Macron, pudiendo ver las escalofriantes cifras de contagio de los países vecinos Italia y España, Francia pasó a otro tipo de expresiones de su descontento. Durante el confinamiento se pudo ver un sostenido apoyo al sector de la salud, en la forma permitida durante el confinamiento, con aplausos en las ventanas y balcones y expresiones como banderas pintadas.

Con el confinamiento desde mediados de marzo la incógnita era si los niveles de movilización se mantendrían o el gobierno encontraría calma a los cuestionamientos que recibe por amplias capas de la sociedad. Macron como una de sus primeras medidas de crisis realizó una concesión en la suspencion de la aplicación de su reforma de las jubilaciones. La respuesta de Macron a la pandemia fue, como dijimos, una declaración de guerra que implicó también respuestas represivas: aumento de la presencia policial en las calles, con especial foco en los barrios vulnerables, medidas de control social como las declaraciones juradas para desplazamientos y elevadas multas ante los incumplimientos dichas normas. Pero su pésima gestión de la crisis del COVID (sosteniendo las elecciones municipales de marzo, por ejemplo) no hizo más que preparar el terreno de lo que trae este mes de junio: movilizaciones muy grandes todas las semanas desde que se anunció el desconfinamiento, las cuales el gobierno sistemáticamente intenta desarticular desde la política represiva y la fuerte presencia de varios tipos de policía en las calles.

El desconfinamiento de la lucha de clases

Nos hemos referido previamente a la nueva irrupción de las masas en las calles ante las consecuencias de la pandemia llamándola “el desconfinamiento de la lucha de clases”. Sobran ejemplos en el mundo de movilizaciones masivas que enfrentan la lógica capitalista por la cual los mismos de siempre se enriquecieron durante la pandemia mientras los de abajo pagamos el costo en nuestra salud, en nuestras condiciones de vida con la pérdida de empleos, la contratación de formas precarias y la superexplotación de los trabajadores esenciales durante este periodo, entre otras consecuencias.

En este momento se encuentra en curso una verdadera rebelión popular en Estados Unidos que comienza por el cuestionamiento a la brutalidad policial racista pero continúa poniendo el foco en las condiciones de vida de la población negra que incluyen no solo este tipo de discriminaciones sino también las dificultades de acceso al empleo y a la salud durante el curso de la pandemia. El viento de rebelión está soplando y no son pocas las manifestaciones en solidaridad con el pueblo estadounidense que se suceden dia a dia en todo el mundo.

En Francia las condiciones de vida de varios sectores guardan similitudes con los reclamos que se procesan en Estados Unidos. Es en este contexto que el pasado 30 de mayo 10 mil personas se movilizaron en París y varios cientos en otras ciudades del hexágono para solicitar la regularización de los sin papeles cuestionando las condiciones de precariedad en las que viven 300 mil personas en el país. Muchas de las personas por las cuales se reclama en esta jornada son inmigrantes africanos de antiguas colonias francesas. Este sector de la población sufre una disciminación sistemática en sus posibilidades de acceso a bienes de todo tipo y también violencias policiales y judiciales en los plazos y criterios que se utilizan para decidir el destino de sus vidas y las posibilidades de desarrollarse en este pais.

Tres días despues de eso, el 2 de junio, el “Comité Adama” realizó una convocatoria a manfestarse contra la impunidad de la violencia policial racista en el caso de Adama Traoré, joven negro de 24 años asesinado por la policía en 2016. 40.000 personas, en su mayoría jóvenes, participaron de la convocatoria que se realizó frente al Tribunal de Justicia en el que se decidía el curso de la causa en la que se investigan estos hechos. En todo el mundo existen casos de este tipo: la propia policía estatal descarga violencia sobre las personas que dice proteger y atrás viene el sistema judicial a limpiar el desastre, a consagrar una nueva impunidad para que el próximo caso siga por la misma línea.

El sábado 6 de junio se desarrollaron distintas convocatorias en el país de apoyo a la rebelión estadounidense. Una convocatoria frente a la Embajada y otra en “Champs de Mars” frente a la “École Militaire”. Esta fragmentación se repite esta semana, donde el martes 9 se convocaron sectores para protestar contra la violencia policial estadounidense mientras que el Comité Adama reliza una convocatoria para el próximo sábado. A la convocatoria del martes se le critica la nula mención a las situacionesde violencia policial racista existentes en el hexágono. Esto es aprovechado por fuerzas políticas de centro del arco político para posicionarse contra Trump pero no mencionar los problemas raciales de Francia.

En paralelo, existen otras luchas de otros sectores. Desde que se inició el proceso de desconfinamiento un sector protagonista ha sido el sector de la salud. Su reclamo no es nuevo. Al dictarse la emergencia sanitaria el 16 de marzo llevaban un año organizándose y reclamando el aumento de 300 euros para los salarios del personal y denunciando el vaciamiento de la salud pública. Sus primeras manifestaciones se dieron en diferentes ciudades a partir de que se dictó el desconfinamiento el 11 de mayo. Ante toda esta bronca e incipiente organización la intersindical convoco una movilización nacional… para el 16 de junio, una fecha alejada de los primeros estallidos espontáneos de los hospitales. Este sector también fue parte de la lucha contra la reforma jubilatoria pero incluso dentro del calendario de diciembre, enero y febrero de la intersindical procesaron sus propias jornadas de lucha.

La responsabilidad de las direcciones sindicales

En nuestra experiencia acompañando y participando de todas estas acciones hasta aquí reseñadas notamos que no se trata siempre de los mismos cientos de personas movilizándose. Cada manifestación trae a la calle a un nuevo sector. Hemos percibido también que todavía existen en una capa mayoritaria de quienes se movilizan por alguna de estas reivindicaciones ciertas inercias para implicarse en luchas que no sean la propia.

A este nivel medio de conciencia no le ayuda el rol de la burocracia sindical, quien se apoya sobre estos sentidos comunes. Para los problemas derivados de la política de ajuste sobre la salud por parte de este gobierno y de los anteriores, por la presión de la base que se está organizando en cada hospital, convoca a acciones solo para ese sector en la puerta de cada centro de salud. Esto ya se venía dando desde las manifestaciones del 2019 de la salud.

La salud no es el único sector con reclamos. Ante los anuncios de despidos, y los posibles traslados y retiros voluntarios que afectarían a todos aquellos que trabajan para la firma Renault, convocan a cada una de sus plantas a auto-organizarse, a cada lugar a decidir cómo enfrentar la amenaza de 4600 despidos. Esta estrategia de fragmentación también se pudo ver durante la lucha contra la reforma. Donde hubiera correspondido un llamado a una huelga general, un grito que se escuchó muchísimo en todas las movilizaciones, su posición fue la de responsabilizar a cada establecimiento y lugar de trabajo en garantizar una huelga reconductible día a día, lo cual produjo desgaste en muchos sectores de trabajadores. Heroicos esfuerzos en el desarrollo de la huelga se vieron en el sector de transportes y ferroviarios quienes pudieron sostener altísimos niveles de acatamiento a la huelga reconductible en diciembre y enero, pagando el costo con los descuentos salariales y sufriendo el agotamiento de dicha medida aislada de otros sectores productivos. Las centrales sindicales de todo tipo y color apuestan a que cada lucha se procese de manera aislada pues su gran temor es que se avance sobre los cuestionamientos más profundos hacia el régimen en su conjunto.

Fortalezcamos la solidaridad desde abajo. Construyamos la unidad de todas las luchas.

Lo que vemos en cada acción de la que participamos es que a pesar de existir ciertas inercias también existe una gran potencialidad. Cada lucha por su parte recibe de alguna u otra manera cierto grado de apoyo de personas ajenas a la misma y la solidaridad entre los de abajo crece día a día. El ejemplo más destacado es la cantidad de gente que concurre a los jueves de manifestación en los hospitales. La masividad de la convocatoria realizada por el “Comité Adama” es también un ejemplo de esto mismo. Se necesita poner en pie una posición de verdadera independencia de clase para luchar contra Macron y enfrentar al sistema. Todas las luchas pueden confluir en una vía en común hacia un mismo resultado: la conclusión hacia el fin del sistema que nos oprime y la convicción de poder vivir de una manera distinta. Se necesita reagrupar en un partido clasista y anticapitalista en el que puedan confluir todas las luchas, sorteando la fragmentación de los reclamos sectoriales en acciones de conjunto para conquistar cada una de las reivindicaciones. Desde Socialismo o Barbarie ponemos nuestra militancia al servicio de estas tareas.

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