Por Johan Madriz

El documental Donde nace el olvido aborda los hechos, personajes y paisajes de la huelga de los obreros agrícolas de la comunidad cartaginesa de Juan Viñas en 1977 contra los abusos de la patronal de la Hacienda Juan Viñas, prácticamente única fuente de empleo en la zona y que en ese momento estaba a cargo de Manuel Jimenez de la Guardia.

En ese momento las trabajadoras y los trabajadores se agruparon en el sindicato Sitrajuvi, que inicialmente tuvo que actuar de forma clandestina, ante el gran poder de la patronal sobre la comunidad. Se elaboró un pliego petitorio que se le presentó al hacendado, el cual lo rechazó. Entre las solicitudes estaban un aumento de salario, transporte para las zonas alejadas, aguinaldo, vacaciones, pago de incapacidades, jubilaciones para las personas mayores de 60 años y la titulación de las viviendas. Todas peticiones “básicas” que estaban consagradas en el Código de Trabajo, pero como ha sido la tónica en el sector privado, este era irrespetado, configurando una dictadura patronal.

Cuentas de esto da Sancho Romano, uno de los dirigentes en ese momento, según él se trabajaba en “condiciones feudales, bárbaras, de semiesclavitud; un solo dueño, cinco mil hectáreas, un pueblo sometido, una municipalidad que hacia lo que él, Manuel Jimenez de la Guardia, quería. Las ciudadelas eran de él, el ingenio, el beneficio… eso le daba poder para que las cosas no se discutieran”.

Producto de esta lucha la Hacienda inició una campaña de miedo con persecución de las y los dirigentes sindicales, despidos masivos y destierros de la zona. Con intermediación del Ministerio de Trabajo se instruyó un proceso para la aceptación del sindicato que –fruto del terror de la patronal– fue rechazado. El conflicto continúa y el 1 de noviembre de 1977 varios sindicalistas iniciaron una huelga de hambre que para el día 18  obligaba a la patronal a aceptar las peticiones.

A continuación presentamos algunas impresiones de Fressy Camacho Quiros, productora del documental, tras la presentación del audiovisual en Juan Viñas, con la presencia de algunos y algunas de sus protagonistas, sus familias y la comunidad.

 

El domingo hubo una recepción muy cálida y sorpresiva porque, muy honestamente, no esperaba una convocatoria tan alta. Conozco a la población, a la comunidad, y en este tipo de espacios puede reinar más la apatía y aunque haya expectativa e interés, siempre históricamente ha ganado la apatía. Eso era lo que más temor me daba, el que la gente no llegara.

Ese temor lo tuve hasta cerca de las 2:30 pm cuando empezaron a llegar las primeras personas y vi que no eran de Juan Viñas y no las conocía. Venían de San Jose, Grecia, Paraíso, Turrialba. Todavía no podía procesar y entender cómo alguien estaba sacando su domingo para venir a ver el documental por el interés que le había generado el tema. Yo no dudo que la temática sea importante, solamente que no esperaba que para alguien ajeno a Juan Viñas lo fuera tanto.

Eso me empezó a generar un impacto fuerte y a eso se le sumó que empezó a llegar gente de la comunidad de todas las edades, de todos los estratos sociales, conocidos y desconocidos. Me conmovió profundamente ver a señores muy mayores, que incluso llegaron con su bordón, o niños que llegaron con mucho entusiasmo. Llegaron muchos niños, y en ellos veía como la inquietud de quién está con las ansias de ver algo que ha estado escuchando, que ha estado siendo tema en su familia, pero ante todo la magia que da el audiovisual. Iban con esa sonrisa de quien va al cine por primera vez y aunque no era cine, era un salón comunal, y no es película porque lo que yo hago es video, es una historia y es una historia de ellos porque era su propia historia.

Empecé a notar que era muy diversa la población. Estaban llegando muchos jóvenes que talvez conocía de vista y sabía que nunca se habían involucrado en ningún tipo de militancia, organizaciones ni comités, en nada, que realmente ellos nunca habían estado ligados a ningún movimiento social ni nada. Iban porque querían conocer sobre su identidad, así como yo me cuestioné de porqué Juan Viñas se llama así, porqué suceden ciertas cosas, porqué la tierra está en manos de una sola familia, porqué a pesar de que las personas trabajan todos los días duramente no tienen casa propia. Creo que esas mismas preguntas siempre se las hicieron ellos y talvez iban en busca de respuestas. No sé si se las habré dado con el documental, pero creo que talvez pudieron haber quedado con una sensación de fuerza, así como yo quede después de conocer a estos personajes que lucharon tan valientemente y eso creo que da pie para que ellos también puedan asumir sus luchas, las colectivas y las individuales.

Fue una convocatoria que superó mucho mis expectativas no solo numéricamente (se nos acabaron las sillas, no bahía donde colocar a la gente, todas las condiciones del lugar habían quedado cortas), sino también a nivel de la población tan diversa que llegaba y que llegaba de todas partes de Juan Viñas: familias, personas solas, amigos. Fue algo muy interesante.

El tiempo durante la proyección fue muy tenso para mí porque mi segundo temor era que se entendiera, que gustara, que la versión que estaba contando desde mi óptica fuera algo que ellos sintieran, también, como algo propio. Que no se aburrieran, que el ritmo no se cayera, y bueno había niños y había personas que académicamente solo tenían la escuela o el colegio. Era un público tan heterogéneo que podía ser difícil que sintieran alguna vinculación con lo que estaban viendo. Eso me daba mucho miedo y pase muy tensa durante toda la proyección.

 

Cuando termina, ya tenía un poco de referencia de cómo había sido porque la gente no se había ido, se mantuvo en sus asientos. En determinados momentos con alguna situación de algún personaje que podía ser como cómica o muy folclórica ellos se reían. Veían escenarios y paisajes que les han sido propios toda su vida aunque le “pertenecen” a una familia. Uno creció con ellos, emocionalmente uno se apropia de ellos. Esos paisajes que yo había tratado de retratar para que la gente de afuera conozca el Juan Viñas que yo conozco, que no es solamente caña y café. Cuando lo veían se conmovían.

Cuando veían personajes que también conocían respondían. Se veía que había una empatía. Cuando empezaron a conocer cosas duras, difíciles, como la perdida de las casas, personajes a los que se les desestabilizó el mundo a partir de la lucha, no de la lucha, sino más bien de las consecuencias que hubo a raíz de la lucha, cuando hubo pérdida de empleos y las injusticias. Se mostraron con indignación, se mostraron sorprendidos. Algunos no sabían de esto y les parecía sorprendente que en Juan Viñas sucedieran estas cosas. Porque a pesar de que toda su vida han vivido con el control y la casi nula posibilidad de crecer o ejercer en otra cosa, de soñar con otras cosas, a veces es difícil aceptar que situaciones tan fuertes hayan pasado y que puedan seguir pasando. Ellos reaccionaban ante lo que veían, entonces, por lo menos yo si estaba teniendo esas conclusiones: que si les estaba generando emociones, que es lo primero que uno como productor audiovisual espera que suceda con sus productos, que generen una emoción en la gente. No sabía a qué nivel, no sabía cuál iba a ser el resultado pero por lo menos las emociones estaban, cuáles no sabía todavía.

Cuando termina el documental me voy adelante para poder dar las gracias, porque soy yo la que estoy agradecida de que me dieran ese espacio y su tiempo, para poder compartirles algo que había creado y que lo había creado para ellos. Entonces empezaron a aplaudir muy fuertemente y de pie y por un largo rato. Creo que ahí comprendí que lo habían entendido todas las personas. Les había movilizado muchos sentimientos, les había, no sé si me puedo atrever a mencionarlo así, pero creo que les aportó a su vida como juanviñenses y que estaban agradecidos. Eso fue lo que pude concluir y sentir, y bueno me quebré porque realmente era algo inesperado, ni siquiera en mis mejores aspiraciones esperaba eso así.

Después de eso comenzó la gente a acercarse y decirme puntualmente lo que habían experimentado y lo que estaban pensando y mucho lo narraban desde la emotividad: que se les había puesto la piel de gallina, que habían llorado, que no habían podido evitar emocionarse, que el alma se les estrujó. Desde la emotividad ellos pudieron narrar el que la historia ya les era propia, siempre les ha sido propia, pero en este caso se dieron cuenta y lo asumieron como tal y eso creo que es lo más significativo que puede tener este proceso. Creo que aunque se presente en otros lados –en San Jose– nada va a poder sustituir esa primera proyección. Era mi objetivo primario que la comunidad de Juan Viñas tuviera un pedazo de historia a través de la imagen y que la memoria se pudiera recuperar, la memoria histórica, a partir de todos estos trocitos que están dispersos en el país y que creo son el simbolismo de lo que ocurre ya a gran escala. Juan Viñas es simplemente una muestra en pequeñito de lo que es el control y lo que es la posesión en pocas manos de la tierra, de lo que es el poder político y económico.

El documental también quiere ser una muestra de que las derrotas también sean de celebrar porque quiere decir que se luchó. Todos los días la gente de Juan Viñas lucha, talvez de una forma diferente a hace 42 años, pero lucha cuando tiene que levantarse todos los días para ir a trabajar a la Hacienda. Lucha contra circunstancias que les resultan difíciles todos los días y aun así le ponen la mejor cara a la vida. Estoy segura que la gente aunque tiene que hacer ese proceso de sonreír día con día, también se cuestiona cosas. Se cuestionan desde su cotidianeidad porqué las cosas son así y estoy segura que también todos los días buscan cómo salir de ciertas situaciones y cómo mejorar. Es más difícil hacerlo en Juan Viñas que en otros lados, hasta soñar es difícil, luchar es difícil, pero en Juan Viñas aún más.

Con el documental y con la historia de la lucha del 77 me parece que uno como juanviñense debe darse cuenta que tiene la fuerza y la valentía para poder hacer cosas. Además, la idea es que un poco se entienda lo que es la organización de los trabajadores, la organización social, la lucha social, el derecho a la reivindicación de mejores condiciones, el derecho a decir “las cosas no tienen por qué seguir siendo así”, el derecho a manifestarse, el derecho a cuestionarse. Eso es algo que no es del 77, es algo de todos los días, es algo del 2019 y seguirá siendo algo en el 2020.


Referencias

http://www.elpais.cr/2019/09/24/la-huelga-de-juan-vinas-resurge-del-olvido-oficial-un-libro-y-un-documental-recuerdan-historica-gesta/?fbclid=IwAR1IU6N2qhY_PxMg6I7_759ZoqCdz4YdvFmX-0mIkhjOzd9q2rTZA_pRvLY

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre