Milicianas antifascistas, la historia de las mujeres que combatieron en la Guerra Civil

Cuando estalló el golpe de Estado de 1936, miles de mujeres decidieron afrontar la sublevación desde el frente de batalla.

0
13

Articulo de sinpermiso

Cuando estalló el golpe de Estado de 1936, miles de mujeres decidieron afrontar la sublevación desde el frente de batalla. Ellas también participaron en las milicias populares y en el ejército republicano. Sentían que tenían que tomar partido. Contra el fascismo. Por la República. Sabían que si ganaban los sublevados perderían todos los derechos que habían logrado. No se trata de casos aislados sino de 3395 mujeres combatientes de las que se tienen registros que lucharon contra el fascismo durante la Guerra Civil.

Para recuperar la memoria de estas mujeres, el doctor en Historia Gonzalo Berger publica el libro Milicianas. La historia olvidada de las combatientes antifascistas, una obra que se aleja de los tintes academicistas y abraza la narrativa literaria para retratar la vida de estas mujeres antifascistas. Desde cuál era su afiliación política hasta qué fue de ellas después de la guerra. Esta investigación de Gonzalo Berger fue, de hecho, la base que utilizó Público en la publicación Combatientes.

“Son combatientes porque formaron parte del ejército independientemente de su función en él, exactamente igual que en el caso de los hombres, a quienes nunca se les pregunta sobre su función específica en el ejército, si combatieron o cargaban un mulo. Considero que son combatientes todas. Aun así, la gran mayoría de ellas empuñaron las armas”, explica Gonzalo Berger a Público.

 

Unidas contra el fascismo

Pepita Laguarda cogió el fusil sin dudarlo. Era catalana y militaba en la CNT. Tras la batalla de Barcelona, los heridos se contaban por centenas. Sintió que debía ayudar de alguna forma. Y así lo hizo. Tomó partido como voluntaria en un hospital para auxiliar a los heridos. Pero creía que podía contribuir en algo más, por lo que en agosto de 1936 se presentó voluntaria en el cuartel Bakunin. El 15 de agosto de 1936 partió hacia el frente de Aragón como miembro del Grupo 45 de la Quinta Centuria.

No fue sola. Con ella iba su pareja, Juan López Carvajal, un hombre que no tenía intención de marchar al frente. Pero finalmente lo hizo por el entusiasmo y la decisión que demostraba Pepita. “Si tú vas, yo voy contigo”, le dijo Juan. Él fue por ella en lugar de ella por él, como se suele pensar

En los cuarteles se presentaban voluntarios de diferentes partes de España. Muchos de ellos no tenían experiencia militar, tanto en el caso de las mujeres como en el de los hombres. Pero querían colaborar. “Tras el golpe de Estado, hay una respuesta por parte de la sociedad civil, hombres y mujeres salen a la calle al momento. Se trata de civiles que no reciben instrucción y marchan voluntariamente a los frentes. Es allí donde reciben formación, sin diferencia entre hombres y mujeres”, explica Berger

La historia de Pepita representa el espíritu de miles de mujeres que quisieron defender a los suyos. No podían quedarse en casa. Había que tomar partido. En las calles y en la prensa se instaba a la movilización en defensa de la República. Estos discursos solían excluir a las mujeres. No obstante, Milicianas. La historia olvidada de las combatientes antifascistas recupera el texto que Eloína Malasechevarría, dirigente de las Milicias Femeninas Antifascistas de Catalunya, publicó en el diario Treball. En este artículo se dirigía a las futuras combatientes de la siguiente manera: “Os necesitamos en la lucha que el Frente Popular ha entablado contra el monstruo del fascismo”. Además, recordaba que “si el fascismo triunfase, todas las conquistas femeninas serían echadas por tierra, pues bajo el yugo de la explotación masculina la mujer no es más que una esclava, una máquina de hacer hijos, un objeto más”.

Relegadas a la retaguardia

Durante el principio de la Guerra Civil miles de mujeres batallaron en primera línea antes de ser relegadas a la retaguardia en 1937. Libertad Ródenas, miliciana anarquista que había luchado por la libertad en los convulsos años 20, formó parte de la milicia que logró frenar el avance de los sublevados en Cataluña al principio de la guerra. Por ese entonces tenía ya 44 años, pero nada cesaba sus ganas de defender a los suyos. Después de resistir en Cataluña, marchó con la famosa columna Durruti hacia el frente de Aragón. A pesar de su colaboración con la causa, fue relegada a la retaguardia como el resto de las mujeres a partir de 1937. A partir de ese momento, se vinculó al grupo Mujeres Libres de Barcelona. Desde allí, siguió luchando por un cambio social revolucionario.

Desde el bando republicano se lanzó un discurso de desprestigio en contra de las milicianas para justificar el hecho de que las apartaran de la primera línea. Propagaron la idea de que la miliciana era una prostituta o una mujer sucia que había estado en contacto con los hombres en situaciones poco decorosas. A partir de la extensión de este rumor, se extendió el pensamiento de que las combatientes contagiaban enfermedades venéreas.

Después de la guerra

Tras la derrota del bando republicano, las milicianas sufrieron la más dura represión por haber portado las armas. Las que tuvieron la oportunidad se exiliaron a Francia o países latinoamericanos. Las demás fueron reprimidas, encarceladas o condenadas a pena de muerte.

Esto fue lo que le sucedió a la madrileña Julia Lázaro Echevarría tras combatir en defensa de la República. En septiembre de 1939 los fascistas la encarcelaron en los calabozos de Gobernación de la Puerta del Sol. Allí, la violaron nueve policías. Los sublevados la asesinaron en el cementerio del Este por su colaboración con la República.

Este tipo de represión es la punta del iceberg. Las milicianas se enfrentaban a un tipo de señalamiento constante que, si bien ya existía dentro del bando republicano, se intensificó duramente con la llegada de la dictadura franquista ya que el modelo de la mujer miliciana era antagónico respecto al modelo femenino impuesto por el nacionalcatolicismo. La represión también tenía forma de estigma social.

Por ello, muchas milicianas evitaban hablar con sus familias y amigos sobre su implicación en la guerra. Este es el caso de Teresa Duaygües, quien batalló en el frente de Baleares. Pocos miembros de su familia conocían su condición de miliciana, solo los más cercanos. No obstante, se ha podido recuperar su memoria gracias al diario de su hermana: “Papá tiene miedo por si se enteran de que Tere marchó al frente voluntaria”. Pero se enteraron. Un vecino quería denunciar a Teresa por su implicación en las milicias. Se exilió y solo pudo regresar a España en 1977. Sin embargo, apenas pudo vislumbrar la democracia. Murió al año siguiente.

Sumate a la discusión dejando un comentario:

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí