• Los orígenes clasistas y esclavistas de las fuerzas policiales de Estados Unidos. Una institución de existencia relativamente reciente con una nefasta historia.

Por Olivia B. Waxman

Sería sencillo pensar que el oficial de policía es una figura que ha existido desde el inicio de la civilización. Esta fue la idea expuesta en el anuncio del presidente John F. Kennedy sobre la designación de la semana del 15 de mayo como la “semana nacional de la policía”, en la que mencionó que los agentes de seguridad habían protegido a los americanos desde el nacimiento de la nación.

De hecho, la policía de los Estados Unidos es una invención relativamente moderna, desencadenada por los cambios en la noción de “orden público”, que fueron motivados por la economía y la política en turnos, de acuerdo a Gary Potter, historiador criminal de la EKU. (Eastern Kentucky University)

La vigilancia en la América colonial había sido muy informal, surgida de un sistema financiado de forma privada con fines de lucro que empleaba a la gente a medio tiempo. Las ciudades también dependían comúnmente de una “guardia nocturna”, en la que voluntarios se ofrecían, en un día y un horario determinados, mayormente para estar pendientes de los colonos que se involucraran en la prostitución y las apuestas. (Boston inició una en 1636, seguida por Nueva York en 1658 y Filadelfia creó una en 1700.) Pero el sistema no era muy eficiente porque los vigilantes usualmente dormían y bebían estando de guardia, y había gente que era puesta en las tareas de vigilancia como forma de castigo.

Los oficiales de la guardia nocturna eran dirigidos por otros agentes, pero eso tampoco era exactamente un trabajo muy pretendido. Los policías primitivos “no querían usar placas porque estos muchachos tenían mala reputación de por sí, y no querían ser identificados como gente que no le agradaba a otras personas”, dice Potter. Cuando las localidades probaban con el servicio obligatorio, “si eras lo suficientemente rico, le pagabas a alguien para hacerlo en tu lugar – irónicamente, a un criminal o a un matón de la comunidad”.

A medida que la nación crecía, sin embargo, las distintas regiones hacían uso de diferentes sistemas policiales.

En las ciudades, el aumento de la urbanización dejó al sistema de guardias nocturnas completamente inútil cuando las comunidades se hacían demasiado grandes. La primera fuerza policial organizada con financiamiento público y con oficiales en servicio a tiempo completo fue creada en Boston en 1838. Boston era un gran centro comercial naval, y las empresas habían estado contratando gente para proteger su propiedad y custodiar el transporte de bienes desde el puerto de Boston a otros lugares, según Potter. A estos comerciantes se les ocurrió una forma para ahorrar dinero transfiriendo a los ciudadanos el costo de sostener a la fuerza de policía, argumentando que era para el “bien común”.

En el sur, sin embargo, las economías que impulsaron la creación de fuerzas policiales no estaban centradas en la protección de las ganancias náuticas, sino en la preservación del sistema esclavista. Según Potter, algunas de las instituciones policiales primarias de allí eran las patrullas de esclavos dedicadas a perseguir a los fugitivos y prevenir las revueltas de esclavos. La primera patrulla de esclavos oficial había sido creada en la provincia de Carolina en 1704. Durante la guerra civil, la milicia se transformó en la principal forma de cuerpos de policía en el sur, pero durante la reconstrucción muchos alguaciles locales sirvieron de forma análoga a las anteriores patrullas de esclavos, imponiendo la segregación y la privación de derechos a los esclavos liberados.

En general, a lo largo del siglo XIX y más allá, la definición de orden público – ese que el oficial de policía estaba a cargo de mantener – dependía de a quién se lo preguntaras.

Por ejemplo, los empresarios de fines del siglo XIX tenían tanto conexiones con los políticos como una idea de la clase de personas con más probabilidades de hacer huelgas y alborotar a su mano de obra. Así que no es coincidencia que para fines de la década de 1880, todas las grandes ciudades de EUA tuvieran fuerzas de policía. El miedo a los organizadores de sindicatos y a las grandes olas migratorias de católicos, irlandeses, italianos, alemanes y europeos del este, que se veían y actuaban de forma distinta a la gente que había predominado en las ciudades anteriormente, impulsaron el llamado a la preservación de la ley y el orden, o al menos su versión promovida por los intereses dominantes. Por ejemplo, las personas que bebieran en cantinas en vez de en su hogar eran vistas como gente “peligrosa” por los demás, pero podrían haber señalado otros factores como que el vivir en una casa pequeña hace el beber en una taberna algo más atractivo. (Lo irónico de esta lógica, señala Potter, era que los empresarios que afirmaban esta creencia eran a menudo los mismos que se beneficiaban de la venta comercial de alcohol en lugares públicos).

Al mismo tiempo, la última etapa del siglo XIX fue la era de los aparatos políticos, entonces los capitanes y sargentos de policía de cada distrito eran con frecuencia elegidos por el partido político local que encabezaba en el área, que frecuentemente era dueño de las cantinas o manejaba las pandillas callejeras que intimidaban a los votantes. Luego ellos estaban autorizados para usar a la policía para hostigar a los oponentes de ese partido político en particular, o dar sobornos a los oficiales por hacer la vista gorda y permitir la bebida ilegal, el juego y la prostitución.

Esta situación fue exacerbada durante la ley seca, llevando al presidente Hoover a designar a la Comisión Wickersham en 1929 para investigar la ineficiencia de los agentes de seguridad a nivel nacional. Para hacer a la policía independiente de los partidos políticos líderes de las regiones, el mapa de las delegaciones de policía fue modificado de modo que no se correspondieran con los distritos electorales.

El camino para profesionalizar a la policía continuó, lo que significa que el concepto de carrera policial como lo reconocemos hoy tiene menos de un siglo de antigüedad.

A medida que avanzaba el siglo XX, se promovieron campañas aún más extensas por el profesionalismo policial, pero “La policía en América: Una introducción” del historiador criminal Samuel Walker, argumenta que el acercamiento al profesionalismo no era perfecto: ese movimiento, dice, promovió la creación de departamentos policiales que eran “encerrados en sí mismos” y “aislados del público”; y tácticas de control del crimen que terminaron exacerbando las tensiones entre la policía y las comunidades a las que ellos vigilaban. Y así, más de medio siglo después del anuncio de Kennedy de 1963, la mejora y la modernización de la sorpresivamente joven fuerza policial de América continúa al día de hoy.

Artículo aparecido en Time

Traducción: Joaquín Sur

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