• Las luchas por los derechos de la población negra y contra la intervención yanqui en Vietnam teñían la vida en los EEUU y en el mundo entero.

Por Ana Vázquez

La hoguera se extendió al mundo como reguero de pólvora. Esa es la profunda diferencia entre ser un país dependiente y uno dominante. Cuando un país hermano estalla, nos solidarizamos y acompañamos, fundamentalmente los que vivimos la misma dominación que ellos. Cuando la población sumergida del amo del Norte estalla, el mundo entero mira hacia allá. Y los explotados y oprimidos no sólo miramos, seguimos con atención los sucesos, sino que nos conmovemos, nuestras cabezas se convierten en una coctelera.

En los estallidos de los 60, 70, esa coctelera se expresó en las calles en una amplísima vanguardia de masas y organizaciones independientes y de izquierda que siguieron y acompañaron la lucha de la población negra, de las mujeres y de la juventud, fundamentalmente, contra la guerra de Vietnam. La derrota del ejército yanky el 30 de abril de 1975 la festejamos como un triunfo propio.

Así como acá el repudio social a la dictadura (cuando ya estaba en picada total) se expresaba en las canchas al grito de “Se va a acabar, se va a acabar… la dictadura militar”, en EEUU se trasladaba el clima social también en los torneos deportivos y en la producción artística y cultural.

Entre otros, en una disciplina violenta como el boxeo, hubo enfrentamientos que se convirtieron en un hecho político también. Así fueron los de los boxeadores negros Sonny Liston y Cassius Clay. En la primera contienda ganó Clay y la revancha se concretó el 25 de mayo de 1965. No se discutían sus virtudes para los golpes de puño, sino su ubicación en la lucha del pueblo negro que, aunque los dos la apoyaban, ahí ganaba Clay porque era un abanderado público y confeso de los derechos civiles y además se había negado a ir a combatir a Vietnam. Falta mortal para el Estado imperialista, que lo condenó a retirarle sus licencias para boxear y sus títulos logrados. No lo pudo meter preso porque era un campeón muy popular.

Después de su segundo triunfo, así homenajeó a su líder, asesinado hacía tres meses: “Las noticias del nuevo monarca [Clay] no cesaron, ya que al día siguiente dio a conocer un sorprendente anuncio: decidió que cambiaría su nombre a ‘Cassius X’; y días después reveló que tomaría el nombre de ‘Muhammad Ali’, conferido por el líder de la Nación del Islam, Elijah Muhammad. Dicho nombre significaba ‘El amado de Dios’, el cual eligió, según sus palabras, porque ‘Clay’ era un apellido de esclavo que él no había escogido.” (Wikipedia)

El tributo a la rebelión también se expresó en los Juegos Olímpicos de 1968, cuando dos atletas de la comunidad negra, Tommie Smith y John Carlos, agacharon la cabeza y levantaron un puño con guante negro mientras sonaba el himno nacional de EEUU, como símbolo del Black Power y contra el racismo en este país y en Sudáfrica; con ellos se solidarizó un competidor australiano. Por supuesto que los echaron a patadas de sus equipos y del torneo y cuando regresaron a su país fueron tratados como delincuentes y les costó encontrar un trabajo para poder subsistir.

Todas las categorías del arte expresaron el profundo movimiento social. Surgió el BAM (Black Arts Movement) entre los años 1965 y 1975, arraigado en el movimiento por los derechos civiles, el Black Power.

Todos símbolos de la “marea” que invadía la vida política, social y cotidiana.

Vanguardias heroicas y radicales que dieron pasos gigantes, pero quedaron otros pendientes
El devenir de los acontecimientos revolucionarios de los 60/70 en el corazón mismo del imperio más poderoso, descubrieron al mundo entero no sólo las profundas desigualdades de color, de género, de clase, que lo surcaban, sino también a heroicos/as protagonistas. Sus representantes fueron fieles a esas profundas ideas de igualdad, antirracistas, antibélicas, de defensa de los más débiles. Aquí también la población afrodescendiente jugó un importante rol. Si bien configuraban sólo un 2% en las filas de la oficialidad, sumaban un 12% entre las tropas de combate.

¡Se tomaron el atrevimiento de luchar contra una guerra de su propio imperio! Nunca visto con esa masividad y combatividad. Dieron su vida en las calles para que volvieran sus hermanos en el frente que peleaban en una contienda colonial, explotadora de una nación sumergida por la bota yanky!

Dieron todo, la generación contemporánea los apoyó y los idolatró. Ese profundo respeto se trasladó a través de las siguientes generaciones de luchadores y de la izquierda revolucionaria.

No sólo compartimos un ícono de oro, sino que luchamos por enriquecerlo
Compartiendo ese respeto profundo, antimperialista, de clase, revolucionario, también queremos humildemente marcar sus límites. Que fueron impuestos por las circunstancias históricas fundamentalmente, ya que los amos del mundo se lo repartieron para que quedáramos no sólo encerrados en sus fronteras, sino también en sus falsas ideologías.

Dirigentes como Martin Luther King y Malcom X, pertenecientes a cultos religiosos evangélicos ambos, en los hechos, no sólo en las palabras, rompieron por izquierda con los cánones establecidos porque eran auténticos representantes de su comunidad oprimida y respondieron a los signos de los tiempos. Con matices entre ellos, pero siempre defendiendo la lucha del pueblo negro. La discusión entre integración entre blancos y negro y la independencia negra total era dentro de las mismas filas. Nunca sucumbieron a las prebendas del Estado y sus instituciones. Más explícito en su diferenciación total al Partido Republicano y al Partido Demócrata Malcom X, con un tibio apoyo a los demócratas durante una etapa de Luther King, nunca se arrodillaron ante ellos, los pilares del bipartidismo burgués-imperialista del imperialismo yanqui.

Con esa medalla de alto valor en el pecho, construyeron y estuvieron al frente de movimientos masivos de lucha de la población de color. Malcom X fue referente del partido Panteras Negras. Ésta fue una organización nacionalista negra, socialista y revolucionaria entre 1966 y 1982, creada para la autodefensa del pueblo negro. No apostaron (o no lo lograron) a la formación de una organización independiente que preservara ese legado de alta calidad que ellos mismos habían vivido y construido, y que éste trascendiera hacia el futuro. El asesinato de los dos principales líderes a los 39 años fueron crímenes de Estado que cortaron las piernas a un posible desarrollo y maduración política posteriores. No sabemos cuál habría sido su devenir, pero sí estamos convencidos de los valores que demostraron en su corta vida.

Otros, como Angela Davis, integrante de las Panteras Negras, fueron parte del Partido Comunista, que se diluyó en el Partido Demócrata. Otros referentes también siguieron esa orientación. Otro dirigente como Stokely Carmichael decidió autoexiliarse en 1969 en Guinea. Hasta llegar a la presidencia de Barack Obama que, con el disfraz demócrata, demostró que el primer presidente negro no defendía los intereses de los negros, porque debajo del color de la piel, están los intereses de clase y él defendió muy bien los de la burguesía imperialista.

A la radicalidad más “furiosa”, sino se la acompaña con una organización independiente, revolucionaria, de clase, se topa con una pared. Con un muro que la detiene, con una niebla en los ojos que los empaña para que no vean más allá de sus narices y trasciendan en sus objetivos inmediatos. Objetivos inmediatos que la situación actual pone blanco sobre negro sin telarañas.

Las nuevas generaciones de la población negra, los jóvenes, las mujeres y los/as trabajadores yanquis seguramente nos darán muchas lecciones que aprender. De la misma forma, es de primer orden flamear nuestra bandera por los derechos de la población negra y sumergida de EEUU en nuestras tribunas y en las calles, como lo hemos hecho la semana pasada y lo seguiremos haciendo, invitando a que se sumen a nuevos compañeros/as. Avanzaremos, al mismo tiempo, desde nuestra corriente, para aportar a la construcción de una organización revolucionaria independiente para la pelea actual y las que se vienen, en EEUU y en el mundo.

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