No más discriminación laboral hacia las mujeres

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Con el sistema capitalista y patriarcal las condiciones de trabajo y de vida de las mujeres son brutales debido a que enfrentan opresión y explotación, así, las peores condiciones de trabajo y de vida recaen sobre ellas, entre ellas: la pobreza, desigualdad, desempleo, condiciones de precarización y poca inserción laboral.

En cuanto a la división sexual del trabajo, se puede sostener que aun en el país una gran cantidad de mujeres se dedican exclusivamente al trabajo doméstico y la crianza de las hijas y los hijos. Así, en el II Trimestre del 2021 solo el 47,6% de las mujeres están insertas en el ámbito laboral, lo que corresponde a 960 mil mujeres, fundamentalmente en el sector de comercio, servicios, salud y enseñanza, según datos del INEC .

Además, del total de personas que se encuentran en el empleo formal apenas el 38,4% son mujeres, y del 43,8% en empleo informal, 319 mil personas son mujeres, es decir, el 44,1%.  Tanto en el trabajo informal como formal, las mujeres mayormente tienen un título universitario, denotando que a nivel nacional las mujeres tienden a ser más profesionalizadas que los hombres, pero con menos oportunidades y condiciones laborales. 

El ingreso mensual por trabajo de las personas ocupadas se estimó en 463 mil colones en promedio, mientras que en el 2020 fue 482 mil colones, esta baja se explica por una disminución de los ingresos de las personas ocupadas debido a las medidas como reducción de jornada laboral tomadas por el gobierno para favorecer a los sectores empresariales y en detrimento de los sectores trabajadores y populares, lo que impacta con más fuerza a las mujeres de abajo. 

En cuanto al desempleo, el promedio general ronda el 18,1%, pero en las mujeres consta de un 24,6%, lo que equivale a 236 mil mujeres desempleadas. Esta situación genera índices altos de pobreza y desigualdad en las mujeres. En cuanto al subempleo, ronda el 15,4% en general y en las mujeres constan de un 18,3%, es decir, sufren mucho más la precarización laboral. 

La desigualdad medida a través del coeficiente de Gini, en el cual el cero es indicador de un estado de igualdad total y el uno, de total desigualdad, revela un aumento en el país. De acuerdo con datos del INEC, Costa Rica pasó de una puntuación de 0,413 en el 2000 a 0,519 en el 2020 y su evolución refleja que ha ocurrido un crecimiento de la desigualdad durante las últimas décadas.

Estos datos revelan que hay sectores de la población que están sufriendo altos índices de desigualdad. En este caso, afecta directamente a las mujeres, sector vulnerabilizado por su condición de género, la llamada “feminización de la pobreza”, la cual se profundiza con los miles de embarazos adolescentes que hay en el país. 

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Hogares efectuada en julio de 2020, el nivel de pobreza llegó a 26,2%, lo que equivale a 419.783 hogares pobres, lo que equivale a 1.529.255 personas en condición de pobreza, estimándose un aumento de 321.874 en el último año.

El ingreso promedio por hogar obtenido con la Enaho 2020 es de 891.934 colones mensuales, que representa una variación del -12,2% respecto al año anterior cuando se ubicó en 1.016.358 colones. En términos per cápita, el ingreso se estima en 326.483 colones mensuales, lo que representa una disminución de 13,2% en comparación con la estimación del año 2019 cuando se ubicó en 376.333 colones.

Entonces, gran cantidad de mujeres se encuentran en condiciones de pobreza por una serie de violaciones a sus derechos fundamentales en relación con la discriminación y desigualdad de género, producto del sistema patriarcal. Por eso, menos de la mitad acceden a la esfera productiva y el trabajo remunerado, pero las que logran acceder se ven afectadas por el trabajo informal, el subempleo y salarios miserables. 

Por otro lado, aun cuando la lucha feminista ha contribuido enormemente en el acceso a los derechos laborales de las mujeres, esta población mantiene una desventaja considerable para participar del ámbito laboral, así, las mujeres que logran insertarse tienden a realizarlo en condiciones desiguales y discriminatorias, en situaciones de acoso laboral y sexual, donde las mujeres son mayormente víctimas. Esta violencia es expresión del patriarcado en toda la cotidianidad, desde el mundo personal hasta el laboral. Todo esto revela las dinámicas de inequidades y discriminaciones que se dan en las relaciones de poder de un género sobre otro, en lo social, cultural, laboral y económico.

Por todo lo anterior, desde el Nuevo Partido Socialista (NPS) y Las Rojas proponemos las siguientes medidas para que los derechos fundamentales de las mujeres sean garantizados por el Estado: 

  • Eliminación de la feminización de la pobreza. Que las mujeres tengan prioridad en el combate contra la pobreza, a través del acceso a la educación, empleo, salud y vivienda.
  • Apoyo a las jefas de hogar. Que la generación de empleos y viviendas favorezca prioritariamente a las jefas de hogar.
  • Incorporación al ámbito laboral. Que las mujeres puedan acceder a un trabajo remunerado posibilitado por la socialización del trabajo doméstico y de cuidados.
  • No más discriminación por género. Que los patrones que realicen discriminación por género o acoso laboral y sexual sean castigados.
  • Contratación de mujeres. Que las empresas se vean obligadas a contratar a mujeres para las diferentes labores y con los mismos salarios por el mismo trabajo que realizan los hombres. 

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