El gobierno de Carlos Alvarado tomó la batuta de un ajuste brutal contra los de abajo. Con un carácter autoritario y desoyendo a las grandes mayorías, lleva adelante la agenda de los empresarios, banqueros y exportadores, para que seamos las y los trabajadores los que paguemos la crisis que no provocamos.

Al gobierno se le unen las cámaras patronales y los partidos políticos de todos los colores del espectro burgués que votan en la Asamblea Legislativa como una solo mano. La burguesía está avanzando para echar abajo todos los derechos que como clase trabajadora logramos conquistar en las calles. Se configura un país cada vez más neoliberal y menos social, esta es la promesa de Alvarado para el bicentenario: plan fiscal, aumento de impuestos al consumo (IVA), reducción del presupuesto público, fiesta del endeudamiento externo, congelamiento salarial, ataque a las pensiones, recortes al FEES, etc.

A contramano, los de arriba se recetan multimillonarias amnistías fiscales, flexibilizan las condiciones de los seguros sociales, aprueban la educación técnica y el teletrabajo. Todo bajo la cortina de humo de que hay que generar las condiciones para que los empresarios inviertan, generen empleos y se reactive la economía. Pero eso no es así, utilizan esos beneficios para continuar precarizando las condiciones laborales y aumentar sus ganancias.

Los y las trabajadoras del sector privado vivimos una dictadura de las patronales, donde los derechos laborales no pasan de la puerta de fábrica o la plantación. La imposibilidad de organizarnos sindicalmente asegura que los patronos decidan cuáles derechos cumplir, evitando las normas de seguridad e higiene, alargando las jornadas, no pagando horas extras e incumpliendo el pago del salario mínimo.

Las y los jóvenes estamos precarizados. Cada vez es más complicado terminar los estudios y acceder a la universidad, cada vez más estamos condenados a trabajos tipo Uber o Glovo para mantenernos y ayudar a nuestras familias. Las perspectivas de tener un empleo formal y estable, el acceso a vivienda, entre otras cosas, resultan cada vez menos probables.

Nuestros derechos como mujeres continúan siendo relegados a un segundo plano y utilizados como moneda de cambio para las negociaciones con los partidos evangélicos, la Iglesia católica y los sectores conservadores. Los planes de ajuste nos golpean a nosotras en primer lugar, sumiéndonos en la pobreza y el desempleo. La violencia, el acoso, el hostigamiento y los femicidios son cosa de todos los días y el gobierno no declara una emergencia nacional para combatirlo. Carlos Alvarado se niega a firmar la norma técnica que asegure la aplicación del aborto impune presionado por los antiderechos, quienes prefieren que muramos en la clandestinidad.

Los grandes empresarios agroexportadores envenenan los ríos y las tierras donde realizan sus negocios al costo de un desastre ambiental gigantesco. Asimismo, nos explotan a las y los trabajadores bajo condiciones de trabajado paupérrimas. El uso de agrotóxicos es desmedido y, el gobierno en lugar de controlarlo, aligera los requerimientos para su utilización. Los parques nacionales están desprotegidos a merced del narcotráfico y la caza ilegal; además se intenta revivir la pesca de arrastre y la minería.

El Frente Amplio (FA), que en algún momento despertó simpatías como una opción de izquierda, traicionó las banderas de la independencia de clase y se sumó –con Patricia Mora– al gobierno más neoliberal y anti-obrera en décadas. Su accionar, marcado por la adaptación a la institucionalidad y el carácter electoralista, desorientan a los sectores que lo referencian ayudando a sostener la gobernabilidad y siendo un dique para la ruptura con el gobierno. Debido a esta política colaboracionista de la cúpula del FA con el gobierno de Alvarado, es absurdo considerar a este partido como de izquierda, aunque en sus filas aún militan compañeros y compañeras de izquierda con quienes compartimos luchas y a quienes exhortamos a romper con esa organización.

La clase trabajadora no tiene una alternativa política que represente sus intereses y es por eso que el Nuevo Partido Socialista (NPS) se plantea la construcción de un proyecto que ponga en la palestra las reivindicaciones de los de abajo.

Planteamos una opción socialista y anticapitalista porque el capitalismo no va más, es un sistema que no tiene perspectiva y solo ofrece explotación y opresión. Una opción feminista porque el patriarcado no se aguanta más, las mujeres estamos hartas de la violencia, la desigualdad y de que decidan sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos. Asimismo una opción ecologista porque la depredación capitalista condena el planeta al desastre por un modelo productivo que tiene como objetivo la producción por sí misma, de forma irracional y no sustentable, en beneficio de una minoría.

Presentamos una propuesta política de izquierda clasista que abogue por los intereses y reivindicaciones de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud. Ya comenzamos el proceso de inscripción electoral para las elecciones nacionales del 2022 en San José, Cartago y Heredia como un paso para, en el mediano plazo, constituirnos a nivel nacional y llevar la voz de los de abajo a la política nacional. Por eso te invitamos a sumarte a desarrollar este proyecto, colaborando en las asambleas cantonales de tu lugar de residencia, participando en las actividades, foros, grupos de estudio y, por supuesto en las calles, en marchas y manifestaciones.

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