• 21 de marzo Día Internacional de la Poesía. Cuatro poemas de Jorge Debravo.

Este sitio de angustia

Uno quisiera siempre tener su mano amiga,

su buen pan compañero, su dulce café, su

amigo inseparable para cada momento.

Quisiera no encontrar un solo fruto amargo,

una casa sangrando, un niño abandonado,

un anciano caído debajo del fracaso.

 

Pero a veces los días se ponen grises,

nos miran con miradas enemigas,

y se ríen de nosotros,

se burlan de nosotros,

nos enseñan cadáveres de jornaleros tristes,

de muchachas vencidas, de niños sin tinero.

Se mira uno las uñas, como haciéndose viejo,

encoge las rodillas para no perecer,

y nada, nada bueno agita las campanas,

nada bueno florece en los hombros del mundo.

 

Entonces es que uno llama al apio y le dice,

llama al rábano amargo y le dice también

que esta corteza de hombre debe ser un castigo,

un paisaje maldito donde el hombre no quiere,

no soporta vivir porque le sorben sangre,

porque le chupan sangre hasta dejarlo ciego.

 

Nosotros los hombres

Vengo a buscarte, hermano, porque traigo el poema,

que es traer el mundo a las espaldas.

 

Soy como un perro que ruge a solas, ladra

a las fieras del odio y de la angustia,

echa a rodar la vida en mitad de la noche.

 

Traigo sueños, tristezas, alegrías, mansedumbres,

democracias quebradas como cántaros,

religiones mohosas hasta el alma,

rebeliones en germen echando lenguas de humo,

árboles que no tienen

suficientes resinas amorosas.

 

Estamos sin amor, hermano mío,

y esto es como estar ciegos en mitad de la tierra.

 

Nocturno sin patria

Yo no quiero un cuchillo en manos de la patria.

Ni un cuchillo ni un rifle para nadie:

la tierra es para todos,

como el aire.

 

Me gustaría tener manos enormes,

violentas y salvajes,

para arrancar fronteras una a una

y dejar de frontera solo el aire.

 

Que nadie tenga tierra

como tiene traje:

que todos tengan tierra

como tienen el aire.

 

Cogería las guerras de la punta

y no dejaría una en el paisaje

y abriría la tierra para todos

como si fuera el aire…

 

Que el aire no es de nadie, nadie, nadie…

Y todos tienen su parcela de aire.

 

Este es mi amor

Este es mi amor, hermanos, este esfuerzo

denso, maduro, alto,

estos dedos agónicos y este

manojo de entusiasmo.

 

Yo no os amo dormidos:

Yo os amo combatiendo y trabajando,

haciendo hachas deicidas,

libertando.

 

Amo lo que de dioses se os revela

ante el miedo y el látigo,

lo que suda, viviente y guerrillero,

en el fondo del hueso americano,

lo que es amor no siendo más que carne,

lo que es lucha no siendo más que paso,

lo que es fuego no siendo más que grito,

lo que es hombre no siendo más que árbol.

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