• Se estrenó “Francesco”. En el documental, el Papa adelanta la nueva postura de la iglesia frente a la comunidad LGTBI. Contradicciones de una iglesia que se aggiorna para no hundirse.

Leonardo Palermo

En el día de hoy, en Roma, se estrenó “Francesco”; un nuevo intento de lavado de cara a una herramienta de opresión que tiene 2000 años antigüedad. Al igual que su antecesora “Los dos Papas” de Netflix, nos cuenta la historia de un Papa Francisco imaginario que se rebela contra las viejas doctrinas de la iglesia. En el film, Bergoglio afirma respaldar la unión civil entre personas del mismo sexo. De esta forma busca posicionarse como aliado del movimiento LGTBI.

Sin embargo, estas afirmaciones del Francisco imaginario contrastan mucho con declaraciones del Jorge Bergoglio real. La persona detrás de la máscara hace no mucho tiempo atrás llegó a afirmar que la manifestación de la homosexualidad en la infancia se podía tratar con psiquiatría (sic). Declaraciones que luego debieron ser rectificadas por el Vaticano. Pero aún yendo más atrás en el tiempo, Bergoglio fue uno de los más acérrimos opositores del matrimonio igualitario en la Argentina, sancionado en 2010.

Un nuevo Éxodo

Al igual que en el relato bíblico protagonizado por Moíses, parece que los cristianos ya no se sienten cómodos en su lugar actual y masivamente eligen el camino del exilio. Se calcula que cerca de 300.000 creyentes apostatan (se desafilian) de la iglesia católica cada año.

En nuestro país, según una encuesta realizada por investigadores del Conicet, la iglesia católica ha ido perdiendo numerosos ‘feligreses’ entre 2008 y 2019. Aún así, sigue conservando una mayoría cada vez más endeble. Los ‘destinos preferidos’ para los ex-católicos son la iglesia Evangélica y el ateísmo.

En este contexto, solo se puede caracterizar a estas nuevas incursiones del Vaticano en la prensa hollywoodense como una burda operación mediática. El ingreso de la iglesia católica desde hace años en una espiral de crisis que incluyen casos de encubrimiento de abusadores, malversación de fondos, corrupción política, etc. han llevado a la toma de nuevos rumbos.

Rumbos que por supuesto no incluyen cambiar la realidad de la iglesia, pero si las estrategias de marketing. Porque aunque el viejo rancio se vista con la bandera LGTTBI, viejo rancio se queda.

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